El 62% considera que es la mejor solución, según una encuesta; el Senado creó la comisión de juicio político
Por Alberto Armendáriz
RÍO DE JANEIRO.- Mientras el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff comenzaba a tomar tracción ayer en el Senado, una nueva encuesta reveló que la mayoría de los brasileños no cree que la salida de la mandataria, con su posterior reemplazo por elvicepresidente Michel Temer, solucione la crisis política y, en cambio, apoya la idea de realizar nuevas elecciones.
Según un estudio de Ibope, el 62% de los consultados se inclina por la convocatoria a nuevos comicios, como varios líderes políticos han respaldado, incluso dentro del oficialista Partido de los Trabajadores (PT).
Para ello sería necesario que tanto Dilma como Temer -del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), ex aliado principal del PT- renuncien. Sólo entonces, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, podría llamar a elecciones dentro de los siguientes 90 días.
Si bien esa posibilidad es muy remota, ya que tanto la presidenta como su vice han negado que consideren dejar sus cargos, otra alternativa sería que el mandato de ambos sea anulado por decisión del Tribunal Superior Electoral (TSE), que analiza denuncias de irregularidades en la campaña de 2014, principalmente el financiamiento a través de desvíos ilegales del esquema decorrupción en Petrobras.
La encuesta también apuntó que el 25% de los brasileños estaría a favor de que Dilma se mantenga como presidenta, pero sólo si se llegara a un nuevo pacto con la oposición, encabezada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y secundada ahora por el PMDB. Muy pocos de los consultados, un 8%, indicó que el mejor camino para resolver la crisis política sea la destitución de Dilma y su reemplazo por Temer.
Desde que el domingo 17 la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría la apertura del proceso de impeachment por manipulación de las cuentas fiscales, el vicepresidente ha tenido problemas para conseguir apoyos para su eventual gobierno. El PSDB está dividido en torno de la posibilidad de integrar el gabinete y, en las calles, han aumentado las expresiones de rechazo a Temer, acusado también de haberse beneficiado del escándalo del petrolão.
En tanto, ayer fueron elegidos los 21 miembros de la comisión del Senado que analizarán las acusaciones contra Dilma, y se espera que entre el 10 y el 12 de mayo someta su parecer al plenario de la Cámara alta. Según la composición de la comisión elegida por los líderes partidarios, sólo cinco de sus integrantes son favorables a la presidenta.
Para que el impeachment avance en el Senado se requiere del apoyo de la mayoría simple de sus 81 miembros, o sea, 41 senadores. Si la apertura delimpeachment es aprobada, Dilma sería de inmediato apartada del cargo por un plazo de hasta 180 días, mientras el Senado decide si es culpable o no; mientras tanto asumiría el poder interinamente el vicepresidente. Temer sólo quedaría a cargo en forma efectiva de la presidencia, hasta el final del mandato, el 31 de diciembre de 2018, si dos tercios del Senado la condenase.
Las chances de que Dilma supere la primera votación son escasas: según la prensa ya hay 50 senadores a favor del impeachment. Sin embargo, sólo 39 hasta ahora se han declarado proclives a condenarla en el juicio final. Tanto desde el gobierno como desde el PT se están realizando esfuerzos para juntar más apoyos y evitar una condena que terminaría con el proyecto político petista después de 13 años.
El gobierno ya ha indicado que apelará al Supremo Tribunal Federal (STF) si elimpeachment pasa el primer obstáculo en el Senado, y que también propondrá el llamado a un grupo de prestigiosos juristas internacionales para actuar como "observadores" del juicio político en el Senado, que según los petistas es un "golpe institucional".
"Una alianza oportunista, entre la gran prensa, los partidos de oposición y una verdadera cuadrilla legislativa, implantó la agenda del caos en el país", se quejó el padrino político de Dilma, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, durante un encuentro con representantes de partidos de izquierda de todo el mundo.



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