La discusión sobre qué tipo de cambio quieren los cordobeses

Casi un 80 por ciento de los cordobeses pide cambio. Pero hay un abanico que va desde los que quieren modificaciones tajantes hasta los que pretenden sólo sutiles retoques.
Juan Schiaretti no se irá con mala imagen ni mucho menos. Tampoco se despedirá con una consideración extraordinaria. Pero, a grandes rasgos, aceptable sería la valoración que una porción importante de cordobeses le pondría a la gestión del gobernador.

Sin embargo, los tres principales candidatos a sucederlo coinciden en algo: hablan de cambio como parte central de su discurso de campaña.

En las encuestas de los principales consultores de Córdoba, el concepto cambio es uno de los más repetidos. Esto no necesariamente implica que la modificación pretendida sea tajante, porque ese casi 80 por ciento que menciona “cambio” no coincide en cuánto y de qué forma hay que implementarlo.

José Manuel de la Sota, que reivindica la gestión de su último vicegobernador como continuadora de sus dos mandatos, habla de “el cambio que sigue”. Su idea es instalar que las tres administraciones del peronismo son el cambio en sí mismo y que cambiar es seguir.

Luis Juez remacha la necesidad de modificar el rumbo y la orientación de las gestiones del PJ. Aspira a ser el más opositor de los candidatos opositores, por lo cual la necesidad de diferenciarse se va ir acentuando con el correr de la campaña.

Oscar Aguad compite en el mismo sentido. Y agregó a su eslogan de campaña lo de “cambiar para bien”, para englobar así a sus dos adversarios: cambiar el delasotismo y hacerlo por algo mejor que el juecismo.

Otro elemento que debe ser destacado es que en general la insistencia con el cambio se suele dar en tiempo de crisis, cosa que –en principio– no está dada en Córdoba.

Lo que sí parece estar instalado es el debate sobre la conveniencia o no de un recambio de signo político, discusión que ya estaba planteada hace cuatro años, en aquella reñida elección de septiembre de 2007.

Mientras, el gobernador jugará fuerte a dejar posicionada su imagen y la de su gestión, lo cual es reconocido por los operadores de De la Sota como un instrumento de campaña.

Hace un tiempo que Schiaretti emula algunas estrategias de gobernantes locales que se fueron con alta imagen positiva, como el caso del ex intendente de la ciudad de Córdoba Rubén Martí, actual jefe de los equipos técnicos de la UCR. Schiaretti comparte parte del equipo de asesores comunicacionales y de imagen de Martí, encabezados por Roberto Sposetti, quien ahora también es pretendido por De la Sota.

En ese tren, la prioridad ha pasado a ser hacer obras bien visibles, que puedan ser fácilmente promocionadas y que generen alto impacto, más allá de las polémicas que puedan despertar y de la discusión sobre las necesidades más acuciantes.

Anteayer, Schiaretti hizo un acto para habilitar tres kilómetros de la varias veces prometida autovía Córdoba-Alta Gracia. Sus antecesores fueron especialistas en inaugurar a cuentagotas las obras públicas en épocas de campaña. Porque cuando todos hablan de cambiar, a veces no se cambia nada.

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