Hay una hipótesis. Luego del contundente triunfo de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, el éxodo de intendentes y hasta referentes nacionales del peronismo hacia el Frente Renovador podría ser una cuestión de tiempo. Por eso en la Casa Rosada ajustan los engranajes para evitar el “doble juego” de los barones del Conurbano y mantener al FpV cohesionado para la difícil parada de octubre.
El ex motonauta tiene algo a favor: pese a haberse puesto al hombro la campaña de Martín Insaurralde, no tuvo candidatos propios en las listas y, por lo tanto, no es responsable directo de la derrota. Scioli no lo dirá públicamente, pero lo que pareció un fracaso de su armado en el cierre del fatídico 22 de junio terminará resultándole beneficioso después de las generales.
Ese es el principal motivo de preocupación en Balcarce 50. Trascendieron, incluso, algunos conceptos vertidos en una reunión entre Scioli e Insaurralde a días de las PASO. El lomense le habría planteado al gobernador el temor de que intentara despegarse del FpV a partir de diciembre. Se sabe que Scioli quiere ser presidente, y que lo intentará sin sacar los pies del plato. Pero del plato del PJ.
“¿Vas a abrirte aún en la derrota de todos?”, lo habría cuestionado Insaurralde. La respuesta del ex motonauta causó estupor: “¿De qué derrota hablamos? Si yo no tuve ningún candidato”. La preocupación fue trasladada a la Casa Rosada. En estos momentos Cristina Kirchner evalúa cómo resolver la interna que empieza a hacer ebullición en el peronismo bonaerense.
Si bien Scioli había dicho en declaraciones periodísticas que “sentía” que todos los candidatos del FpV eran “suyos”, la derrota de Insaurralde (y Cristina) por seis puntos ante Sergio Massa lo exime de tener que poner la cara como hizo luego del revés electoral de 2009, cuando fue candidato testimonial por pedido de Néstor Kirchner.
El massismo se impuso en distritos K como La Plata, San Vicente, Presidente Perón, Lanús, Avellaneda, Tres de Febrero, Morón, Ituzaingó, José C. Paz y Moreno, más los “empates técnicos” en Quilmes y Merlo. Un “foráneo” de la provincia de Buenos Aires como el gobernador entrerriano Sergio Urribarri pareció poner la lupa sobre lo obvio: “Va a haber que trabajar en algunos distritos para indagar y hurgar un poquito a qué se deben algunos resultados", deslizó.
La posibilidad de arribar a un acuerdo con Massa es un reflejo natural en el peronismo. De prosperar, Scioli sería el candidato presidencial y el tigrense se presentaría como su sucesor en la gobernación bonaerense. Pero puede haber un impedimento: por estas horas, en el entorno del Frente Renovador están envalentonados y quieren pelear directamente por la presidencia. Las ambiciones personales serían el único escollo para el entendimiento entre ambos, que nunca dejaron de ser amigos.
De hecho, algunos operadores revelan que, si volvieran a juntarse, Scioli y Massa no harían más que continuar con las negociaciones iniciadas antes del cierre de listas del 22 de junio, cuando se especuló hasta último momento con la posibilidad de que el gobernador colara candidatos en las nóminas del Frente Renovador.
El resto de las declaraciones públicas y cruces entre los distintos referentes son sólo pirotecnia. Este lunes, Massa ironizó sobre la decisión de Scioli de permanecer en el reducto del FpV y dijo que “en la vida hay que elegir”, parafraseando el eslogan de campaña oficialista. Un estado de cosas que podría cambiar radicalmente si las tendencias de estas PASO se confirman en octubre y el Frente Renovador asoma como la nueva locomotora de la siempre ingobernable estructura del PJ.






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