Dispersión política y denuncias de coimas, el peor inicio para la etapa post Néstor

Fernando Gonzalez

Muchos de los peores presagios para la Argentina han sucedido de madrugada. Como aquellas noches largas del que se vayan todos, o aquella banelco que corrió nocturna en el Senado para sancionar una ley de reforma laboral. Y esa es la misma impresión que quedó ayer, cerca de las tres de la mañana, cuando el Congreso suspendió la media sanción del Presupuesto 2011.

Más de doscientos diputados y aquellos argentinos que aún estábamos despiertos mirando el debate por TV presenciamos la denuncia de dos legisladoras (la radical Elsa Alvarez y Cinthia Hotton), quienes relataron como desde el kirchnerismo les habían ofrecido ‘algo‘ (¿dinero, cargos, contratos?) para cambiar sus votos o escaparse estratégicamente del recinto. La primera certeza es que el kirchnerismo extrañó a su jefe. Sin Néstor Kirchner y con Cristina muy lejos, en Seúl, al Gobierno se le hizo imposible juntar los votos necesarios para aprobar su propio proyecto de Presupuesto sin negociar una coma. Y eso que la patética dispersión opositora le facilitó las cosas, pero la muñeca negociadora de Aníbal Fernández (y la de cualquier otro funcionario) no suman las destrezas del ex presidente fallecido. Pareció a medianoche que podrían hacerlo, pero el temblor que produjeron las denuncias por coimas y el discurso del jefe de la bancada de PRO, Federico Pinedo, hablando de ausencias que él “no podía explicar” en su bloque enrarecieron el clima y sepultaron la posibilidad de un presupuesto K.

La alternativa racional de un proyecto consensuado ya había fenecido mucho antes. Porque además del desmadre kirchnerista; de los intentos de cohecho que deberá tratar pronto la Justicia y de la ceguera institucional que le impide al Gobierno negociar para el presupuesto hasta un reclamo nacional como es el de sincerar la inflación, ayer apareció en toda su decadencia la incapacidad opositora para unificar ideas y hacer valer el poder del voto que la sociedad le dio mayoritariamente el 28 de junio de 2009. La UCR estaba enfrascada en su pequeña disputa por la conducción de su bloque y sus legisladores jugaban peligrosamente cerca de favorecer al Gobierno con sus presencias y sus ausencias. Es lo que advirtió Elisa Carrió para retomar su ritmo preferido, el de las denuncias estridentes, y hablar de un nuevo “Pacto de Olivos”. No era mejor el panorama en el peronismo federal, conmovido por el anuncio de Carlos Reutemann de dejar la conducción del espacio. Tironeado entre las ambiciones presidenciales de sus integrantes, intentaban descifrar el jeroglífico que volvió a escribir Lole, entre el retorno al PJ y la amenaza jamás cumplida de encabezar un proyecto presidencial. En medio de semejante tembladeral político, el país adolescente aún no tiene la media sanción del Presupuesto 2011 y el Gobierno evalúa la hipotesis de otro DNU para sacarlo de prepo. Tienen una semana para reflexionar y negociar un proyecto víable que acompañe las buenas noticias macroeconómicas del exterior. Si todos se detuvieran un instante sobre la persistencia de los bolsones de pobreza y los hechos de inseguridad que desafían el luto institucional, verán que están a punto de repetir la historia descendente del país de las oportunidades perdidas.

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