Dilma quiere una relación "de igual a igual" con Obama

Fuerte señal en vísperas de la visita; criticó las violaciones a los derechos humanos de EE.UU

RIO DE JANEIRO.- Cuando faltan 48 horas para que, en medio de una gran expectativa, el presidente norteamericano, Barack Obama, inicie mañana en Brasilia su primera gira por América del Sur, el nuevo gobierno brasileño de Dilma Rousseff aumentó ayer su apuesta al resaltar que pretende tener una relación de pares con Estados Unidos, y no se privó siquiera de criticar las violaciones de los derechos humanos cometidas por Washington.

"Brasil quiere una relación de igual a igual. Las circunstancias en el mundo de hoy favorecen para eso. Queremos una multipolaridad de la cooperación, no de la rivalidad, el protagonismo y la confrontación", afirmó el ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Antonio Patriota, durante una conferencia de prensa.

Las reveladoras palabras del canciller llegan luego de que se expandiera cierta frustración dentro de la administración de Rousseff porque la gran delegación de funcionarios y empresarios que acompaña a Obama se resistió a tratar en esta visita algunos de los temas que más interesan a Brasil: la apertura del mercado norteamericano al etanol brasileño o a los aviones Embraer, el permiso para que brasileños puedan ingresar sin visa a Estados Unidos y el apoyo de la Casa Blanca para que Brasil gane un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Sobre este último punto, uno de los grandes anhelos de la diplomacia brasileña, Patriota rompió ayer su tradicional silencio.

"Una manifestación de Estados Unidos no afectará dramáticamente los acontecimientos, porque requiere acuerdos en la ONU, pero un discurso de Estados Unidos es un dato significativo", reconoció.

El año pasado, en una visita a Nueva Delhi, Obama hizo público su respaldo a que la India se sume eventualmente a los cinco miembros permanentes del Consejo (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China). Por ahora, Francia y Gran Bretaña fueron los únicos del selecto grupo que apoyaron en público las ambiciones de Brasil.

La diplomática bajada de línea coincidió ayer también con la publicación en el diario Valor Económico de una entrevista a Rousseff en la que, al subrayar la importancia de los derechos humanos en su política exterior, condenó el trato que reciben los cientos de sospechosos de terrorismo detenidos sin juicio en la base norteamericana de Guantánamo.

"Si no estoy de acuerdo con la lapidación de mujeres [en Irán], tampoco puedo estar de acuerdo con gente presa de por vida y sin haber sido juzgada. Eso vale para Irán, para Estados Unidos y para Brasil", dijo la mandataria, que en su juventud, durante la última dictadura, estuvo presa y fue torturada.

Asistencialismo

Por otra parte, al resaltar el peso económico y el liderazgo internacional que Brasil tiene hoy, invitó al gobierno de Obama a abandonar una visión asistencialista hacia América latina, como lo fue la Alianza para el Progreso, que el presidente John F. Kennedy promovió en los 60.

"Nosotros no somos más un país de la época de la Alianza para el Progreso, un país que precisa de ese tipo de ayuda. No es que la Alianza para el Progreso no haya tenido sus méritos, pero eso no es más lo que Brasil es hoy. Brasil debe ser mirado de forma muy detallada por Estados Unidos", apuntó la presidenta, que recibirá a Obama en el Palacio del Planalto para dialogar y firmar acuerdos de cooperación económica, energética, educativa y tecnológica.

Rousseff subrayó además que los valores democráticos y pacifistas de Brasil, sus riquezas petrolíferas y su gran crecimiento económico deberían convertir al país "en un socio importantísimo" de Washington en América latina.

Ese es el espíritu con el que Obama será recibido mañana en Brasilia y el domingo en Río de Janeiro, donde se confirmó que subirá el emblemático morro Corcovado y dará un discurso en la céntrica plaza de Cinelandia.

A diferencia de lo que se había anunciado días antes, la embajada de Estados Unidos aclaró que la alocución en Río tendrá como eje las relaciones bilaterales y el tema de la inclusión social, mientras que se dejará para la segunda escala de la gira en Santiago de Chile un mensaje destinado a toda América latina, sobre democracia y derechos humanos.

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