Los rumores sobre el regreso de Jorge Capitanich al gobierno de la provincia volvieron a intensificarse en las últimas horas como consecuencia de dos situaciones de crisis: en el orden nacional la muerte dudosa del fiscal Alberto Nisman y en la esfera provincial una necesidad cada vez más evidente de que el actual jefe de Gabinete se ponga la campaña al hombro para evitar lo que podría ser una derrota del peronismo a manos de la radical Aída Ayala.
El dramático final del fiscal Alberto Nisman que investigaba la causa Amia representa para el gobierno nacional un escenario de gran complejidad en el que Jorge Capitanich podría terminar desgastado como consecuencia de las escasas posibilidades de que el hecho se esclarezca en el corto plazo, con lo cual la opción de retomar el timón gubernamental chaqueño cobra fuerza. Máxime como consecuencia del protagonismo que ganó en los últimos días el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, con declaraciones más altisonantes que las emitidas por el chaqueño quizás porque en ese terreno el secretario general de la Presidencia se mueve con mayor soltura.
Duplicidad
de roles
Lo claro es que a esta altura existe ya una duplicidad de roles que se acentuará en las semanas venideras. Sin embargo, la principal razón de un retorno de Coqui en el corto plazo halla más asidero en el desorden interno del peronismo provincial, aunque para Capitanich lo importante es ver cómo cierra el delicado tema de las candidaturas nacionales del espacio K que la Presidenta parece dispuesta a estirar lo que más pueda.
En tiempo de descuento para las elecciones PASO que se realizarán en mayo, el jefe de Gabinete es más consciente que nunca de las limitaciones de los precandidatos peronistas que en el último año se lanzaron infructuosamente en busca del consenso popular.
Los precandidatos no despegan y con su pálido desempeño dejan en evidencia que Capitanich continúa como un referente aun de peso de un peronismo que necesitará de él para no entrar un cono de sombras definitivamente más allá de que su ausencia le ha hecho perder terreno en términos del liderazgo excluyente que supo tener.
Consensos
Capitanich ahora deberá sentarse a consensuar. Antes que nadie con Gustavo Martínez, luego con Domingo Peppo y ver cómo cierra lo de Eduardo Aguilar que sigue siendo su preferido más que nada porque es el único que le asegura poder residual a futuro, nuevamente lejos del Chaco.
Lo que está claro es que a Coqui las cosas no le serán fáciles a su retorno. Los antes subordinados ya no lo son tanto y el crecimiento de Aída es una realidad que no pasa desapercibida para nadie.
A pesar de que varios de los aspirantes al poder son funcionarios del gobierno provincial y cuentan con estructura para construir sus propios vínculos con el electorado independiente, lo único que consiguieron hasta el momento es mantenerse en una posición de rivalidad, fagocitados por la interna del PJ en la que Gustavo Martínez se acerca a Domingo Peppo en la intención de voto, pero aún lejos de alcanzar la performance que exhibe Aída Ayala en las encuestas que más que un polo electoral es un polo de poder insoslayable en el escenario política del Chaco, con trascendencia en el mundo empresarial y social acaso como si el Chaco apostara a la renovación de su estructura política.
El delfín de Capitanich, Eduardo Aguilar, continúa en un tercer lugar a distancia de las dos figuras más convocantes del abanico de opciones del oficialismo, con lo cual el jefe de Gabinete deberá jugar fuerte si considera que en el acierto o no de su decisión está jugando la suerte política no de Aguilar, sino de él mismo.
El regreso
Su posible regreso significará, por ende, una oportunidad para el PJ de salir a flote en los sondeos, ya que está estudiado que sólo si Capitanich desciende al territorio para apoyar a alguno de los postulantes los peronistas del Chaco tendrán chances reales de pelear de igual a igual frete a la llamada Dama de Hierro que silenciosamente está encolumnando a todo el radicalismo tras su figura conscientes como están los intendentes de que si quieren conservar el poder territorial deben buscar el paraguas de la candidata más taquillera dentro del universo radical.
Claro que no será gratis para los precandidatos anotados en la carrera por el poder. Muchos quedarán descartados de plano y sus nombres pasarán a ser un recuerdo. Otros podrían ser reciclados como candidatos a legisladores, pero lo cierto es que no habrá mérito que valga frente a la estrategia que pueda aplicar el montenegrino, quien mantiene una mirada sumamente crítica del desempeño de sus posibles sucesores.
De hecho, los íntimos de Coqui saben que a puertas cerradas el jefe de Gabinete se erige en despiadado crítico de los precandidatos peronistas por el hecho de que tuvieron más de un año para desandar la provincia con la meta de construir un capital electoral propio, sin resultados que le proporcionen tranquilidad al justicialismo.
El contrato social que suscribió Capitanich con la comunidad chaqueña en 2007 hoy no tiene más garante que el propio gobernador en uso de licencia, con lo cual su retorno –en caso de concretarse- podría traducirse como un nuevo y último ciclo de la era coquista, con nuevo gabinete y medidas orientadas a implementar la necesidad de continuidad peronista en el electorado independiente que supo elegirlo dos veces consecutivas pero en el cual su ausencia orado el capital que supo forjar dejando muchos descontentos dentro y fuera del peronismo como si se hubiera jugado la personal, sin medir las consecuencias de lo que implica abandonar el territorio y mas dejando la Provincia en manos de quien no ha dejado estropicio por hacer con el vicegobernador a cargo, contribuyendo- como nadie- al crecimiento que hoy la muestra a la intendenta de Resistencia como la cara nueva de la política chaqueña al punto que no pocos son los que creen que -en la eventualidad de un mano a mano- Aída se hubiera terminado imponiendo aún en Resistencia a Jorge Capitanich por lo que representa en términos de poder la candidatura mejor en juego que es la gobernación y el efecto de la tracción sobre la boleta de jefe comunal.
Ya nada es como era entonces
Coqui se fue hace más de un año de la provincia con todo lo que ello representa en términos políticos. Ni el peronismo es el mismo que dejó, ni su gobierno y sus alfiles son lo mismo ni la sociedad chaqueña tiene la misma visión que supo tener cuando Capitanich era una opción de poder. El futuro y las expectativas pasan por Aída Ayala o por el candidato que en el peronismo logre sobresalir que de hecho no será nuevamente Coqui, sino alguno de quienes pretenden su sucesión. Quizás el error del gobernador fue no haber intentado la habilitación para un nuevo mandato en tiempo oportuno. Hoy la gente mira al que pueda venir y no al que se está yendo.







Comentá la nota