Aunque coinciden en que el primer mes fue positivo, parte de la UCR y la CC critican algunos decretos y la falta de consulta
El balance es positivo. Pero para más de uno incluye gestos de duda y dientes apretados. Un sector de la UCR y de la Coalición Cívica creen que Mauricio Macri pudo haber evitado parte de los decretos (convencionales y de necesidad y urgencia) que dictó en su primer mes en el poder y demorado algunas de las decisiones políticas que marcaron el ritmo político de los últimos 30 días.
En el mapa de la UCR, el principal socio de Pro en Cambiemos, podría trazarse una línea entre los radicales más cercanos al Poder Ejecutivo y los que ocupan bancas en el Congreso.
Porque es desde esa diferencia de ubicación en el mapa político, y respecto del Presidente, que unos y otros evalúan los primeros 30 días del Gobierno.
Respecto de los decretos, por ejemplo, los primeros coinciden en que Macri actúo dentro de la ley y que debió recurrir a ellos porque no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras del Congreso y tampoco cuenta con apoyo suficiente para convocar a sesiones extraordinarias. "Son decisiones excepcionales en un marco excepcional". "La situación justifica el procedimiento", repiten en defensa del Presidente.
Justifican en particular -corrección parcial mediante-, la cobertura de las vacantes de la Corte Suprema, el freno a la aplicación del Código Procesal Penal y el traspaso de las escuchas judiciales de la Procuración General de la Nación a la Corte, estas dos últimas decisiones a través de DNU.
En línea con la defensa, esos radicales niegan que la ráfaga de decretos contradiga las ideas de "reconstrucción de las instituciones" y "revitalización del Congreso" con las que Cambiemos hizo campaña. Creen que, mientras construye apoyos en el Congreso, Macri debe (debió en el último mes) hacer gestos de autoridad. "Aunque no sea lo más cómodo para nosotros, Macri hizo lo que tenía que hacer. Si en nombre de la institucionalidad te quedás sin gobernabilidad tenés un problema", graficó ante LA NACION un radical que vivió muy de cerca la caída de la Alianza en 2001.
Menos contemplativos se muestran los radicales que en 50 días tendrán que defender las decisiones de Macri en el Congreso. Siguen con cierto recelo las maniobras de seducción que la Casa Rosasda desplegó para conseguir apoyos del PJ (con el envío de dinero a los gobernadores) y del massismo. Entienden la lógica y necesidad de esa estrategia, pero desconfían de los peronistas y se sienten desplazados. "Veo un exceso de preocupación por los que podrían obstruir el gobierno y poca atención a los socios", deslizó un o de ellos.
Valoran el diálogo fluido con el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Pero despotrican porque, de la mayoría de las decisiones, se enteran por los diarios y porque, en los hechos, no participan de la negociación con el PJ. De las conversaciones con los hombres fuertes del Gobierno participan los presidentes de los bloques radicales en Diputados y el Senado, Mario Negri y Ángel Rozas, respectivamente.
Sí destacan, en cambio, las medidas económicas, sobre todo, el fin del cepo y de las retenciones, y que se hayan tomado en los primeros días de gestión.
Doble estándar
La Coalición Cívica es el socio que menos oculta su malestar con los manejos políticos de Macri. Cerca de Elisa Carrió creen que el Gobierno está abriendo demasiados frentes a la vez y que, en la mayoría de los casos, los decretos no se justifican.
"Por supuesto que nos incomoda. Si estas cosas las hubiera hecho Cristina, ¿qué hubiéramos dicho?", se preguntó ante LA NACION un hombre de Carrió. "Parece el mes del doble estándar", se lamentó otro.
En la CC molestaron en particular el nombramiento de los jueces de la Corte por decreto, la designación de Ricardo Echegaray en la AGN ("Es la mejor garantía de impunidad para el kirchnerismo", dicen) y la designación de Gustavo Arribas en la AFI, no sólo por su falta de antecedentes para hacerse cargo de un área tan sensible, sino, y sobre todo, por la cercanía que le atribuyen con el ex subjefe de la SIDE Darío Richarte.
Más allá de los matices respecto del primer mes de Macri en el poder, hay un punto en el que todos coinciden: a partir del 1° de marzo, con el Congreso en marcha, empieza otra historia.








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