Luego de tres días de luto, llanto y fervor popular, el ex presidente fue inhumado con honores de jefe de Estado, en Santa Cruz. Una multitud siguió el cortejo camino a aeroparque y otra lo acompañó al cementerio de Río Gallegos.
Durante toda la mañana, miles y miles de hombres, mujeres y niños siguieron desfilando por la capilla ardiente instalada en la Casa Rosada. Testimoniaban el profundo dolor de la pérdida, pero también su apoyo a la Presidenta con cada “¡Fuerza, Cristina!”.
La caravana partió a las 13.15 al Aeroparque Metropolitano, desde donde partiría el avión de lAeroparque_Cabrera_6_22897a Fuerza Aérea con el féretro, la jefa de Estado Cristina Kirchner, sus hijos Máximo y Florencia, familiares y allegados, rumbo a Santa Cruz.
El recorrido de la caravana por las calles de Buenos Aires fue una postal sólo comparable al homenaje popular que recibieron algunos grandes hombres de nuestra historia, como Hipólito Yrigoyen, Carlos Gardel, el propio Perón y, más recientemente, Raúl Alfonsín.
La caravana avanzó por las principales avenidas porteñas, escoltada por un nutrido grupo de personas que se agolpó contra el vehículo que trasladaba los restos de Kirchner. Llantos, cánticos y aplausos volvieron a sucederse para darle el último adiós al ex presidente.
En el aeropuerto, los restos mortales de Néstor fueron recibidos por el Regimiento de Granaderos a Caballo. La propia Cristina y sus hijos los escoltaron hasta el avión que habría de trasladarlos a Río Gallegos. En la pista de aterrizaje, bajo una lluvia pertinaz, el cortejo fue despedido por la Fanfarria Alto Perú.
En otra nave de la Fuerza Aérea partieron miembros del gabinete nacional, funcionarios y gobernadores peronistas, entre ellos el sanjuanino José Luis Gioja.
A las 17.30, la aeronave aterrizó en Río Gallegos, donde esperaban el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez -único mandatario extranjero en el entierro-. Desde allí, otra caravana multitudinaria escoltó a la comitiva oficial hasta el cementerio. Aeroparque_Cabrera_2_16712
Una vez más, el cortejo inició una lenta caravana acompañada por miles y miles de santacruceños que coreaban el nombre de Kirchner y demostraban su apoyo a Cristina.
En el cementerio, sólo la familia y el círculo más íntimo asistieron al breve responso y sepelio del ex presidente en una bóveda familiar.
“Quisiera que me recuerden sin llorar/ ni lamentarme/ quisiera que me recuerden por haber hecho caminos/ por haber marcado un rumbo/ porque emocioné su alma,/ porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados/ porque interpreté sus ansias/ porque canalicé su amor./ Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices/ la seguridad de los justos/ el sufrimiento de los humildes./ Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores,/ con comprensión por mis debilidades,/ con cariño por mis virtudes,/ si no es así, prefiero el olvido,/ que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre”.
Este poema del detenido y desaparecido Joaquín Areta, que fue leído por el propio Kirchner en la Feria del Libro 2005, es tal vez la mejor despedida que podemos hacerle desde estas páginas.






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