No hubo consenso de los cancilleres para una resolución sobre la crisis en Caracas. Y la sesión fue suspendida.
En una sesión en la que la Argentina reclamó al gobierno venezolano la cancelación de la convocatoria a la Asamblea Constituyente, la liberación de los presos políticos y el respeto a los derechos humanos, los cancilleres del continente reunidos en la sede de la OEA en Washington fracasaron esta noche en lograr el consenso para aprobar una resolución que intente frenar la crisis en Venezuela.
Después de más de cinco horas de debates, con sesiones a puertas cerradas, cabildeos en los pasillos y discursos públicos en el elegante salón de las Américas, la sesión se suspendió sin acuerdo. Los cancilleres y representantes de los países habían llegado a Washington en un clima de tensión por el agravamiento de la situación venezolana. En la última y tumultuosa sesión del Consejo Permanente de la OEA, el 28 de abril, se había decidido convocar a la reunión de consulta de los ministros de exteriores, lo que motivó a Caracas a iniciar formalmente su salida de la organización, un proceso que no es automático y que tardaría dos años en completarse.
Desde que anunció la desvinculación, Venezuela dejó de asistir a las reuniones en la sede de la OEA y fue en ese sentido una sorpresa que una representación de Caracas decidiera participar ayer del cónclave con su embajadora ante el organismo.
Horas antes del encuentro, existían tres propuestas de resolución con fuertes diferencias de tono. Una estaba patrocinada por Antigua y Barbuda, la otra fue lanzada por Perú, Canadá, Estados Unidos, México y Panamá (avalada por la Argentina), y la tercera por el bloque de países del Caribe, el CARICOM.
Según contaron fuentes diplomáticas a Clarín, la presentación a último momento del borrador del CARICOM, de tono mucho más lavado y que llamaba a una “renovación del diálogo”, empantanó los avances que se habían hecho en torno de establecer una resolución de consenso.
Durante la tarde Antigua y Barbuda retiró su propuesta y solo quedó la del CARICOM y la de Perú y otros países, que planteaba con un tono más duro la liberación de los presos políticos, el respeto a los derechos humanos y la cancelación de la convocatoria a la Asamblea constituyente planteada por el presidente Nicolás Maduro. También establecía un Grupo de contacto que sirviera como “facilitador” entre el gobierno venezolano y la oposición.
Pero los países caribeños –muchos de ellos dependientes del petróleo de Caracas— se mantuvieron firmes y no se alcanzaron los votos necesarios para el consenso de dos tercios de los presentes. Sin votación, la sesión se suspendió con la idea de que se vuelva a convocar a otra reunión en las próximas semanas.
En el debate público, y en la que quizás sea su última intervención en suelo estadounidense como canciller argentina, Susana Malcorra pidió la liberación de los presos políticos, el respeto a las normas internacionales, la separación de poderes y un calendario electoral con la presencia de observadores.
Defendió además que el propósito de la reunión de anoche sobre la crisis venezolana “no puede ni debe interpretarse como acto de injerencia o condena” sino que es “la misma mano tendida de siempre”. Argentina pidió además a Maduro iniciar “una nueva etapa del diálogo” con la oposición en la que cumpla compromisos reclamados. También pidió la “cancelación de la convocatoria de la Constituyente, el cese de las detenciones arbitrarias y del enjuiciamiento de civiles por justicia no civil”.
Esta premisa fue defendida por el vicesecretario de Estado estadounidense para asuntos políticos, Thomas Shannon, que ha sido enviado del gobierno de Barack Obama a Venezuela y continúa en la administración de Donald Trump. Shannon mencionó una preocupación por la “drástica erosión del orden constitucional en Venezuela”.




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