Néstor Kirchner asumía hace una década la Presidencia. El proyecto sigue hoy en manos de Cristina. Un repaso por los momentos más destacados.
Mucho se ha escrito sobre el tema como para pretender demasiada originalidad, pero un dato importante lo daba la renovación de rostros -y de discursos y de posturas- que implicaba la llegada del sureño. Los argentinos esperaban a alguien que pateara el tablero y después ordenara las cosas, habían sido demasiado años de excepcionalidad y deterioro los que precedían ese momento.
Para el recambio de autoridades en la provincia faltaba todavía un tiempo. En ese momento no había sido definida la fecha de la elección, que después se fijaría para el 23 de noviembre, solo dos semanas antes del recambio de autoridades.
A diferencia de lo que sucedía con el escenario político nacional, en la provincia los protagonistas seguían siendo los de antes. Y eso no es en sí mismo ni bueno ni malo. El “que se vayan todos” estuvo lejos de ser una propuesta de renovación política, y terminó siendo solo una consigna.
Hace 10 años Jorge Busti era senador nacional y lidiaba en Entre Ríos -junto a su colaborador Sergio Urribarri- por desalojar a Augusto Alasino de la conducción del PJ. Lo acusaban de haber sido el socio necesario del gobernador radical Sergio Montiel.
Alasino, por su parte, les amagaba con dilatar la interna –que Busti estaba seguro que ganaba más cómodo cuanto más se adelantara- para darle tiempo a Julio Solanas para recorrer la provincia, ya que Alasino sostenía que sería su candidato gobernador.
La interna finalmente enfrentó a Busti con el senador talense Marcelo Casaretto y el concordiense se impuso más o menos con el 85% de los votos, pero eso fue en julio. Allí también Solanas se convirtió en el candidato a intendente de Paraná, derrotando al exgobernador Mario Moine, a quien Busti había recurrido por considerarlo el mejor postulante. Busti y Solanas ganaron la general en noviembre. Alasino no llegó con su candidatura ni a la interna; pero sí varios de los intendentes peronistas electos en 2003 y reelectos en 2007.
Por esa misma época los radicales estaban de capa caída. El extinto exgobernador Montiel había sufrido una serie de agresiones físicas que esmerilaban aún más su imagen pública. En Entre Ríos no habían comenzado las clases por la deuda salarial con los maestros, los bonos federales reducían a la mitad el ya menguado poder adquisitivo de los salarios y las jubiladas amas de casa acumulaban -aunque parezca mentira- 16 meses sin cobrar. La anormalidad parecía ser la regla de todos los días, aunque el gobierno radical encontraba cierta contención en el duahldismo que gobernaba la Nación. Durante el gobierno de Duahlde, Busti era el hombre fuerte de la política entrerriana, pero a Montiel se lo sostuvo en el marco de acuerdos nacionales.
La interna del oficialismo provocaba perplejidad. De la noche a la mañana aparecían candidatos impensados del montielismo. Y así de rápido los bajaban también. Tal vez alguno recuerde al abogado hasenkampense Raymundo Kisser, convertido en “héroe” del montielismo cuando defendió al caudillo en la instancia del juicio político, y bajado de un hondazo cuando amagó con dejar fuera de la lista de candidatos a diputados a los funcionarios Gabriel Ferro y Enrique Carbó.
A la interna radical finalmente la ganó el intendente de Paraná Sergio Varisco, quien en la elección tuvo una meritoria actuación contra Busti y casi todo el peronismo encolumnado detrás. En esa oportunidad el Nuevo Espacio fue por fuera del partido y el exgobernador prometía convocar a un congreso para suspenderles la afiliación por cinco años. Paradojas del PJ, esa situación le tocó sufrir a él nueve años después, cuando en la cúspide del enfrentamiento con Sergio Urribarri, decidió competir por la gobernación en 2011 por fuera de la estructura justicialista.
Finlamente Montiel concluyó su mandato. Nunca volvería a retomar el liderzgo de la UCR, que tampoco pudo asumir Varisco por su derrota en la elección por la gobernación, y marcó el inicio de un deterioro electoral del centenario partido. Del 34,3% de los votos en 2003, pasó al 20% en 2007; y al 18,8% en 2011. Es el radicalismo que siendo oposición tuvo nueve de los 17 senadores provinciales entre 1995 y 1999; dos senadores entre 2003 y 2007; un solo senador entre 2007 y 2011; y que no tiene ningún representante en la Cámara alta en la presente gestión.
Es el radicalismo que por segundo período consecutivo no consiguió tener ni un concejal en Concordia, la segunda ciudad más poblada de la provincia; y que en 2011 no tuvo candidato a intendente en Gualeguaychú, la tercera en cantidad de habitantes.
En el peronismo la historia en conocida. Sin posibilidad de reelección, Busti impulsó a Urribarri como candidato en 2007, con la intención de volver al gobierno en 2011. En aquella oportunidad el justicialismo entrerriano sufrió la escisión de lo que fue la Lista 100, encabezada por Julio Solanas. La sociedad política Busti-Urribarri ganó con comodidad, de la mano de la fórmula Cristina – Cobos, y poco después todos estaban de nuevo en el PJ. Sobre el final de su mandato Busti logró destrabar la reforma de Constitución, que en 2008 aprobó la reelección del gobernador por una sólo vez.
El conflicto del campo dividió aguas. Urribarri permaneció fiel al kirchnerismo y Busti se anotó en la oposición. Se juntaron en 2009 para representar al Frente Para la Victoria y protagonizar una dura derrota a manos de la lista de agrodiputados encabezada por Atilio Benedetti. Luego Busti volvió a marcar distancia, para ya no regresar.
En 2011 Urribarri consolidó su carácter de conductor del justicialismo, un partido donde parece que hay lugar para todos menos uno: Busti. Los diputados e intendentes bustistas volvieron al PJ -tal como había ocurrido con la Lista 100- y el congreso que les había suspendido la afiliación por decisión de Urribarri, ahora está presto a confirmar el levantamiento de esa sanción, refrendando una decisión que ya tomó Urribarri como presidente del PJ.
Diez años después el urribarrismo se prepara para intentar ganar la elección legislativa de manera amplia, para alimentar así el sueño de la candidatura nacional de su líder. Busti, por su parte, evalúa aliarse con Alfredo De Ángeli (hoy candidato del PRO) y con radicales para plantar un mojón antikirchnerista en la provincia, pensando en 2015. Los radicales también evalúan alianzas que les permitan frenar la caída. Y el ruralista Alfredo Senador o nada De Ángelis es la estrella de la oposición, también pensando en 2015
Para esa elección, en el oficialismo sobran candidatos. Pero nadie hace campaña porque no queda bien andarse postulando con la hipótesis de que Urribarri “se va a la Nación”. ¿Y si se queda? Con que traje se van a vestir. El gobernador ha dicho mil veces que no buscará un tercer mandato, pero hay senador y diputados que igual quieren votar la reforma de la Constitución.
Este recorrido- de poco más de mil palabras, antojadizo y subjetivo- es apenas una referencia a diez años en los que es posible descubrir la simultaneidad entre cambios profundos y continuidades arragaidas en la política partidaria provincial.







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