La delgada línea entre el personaje y el candidato

Walter Brown

La historia de la política argentina muestra, elección tras elección, una mayor inclinación hacia el ambiente artístico y las personalidades deportivas.

La popularidad prima por sobre la formación a la hora de ungir candidatos, bajo la hipótesis de que el votante prefiere elegir a un nombre conocido. En esa línea se inscribe el desembarco de Miguel del Sel como candidato del PRO a gobernador en Santa Fe, precisamente, una provincia que hoy tiene como una de sus principales figuras políticas a quien alguna vez dio el salto desde la más glamorosa escena del deporte: el piloto Carlos Reutemann. El arribo de Lole se produjo en tiempos en que el menemismo también llevó a las urnas al por entonces motonauta Daniel Scioli y al cantante Ramón Ortega. Una estrategia probada en Estados Unidos, con Ronald Reagan y Arnold Schwarzenegger, y utilizada recientemente en Brasil con el ex futbolista Romario y el payaso Titirica. Pero en la Argentina no todas las apuestas de esta índole han sido exitosas. En tiempos no muy lejanos, se produjeron los intentos fallidos de Soledad Silveyra o Moria Casán, por citar algunos. Y más cerca aun, el de Nacha Guevara, quien dejó el Congreso antes de asumir su banca. Un hecho que reforzó la obligación de demostrar que el rol de candidato no implica una personificación más en la vida de un artista. La diferencia entre ser y parecer.

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