Las cartas parece que están echadas. El próximo presidente de la Argentina será Daniel Scioli o Mauricio Macri, lo que indica que se viene una elección marcadamente polarizada entre el gobernador bonaerense y el jefe de gobierno porteño.
Una lectura superficial indicaría que la contienda enfrentará a quienes están favor de que todo siga igual en la Argentina y a quienes quieren un cambio total. Pero, en política, no todo es blanco y negro. De hecho, tanto Macri como Scioli tienen marcadas similitudes, que hasta se manifiestan en las formas. Por ejemplo, ninguno de los principales candidatos presidenciales ha presentado un plan económico. Peor aún, ni siquiera han dado a conocer lineamientos básicos respecto a qué pretenden hacer para sacar al país del estancamiento, lo que hubiese permitido dar un marco de mayor certidumbre en un contexto de fuerte nerviosismo.
Ante este panorama, los mercados vienen reaccionando de la peor manera y sus operadores hacen sus propias especulaciones. Por ejemplo, dan como un hecho de que, después de las elecciones, la devaluación de peso es una medida que se cae de maduro. Pero tanto Scioli como Macri nada dicen al respecto.
El gobernador bonaerense, en los últimos días, se dedicó a reafirmar su kirchnerismo, dando señales que hasta rozan la obsecuencia con CFK. La decisión de Scioli, de aceptar las imposiciones de Cristina Kirchner, no fue gratuita. Por ejemplo, esta semana se disparó el dólar blue, en una clara señal de que los ahorristas y los inversores buscan hacerse de divisa extranjera para preservar sus activos antes los nubarrones que se avecinan en el plano económico.
Los actores que son determinantes de la actividad económica recibieron con mucha preocupación la conformación de las listas del oficialismo que competirán en las Paso, con una mayoría de cargos asignados a La Cámpora y a otros referentes del ultrakirchnerismo, incluyendo varios de los actuales funcionarios acusados por graves hechos de corrupción.
Lejos de buscar aquietar las aguas, desde el momento en que fue confirmando como candidato “único” del Frente para la Victoria, Scioli sólo busca enviar señales de “lealtad” al universo K. Por eso el pasado lunes, un día después de su polémica visita al programa ultraoficialista “6, 7, 8”, mantuvo un encuentro con el entrerriano Sergio Urribarri. Se trata uno de los gobernadores más obsecuentes a Cristina Kirchner, que intentó competir en las primarias como precandidato a presidente pero que no tardó en dar un paso al costado dado que prácticamente es un desconocido afuera de su provincia.
Resulta evidente que el oficialismo, por lo menos en esta etapa, busca mantener y extender el llamado sufragio clientelar. Es decir, el apoyo que recibe de los sectores sociales que dependen de los planes sociales como así también de los miles y miles de ñoquis nombrados en el Estado por el gobierno K, en los últimos años, como forma de maquillar la desocupación real, obtener el voto fácil y financiar las estructuras de militancia rentadas.
A medida que avance por este camino, al gobernador bonaerense se le hará muy difícil captar el voto independiente. Es decir, el respaldo que tenía de algunos sectores que, siendo críticos del gobierno K, veían en el mandatario provincial una opción moderada que garantizaba cambios no traumáticos, pero cambios al fin. Esta opción, al menos por el momento, parece estar descartada. El problema para el gobernador es que en un final cabeza a cabeza como el que se avecina es muy probable que necesite el voto que está ahuyentando.
Ahora bien, la oposición tampoco parece estar a la altura de las circunstancias. Tal como lo viene informando Hoy, Macri está siguiendo la estrategia del avestruz. Es decir, oculta la cabeza ante los temas económicos y políticos más espinosos, evitando dar definiciones.
Cuando se está en la recta final de cara las elecciones, aún no se saben cuáles serán los lineamientos básicos del plan que piensa instrumentar Macri en caso de llegar a la Presidencia. Es más, es muy probable que ni siquiera tenga un borrador de un programa de gobierno. Por eso nada dice de lo que piensa hacer con el cepo cambiario, como así tampoco cómo piensa bajar la inflación ni cómo reinsertar a la Argentina en el mercado de capitales, en momentos en que el Estado argentino se está endeudando a tasas exorbitantes del 30%. En ese sentido, sus declaraciones ante estos temas son extremadamente vagas y ni siquiera tiene definido quien o quienes serán sus referentes económicos que ocuparán los cargos claves en el Palacio de Hacienda.
El macrismo, asimismo, también presenta una alarmante falta de propuestas respecto a la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 40% PBI nacional. La Provincia atraviesa problemas estructurales, en el plano social y económico, que condicionan cualquier proyecto del país. Y lo único que se ve de María Eugenia Vidal, la candidata a gobernadora de Cambiemos, son recorridas que hace por algunos barrios del Conurbano, pronunciando frases políticamente correctas y sacándose fotos con algunos pocos vecinos.
Fue tan poco serio la forma en la que se armó el frente electoral opositor, que el candidato a vicegobernador cambió tres veces en menos de 48 horas: empezó siendo el legislador porteño Cristian Ritondo, luego se le pasó la posta al intendente de Chascomús Juan Gobbi y finalmente se lo puso a dedo al ignoto ex diputado radical Daniel Salvador. Para colmo, Vidal y su compañero de fórmula ni siquiera se conocían previamente: se vieron por primera vez cuando se anunció la fórmula, un día antes de que venciera el plazo para la presentación de candidaturas.
Si bien la carrera para llegar al sillón de Rivadavia entre Scioli y Macri será cabeza a cabeza, el final sigue abierto y ambos contendientes aún tienen mucho por demostrar.








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