Dificultades del MPN, oportunidad para Quiroga

Dificultades del MPN, oportunidad para Quiroga

El gobierno de Jorge Sapag en Neuquén tendrá dificultades en este segundo semestre, de esas que no tuvo hasta ahora en el año.

 Esto, en este período de transición, no es un dato menor, de poca valía, sino fundamental. Estas dificultades, vale aclarar, serán económicas, específicamente financieras. Es algo que se admite, se confiesa abiertamente, se tolera y se acepta. Se sabe que cada tanto el Estado neuquino se sumerge en su propia malformación exagerada, y que la mayoría hace como que estuviera oliendo el perfume de magníficas flores del paraíso, aunque los aromas que se expanden propicien más bien el desaforado aliento de las miasmas infernales.

Al MPN le importa, la coyuntura, relativamente. Ya ganó las elecciones. Ocurrieron en la parte buena del año. En alguna medida, lo que ahora ocurre y ocurrirá hasta diciembre –es decir, la estrechez, el freno, la declamación de austeridad súbita, la abundancia de los “no” a lo que hace poco era siempre “sí”- es en parte consecuencia de aquel proceso de campaña. Se gastó generosamente, por decirlo de manera elegante. Por empezar, con un aumento salarial general de 30 por ciento promedio, que llevó la masa salarial de la provincia a los aproximadamente 17.500 millones de pesos.

¿Alguien recuerda que se haya aprobado el presupuesto del año en Neuquén? No se habla de estas cosas. El proyecto presentado por el gobierno estimó un gasto general para el Estado de 27.190.908.845 pesos. Nótese la poderosa incidencia que tiene el gasto salarial actual en ese total. A esto se le debe sumar el salario de miles de empleados municipales, que trabajan para municipios (conducidos por el MPN y también por la oposición al MPN) que no son capaces de pagar esos salarios en su totalidad. Agréguese los gastos de cancelación de deuda, para los que se emitirán bonos o alguna otra medida financiera que permita refinanciar, en virtud del permiso legislativo hasta 350 millones de dólares. Agréguese también a proveedores del Estado, más los gastos de funcionamiento de los sistemas esenciales de Salud, Educación y Seguridad.

Neuquén afronta, pues, un nuevo ciclo de regeneración dificultosa, en un contexto de país que está más complicado que lo que parece, manejado in extremis por la hábil mano plural y corporativa del peronismo versión tercer milenio, es decir, el kirchnerismo, ahora devenido en cristinismo. Todos los indicadores de la economía son para preocuparse, desde el atraso cambiario a la crisis permanente de las economías regionales, desde la persistencia de la inflación a la caída sostenida de la actividad industrial, desde la floja balanza comercial hasta el tremendo déficit fiscal. Hay, no obstante, como le dijo a este periodista un avezado economista del gobierno provincial, una “pax” social bastante apacible. ¿Ignorancia? No, más bien consecuencia del hábil manejo político. Es lo que se le podrá reconocer al gobierno nacional, aunque posiblemente, en el futuro, ya no se le reconozca, apenas deje el poder, es decir, el gobierno.

Las dificultades de Sapag serán domésticas –conflicto casi seguro con los gremios estatales, o por lo menos, obligación de otorgar más concesiones a la fuerza política-institucional de los sindicalistas- y de relación con el contexto. Estas últimas serán las más relevantes y condicionantes, a su vez, para el gobierno que comenzará en diciembre, el de Omar Gutiérrez.

Tendrán que ver con la persistencia del escenario internacional, ya que difícilmente cambie el actual nivel de precio del petróleo. Esto incidirá en la sangría vía subsidios a la energía que debe otorgar el Estado nacional, lo que apretará cada vez más a las provincias, pues cada vez que el Estado central adelgaza, los Estados provinciales se ponen a régimen, ya que el régimen federal es declamatorio y no efectivo, y el gobierno central se queda con la porción grande de la torta. Cuando la torta se achica, se achican las porciones más pequeñas, no la grande.

Por supuesto que la peor consecuencia coyuntural es el retraso en el desarrollo de Vaca Muerta. Los primeros efectos asoman, como una leve inflamación de una zona enferma del organismo. Suspensiones y despidos erizan la piel de sindicalistas y gobernantes del MPN. Lo cierto es que se pedalean hacia adelante las conciliaciones obligatorias que dispone el obediente ministerio de Trabajo de Carlos Tomada, en procura de ganar tiempo y que el niño maravilla que conduce YPF, Miguel Galuccio, encuentre alguna salida que no le quite su sueño de construir un gran imperio petrolero a la usanza tradicional, es decir, lejos de la demagogia.

La primera consecuencia política de la situación dificultosa se verá en las elecciones capitalinas. El tema financiero del Estado será aprovechado para la campaña que, más temprano que tarde, comenzará Horacio Quiroga como candidato a la reelección. Quiroga no solo pudo pagar sueldos y aguinaldos, sino que tiene un nivel de endeudamiento mínimo (quiso endeudarse más, y no lo dejó el gobierno de Cristina Fernández, una torpeza que ahora le viene bien al Intendente) y su plan de obras no sufrirá recortes. Obviamente, su equipo de campaña acrecentará algo que siempre hizo: contrastar presupuestos, manejo económico del Estado, porcentajes de eficacia.

Lo peor que puede pasarle al MPN en estas circunstancias es que –como ya se avizora- Quiroga empiece a machacar extrapolando responsabilidades del candidato en el distrito, Pablo Bongiovani, hacia el nivel provincial cada vez más complicado y mostrando falencias que no podrán ser todas achacadas a la situación del mundo y del país. Tal vez por eso se infló tan grande la pelota de la crítica al voto con boleta única electrónica. Identificar este sistema de voto con una avivada para confundir al pueblo puede haber sido un error para los estrategas emepenistas, del que tal vez le convenga volver antes de que se haga más grande. No será con distracciones a las reales dificultades del momento que el MPN pueda vencer a Quiroga en su propio redil.

Rubén Boggi

Comentá la nota