La UCR desaprovecha una oportunidad histórica

La UCR desaprovecha una oportunidad histórica

Radicales no logran adecuarse a una oportunidad que requiere de la unidad monolítica de todos sus cuadros justo en una elección donde tenían todo para ganar.

El antiguo dicho popular de que Dios le da pan al que no tiene dientes se aplica con suma oportunidad al escenario interno que en la actualidad muestra el radicalismo chaqueño, fuerza que por primera vez en doce años tiene la chance de ganar una elección gubernativa para recuperar el poder pero que al mismo tiempo desaprovecha el momento histórico sumergida en un internismo paradojal.

Aída Ayala, una candidata con imagen positiva comparable a la que ostenta el gobernador de licencia, Jorge Capitanich, se lanzó de lleno a una campaña donde busca consolidar su imagen en el interior para completar el armado de una propuesta electoral que podría ser la favorita para los comicios del año que viene si no fuera por los propios radicales.

La principal adversidad que afronta la intendenta de Resistencia reside en el seno de su propio partido, donde Angel Rozas reclama el oro y el moro a cambio de un apoyo que se traduzca en la supresión de obstáculos que, camino a las PASO, podrían dejar a la ingeniera capitalina sin chances reales de conquistar el poder.

¿Qué hizo Ayala para merecer las zancadillas de Rozas? Creció demasiado sin someterse a la autoridad partidaria que el ex gobernador siempre ejerció a través de sus delegados plenipotenciarios en el comité provincial, donde la relación con la intendenta capitalina fue, es y será tensa porque los generales rocistas sienten desde tiempos inmemoriales que la jefa comunal los tiene de menos.

A la candidata del NEA, en rigor de verdad, le da el cuero para posicionarse por encima del rebaño de leales a Rozas. A diferencia de todos ellos, la dama capitalina se consolidó a fuerza de gestión durante doce años de los cuales ocho fueron con un gobierno provincial en contra, ya que su administración lidia hasta el día de hoy con un Poder Ejecutivo peronista.

Si algo le faltó a la intendenta de Resistencia fue, quizás, ponerse en el lugar de los entenados de Angel Rozas, acostumbrados a trabajar en un contexto de cercanía si se quiere íntima con el líder. Algo que en el universo Aída no se practica de la misma forma al punto de que la configuración del espacio interno creado por la jefa comunal fue -al menos en un principio- un cuadrilátero de construcción horizontal.

Ayala no fue todo lo abierta que esperaban los popes de Convergencia. Si al menos en lo gestual, en el plano cosmético, hubiera guardado las formas con canales de participación que disimularan el síndrome de abstinencia que padecen hace casi una década los muchachos de Angel, quizás su plafón interno hubiera sido más amplio y menos conflictuado.

Rozas, por su parte, no puede con su genio y tensa la cuerda con severos cuestionamientos al estilo Aída, a quien fustiga por cortarse sola y hasta acusa de pisar cabezas radicales con tal de escalar hacia una posición de poder que podría serle esquiva en función de la falta de acompañamiento de sus correligionarios. Lo dijo claramente el ex mandatario y líder de Convergencia al advertir que la intendenta resistenciana «todavía no ganó nada».

La falta de grandeza traducida en apetencias personales y sectoriales atraviesa la estructura del radicalismo provincial y la deja sin capacidad de desarrollar una estrategia eficaz para recuperar el gobierno perdido a manos de un Capitanich que en 2015 no podrá ser candidato por imperio de la Constitución. Por algún motivo, los radicales no logran adecuarse a una oportunidad que requiere de la unidad monolítica de todos sus cuadros.

Observadores, analistas, viejos zorros de la política chaqueña que miran desde las mesas de café el devenir de los acontecimientos, saben que si las armas con las que cuenta la UCR en este momento histórico estuvieran disponibles para el partido gobernante, los peronistas estarían festejando una victoria asegurada. En el radicalismo lamentablemente eso no sucede.

Un clásico de los últimos años

Angel Rozas no se resigna a ser un actor de reparto, de hecho Roy tampoco. En el medio Aída hace su juego y apunta a mostrarse como la cara renovada de un radicalismo que busca ampliar sus bases de sustentación apuntando al voto independiente. La pelea está planteada y se da precisamente cuando puertas adentro del justicialismo las diferencias se multiplican aunque la vuelta de Coqui podría terminar por zanjar las diferencias. El interrogante es cuando se produciría, y si se daría a tiempo. Por ahora Eduardo Aguilar y Domingo Peppo parecen actores excluyentes en la pelea de fondo.

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