Macri no define si pelear en Capital o en los comicios nacionales.
Sólo en una pesadilla se podría tener una idea de lo que sería un país gobernado por Mauricio Macri si, en un eventual ballottage frente al candidato oficialista, sea Cristina o quien emerja de las internas abiertas, lograra imponerse como presidente.
Tal vez él mismo haya tomado conciencia del asunto y quizá a eso se deba la estrategia de -ahora- ganar tiempo y patear su decisión de ir por la nacional o buscar su reelección en mayo o junio. Porque su postulación con chances de ganar el derecho a ocupar el sillón de Rivadavia dependerá de la estructura nacional que le pueda prestar el Peronismo Federal y sus aliados, de la mano de Eduardo Duhalde. El ex presidente por ahora persiste en la carrera confiado en el prometido apoyo que pueda darle el Gran Diario de los Argentinos, aunque esa posibilidad es efímera ya que depende de la intención de voto que, hoy por hoy, es casi nula. Pero suponiendo que lo lograra -recuerde el lector que se trata de una pesadilla-, Macri debería gobernar con aliados como los Rodríguez Saá o Ramón Puerta y el propio Duhalde desde las sombras. O con un cómico neoliberal (Miguel del Sel), cuyo único mérito es ser santafesino, famoso y de probada eficacia para los chistes verdes.
Si Macri se impusiera en una segunda vuelta, deberíamos esperar (porque para muestra alcanza con su gestión en la Ciudad) que se multiplicaran las iniciativas marketineras como las decenas de kilómetros de bicisendas que nadie usa porque terminaron siendo un laberinto de senderos borgeanos; que la policía local o nacional se ocupara principalmente de espiar y escuchar teléfonos y de reprimir a inmigrantes; de gobernar con presupuestos altísimos pero de ejecución más que lenta; de reprimir a los estudiantes de escuelas públicas privilegiando los recursos para la educación privada; de aplicar una política cultural volcada al espectáculo eurocéntrico, con lavados de cara del Colón y acusaciones de mafiosos a los trabajadores que osen protestar; con una economía nacional basada en la concepción de que un país se maneja como una empresa y, por lo tanto, eliminaría los subsidios al transporte público, volvería a privatizar la aerolínea nacional y tal vez daría nuevos bríos a negocios antipopulares como las AFJP.
Pero como en toda pesadilla, del sueño se sale y la realidad manda. La verdad, es que MM desarmó el mecanismo con amenaza de anticipar las elecciones de la Ciudad porque su tropa teme que los porteños que en 2007 lo avalaron no sean tantos como entonces. Pero claro, ése es el otro sueño malhadado, una pesadilla de color amarillo rabioso.



Comentá la nota