Los empresarios defienden lo que los perjudica

Los empresarios defienden lo que los perjudica

La última encuesta de Vistage a dueños y CEOs muestra el alma dividida del mundo empresarial. El 52% considera que la economía empeoró, pero el 54% espera que mejore en los próximos doce meses. La rentabilidad no acompaña, la inversión pierde impulso y el empleo aparece más como una estructura a conservar que como una variable de expansión. La conclusión política es contundente: siguen esperando que los salve el mismo modelo que achica sus mercados.  

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Alfredo Zaiat

El mundo empresarial está sumergido en un conflicto existencial imposible de superar. La mayoría de sus integrantes son, con mayor o menor intensidad, partidarios de los lineamientos generales del gobierno de Milei. Desde hace unos meses dejó de gustarles el estilo libertario vulgar, violento y con varias sospechas de corrupción, y desearían que el próximo presidente sea otro u otra con la misma orientación política y alineamiento geopolítico externo con Estados Unidos. 

 

Mientras tanto, durante esta espera, van lidiando con un panorama económico general que está exprimiendo sus cuentas. El conflicto existencial irrumpe cuando esta orientación política e ideológica va destruyendo, a ritmo sostenido y sin pausa, cada uno de los mercados en los que desarrollan su actividad y, por lo tanto, diluye el capital invertido en sus negocios. 

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Algunos empresarios han reducido la dimensión de sus activos vinculados a su actividad; otros han desviado una parte del negocio a la informalidad para compensar las pérdidas generadas por el giro formal; no pocos han decidido abandonar el comercio o la fábrica; unos pocos todavía sobreviven apostando a la importación; y una privilegiada minoría puede apropiarse de los beneficios de una economía de enclave y atender el consumo de los grupos sociales de ingresos medios-altos y altos.

La disociación entre las convicciones ideológicas y los intereses materiales puede descubrirse en la última encuesta Vistage. Este relevamiento es un insumo importante en el mundo de los negocios porque analiza de manera específica la percepción presente y proyectada de los más importantes empresarios del país.

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Vistage es una firma que comenzó a operar en Estados Unidos en 1957 y hoy tiene presencia en 40 países y cuenta con más de 47.000 miembros en todo el mundo. En Argentina, funciona desde el año 2000 y actualmente cuenta con más de 2700 empresarios de todo el país. Vistage Argentina difundió los resultados del Índice de Confianza Empresaria del primer trimestre (Q1) de 2026. En esta edición participaron 375 empresarios, CEOs, gerentes generales y dueños de empresas.

Los resultados exhiben el desencanto del presente y las expectativas de mejoras en la situación económica. El Índice de Confianza Empresaria Vistage alcanzó los 89 puntos en el primer trimestre de este año, lo que representa una baja de 24 puntos en comparación con los 113 puntos registrados en el cuarto trimestre de 2025.

“Los resultados del índice Q1 2026 reflejan un escenario de mayor prudencia por parte del empresariado argentino, luego de un cierre de año con expectativas más altas. De todas maneras, frente a este panorama, la mitad de los líderes encuestados apuesta por sostener su nivel de actividad, mantener sus precios y conservar sus estructuras de personal actuales para los próximos doce meses. En este marco, el hecho de que el 54% de los directivos mantenga la expectativa de que las condiciones económicas del país van a mejorar a mediano plazo demuestra que los líderes empresarios buscan estar listos cuando el mercado vuelva a expandirse”, sostiene Guadalupe San Martín, CEO de Vistage Argentina.

 

El derrumbe del Índice de Confianza de Vistage, de 113 a 89 puntos en apenas un trimestre, no parece expresar un cambio de humor pasajero, sino un reconocimiento incipiente de que el modelo económico de Milei perfora la base de sus negocios.

 

El pulgar para abajo ahora y con esperanzas de subirlo

El Índice de Confianza Vistage nació en EE.UU. en el primer trimestre de 2003 y se posicionó como uno de los principales informes generales sobre las proyecciones de CEOs y líderes de pequeñas y medianas empresas en ese país. En Argentina, se comenzó a realizar en el 2006 y, desde entonces, Vistage consulta trimestralmente a los altos ejecutivos para conocer sus proyecciones y confianza en los negocios.

El saldo general, de los principales indicadores, muestra que el porcentaje de empresarios que considera que la economía mejoró en el último año registró una baja de 24 puntos porcentuales en comparación con el trimestre anterior. Quienes creen que la rentabilidad de las empresas se mantendrá igual en los próximos meses registró una suba de 1 punto en comparación con el trimestre anterior. 

A la vez, aquellos que creen que la inversión en activos fijos aumentará mostró una baja de 15 puntos porcentuales en comparación con el trimestre anterior. Para el universo empresarial encuestado, la percepción de empeoramiento de la economía respecto de un año atrás aumentó 26 puntos porcentuales en relación con el trimestre anterior.  Además, la estimación de que el volumen de unidades vendidas en las empresas para los próximos 12 meses se mantendrá igual registró una suba de 6 puntos en comparación al trimestre anterior. 

El alma dividida del mundo empresarial

La encuesta también ofrece indicadores desagregados que reflejan el conflicto existencial mencionado. Consultados sobre el desempeño de la economía en el último año, el 16% de los empresarios considera que mejoró, mientras que el 32% señala que se mantuvo igual y el 52% opina que empeoró. Las perspectivas de cara al futuro muestran un mayor optimismo: el 54% estima que la economía estará mejor en los próximos 12 meses, un 32% cree que seguirá igual y el 14% restante teme que empeore. En cuanto a la rentabilidad, el 18% de los empresarios cree que aumentará en el próximo año, mientras que el 38% espera que disminuya y el 44% restante prevé que se mantendrá igual. Otras proyecciones evaluadas por Vistage Argentina indican que:

El 48% de los encuestados confía en que su volumen de unidades vendidas aumentará, el 34% proyecta que se mantendrá estable y el 18% cree que disminuirá.El 53% prevé un incremento en sus ingresos por ventas, el 32% estima que se mantendrá sin cambios y el 15% proyecta una baja.El 29% de los empresarios estima que aumentará su inversión en activos fijos para los próximos doce meses, el 51% indica que se mantendrá y el 20% cree que disminuirá.El 27% planea incrementar su plantilla de empleados, un 52% espera mantenerla igual y el 21% prevé una reducción.El 48% considera que los precios de los productos/servicios que comercializa se mantendrán, el 36% estima que aumentarán y el 16% que disminuirán.

El relevamiento también incorpora las proyecciones macroeconómicas del mundo empresario. Para 2026, los líderes encuestados estiman una inflación anual del 34%, 9 puntos porcentuales más que en la encuesta anterior. A la vez, calculan que el tipo de cambio oficial se ubicará en 1.617 pesos el 31 de diciembre de 2026, 185 pesos menos que en el Índice de Confianza Empresaria del último trimestre de 2025. 

La combinación de estos dos datos es significativa: prevén más inflación, pero un dólar oficial más bajo que el esperado tres meses antes. Esa diferencia expresa la confianza en que el Gobierno seguirá usando el tipo de cambio como ancla, aun cuando esa estrategia agrava el deterioro de la competitividad y de los márgenes de buena parte del entramado productivo. 

 

La pregunta de fondo es por qué, pese a esa evidencia, buena parte del mundo empresario sigue apostando a proyectos políticos que deterioran la base material de sus propios negocios.

 

Solo queda el salvavidas de la esperanza

Los datos de Vistage muestran que el optimismo empresario quedó apoyado en una expectativa más que en la evolución cotidiana de sus negocios. La fotografía del presente es nítida: la economía empeoró para la mayoría, la rentabilidad no acompaña, la inversión en activos fijos pierde impulso y el empleo aparece más como una estructura a conservar que como una variable de expansión. Aun en el plano macroeconómico, la expectativa empresaria descansa en una apuesta frágil: más inflación, menos dólar esperado y la continuidad de un ancla cambiaria que ordena financieramente, pero castiga la actividad. 

El derrumbe del Índice de Confianza, de 113 a 89 puntos en apenas un trimestre, no parece expresar un cambio de humor pasajero, sino un reconocimiento incipiente de que el modelo económico perfora la base de los negocios. La clave está en la distancia entre la evaluación del presente y la promesa del futuro. Esa brecha resume el alma dividida del empresariado. 

No hay una lectura expansiva de la actividad, sino una estrategia de espera. Mantener planteles, sostener precios, postergar inversiones o apenas conservar unidades vendidas son decisiones defensivas. No describen un ciclo de acumulación, sino la administración de una economía que achica mercados, encarece costos financieros, comprime salarios y transforma la demanda interna en una variable de ajuste.

Defienden intereses y valores que los perjudican

La pregunta de fondo es por qué, pese a esa evidencia, buena parte del mundo empresario sigue apostando a proyectos políticos que deterioran la base material de sus propios negocios.

Muchos se identifican con el discurso de orden, baja de impuestos, disciplinamiento laboral, apertura comercial y alineamiento con Estados Unidos más que con las condiciones concretas que permiten vender, invertir y ganar dinero en el mercado interno. Prefieren sentirse parte de una élite ganadora antes que reconocer que, para la mayoría, el programa económico liberal-libertario los ubica del lado de los perdedores.

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Otra respuesta es estructural. El poder económico concentrado sí puede capturar los beneficios de este modelo: renta financiera, energía, minería, agroexportación, importaciones, negocios regulados o consumo de altos ingresos. Esa minoría funciona como faro ideológico para el resto del empresariado, aunque sus intereses no sean los mismos. 

El pequeño y mediano empresario, el comerciante, el industrial que dependen del salario, del crédito y de la demanda local, termina defendiendo una orientación económica diseñada para otros. 

De este modo se vuelve visible la tragedia del empresariado que no forma parte del núcleo concentrado: respalda políticamente un programa que promete bonanzas que no son para él, mientras en la práctica desarticula los mercados necesarios para expandir sus actividades. Así arrastra su conflicto existencial que, en esta cuarta versión liberal de destrucción del mercado y del consumo interno, sumerge al país en un estancamiento secular con elevados costos sociolaborales para las mayorías.

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