Los egipcios se rebelan y acorralan a Mubarak

Los militares encabezan el nuevo gobierno, que volvió a reprimir y la violencia dejó ayer 33 muertos. Es la semana más sangrienta de la historia del país. Ya hay más de un centenar de víctimas fatales.
En pie de guerra. A pesar del toque de queda, las calles de Egipto se llenaron de manifestantes que desafiaron a la Policía y al Ejército para exigir el fin del gobierno de Mubarak, que designó a su nuevo gabinete y recibió señales de respaldo del mundo árabe y amenazas de Obama.

Aunque el presidente Hosni Mubarak nombró ayer un nuevo gabinete, encabezado por los generales Omar Suleiman y Ahmed Shafik, la violencia en las calles continuó durante todo el sábado, dejando como saldo 33 muertos más, totalizando 102 las víctimas fatales registradas desde el martes. La iniciativa del gobierno dictatorial no disuadió las protestas callejeras, que prosiguieron por quinto día consecutivo, acompañadas por una dura represión, incendios y saqueos en las principales ciudades del país.

“Juro preservar el régimen democrático republicano y la Constitución, los intereses del pueblo, la estabilidad de la patria y la integridad territorial”, afirmó Suleiman, el primer vicepresidente que tiene el país desde 1981. El jefe de los poderosos servicios secretos de Mubarak se transformó de esta forma en un hombre clave en la sucesión presidencial, imponiéndose a Gamal, el hijo del dictador que había sido mencionado como su virtual sucesor.

Sin embargo, desde la oposición consideraron insuficientes los nombramientos de Mubarak y volvieron a reclamar su renuncia. Postulándose al frente de un movimiento político laico y plural, el ex responsable de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) y Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, criticó el nuevo gabinete y convocó a una intifada hasta derrocar al jefe de Estado. En tanto, los Hermanos Musulmanes, la poderosa agrupación islámica enemiga del presidente, manifestó su satisfacción por el cambio de gabinete. “Auspiciamos que estos nombramientos sean el preludio para que las reivindicaciones populares sean atendidas y, ante todo, la exigencia de que Mubarak se vaya”, aseveró Mohammed Habid, dirigente del movimiento que cosechó el 20% de los escaños parlamentarios en 2005 y se transformó en la principal fuerza opositora.

Enardecidos por la enorme cantidad de muertos, los manifestantes volvieron a desafiar el toque de queda impuesto por las autoridades y poblaron las calles de las principales ciudades del país. Luego de un intenso enfrentamiento entre policías apostados en el Ministerio del Interior y civiles desarmados, los militares se hicieron cargo de la seguridad de las calles, apoyados por tanques y medios blindados. A pesar de haber sido instruidos para desalojar las calles de manifestantes, los militares no reprimieron a la multitud de jóvenes y enviaron una señal alarmante para Mubarak, al dejar claro que no todo el ámbito castrense apoya al dictador. En una escena festejada por los jóvenes manifestantes, un oficial del Ejército tomó un megáfono en las calles de El Cairo y disparó contra el gobierno: “El Ejército está con vosotros para derrocar a Mubarak. Todo Egipto está unido”. En otra señal del creciente fortalecimiento de la revuelta, se multiplicaron las escenas de fraternidad entre militares y civiles, que se acercaban y se subían a los tanques, pidiéndoles a sus ocupantes que se unieran a la protesta.

Sin embargo, el número de muertos continuó subiendo, al difundir el canal Al Jazeera que 95 personas habían perdido la vida desde que estalló el conflicto. A ese número, se sumaron ayer 12 muertos en Beni Suef, a unos 120 kilómetros al sur de la capital egipcia, por lo menos 31 víctimas fatales en Alejandría y un joven asesinado por un francotirador en El Cairo. Ante la ausencia de fuerzas de seguridad en los barrios más alejados del centro de la capital, una oleada de robos y saqueos en las zonas residenciales y los barrios más exclusivos de El Cairo alarmó a la población, que formó milicias civiles para defender sus hogares.

En Guiza, una ciudad turística, donde se encuentran las pirámides de Keops, Kefren y Micerino y la Esfinge, los principales monumentos fueron cerrados al público y las autoridades desplegaron un impresionante dispositivo de seguridad. En medio del caos, gran parte del patrimonio histórico y arqueológico del Museo Egipcio de El Cairo sufrió innumerables actos vandálicos perpetrados por grupos de manifestantes.

En tanto, 3 mil pasajeros se encontraban ayer varados en el aeropuerto internacional de El Cairo, en un “efecto colateral” de los cinco días de protestas y del toque de queda que regía en la capital egipcia. La revuelta popular golpeó en el corazón de la economía del país: el turismo, que generó 9 mil millones de dólares en los primeros nueve meses de 2010, representa el 11% del Producto Bruto Interno (PBI) egipcio.

Entre las repercusiones internacionales de la crisis política, el presidente francés Nicolas Sarkozy, la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro británico, David Cameron, llamaron ayer a Mubarak a “evitar a toda costa el uso de la violencia contra civiles desarmados” y pidieron a los manifestantes que “ejerzan pacíficamente sus derechos”. Sin embargo, la crisis egipcia parece no detenerse.

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