Cuando perder no es siempre perder

Cuando perder no es siempre perder
Cuando uno mira los resultados electorales del domingo 27 de octubre, ve un triunfo contundente de Massa sobre el kirchnerismo, pero que tiene distintas lecturas, independientemente de los intereses políticos y económicos que entraron en juego, y que subjetivan las opiniones y conclusiones vertidas. Para Scioli, la situación no es tan mala como se la presenta en los medios y en las reuniones políticas de barricada
Muchas veces, cuando se analiza la situación política sobreviniente a una elección, las conjeturas pueden ser múltiples, y tener distintas motivaciones objetivas o subjetivas, pero lo que siempre ha conformado el universo de la política es el axioma de Aristóteles de que la política “es el arte de lo posible”. Hoy toma más sentido que nunca, y cambia el paradigma impuesto por el kirchnerismo duro, que pareciera convalidar la definición de política de Carl Schmitt, quien la veía como “…un juego o dialéctica amigo-enemigo, que tiene en la guerra su máxima expresión…”.

Cuando uno mira los resultados electorales del domingo 27 de octubre, ve un triunfo contundente de Massa sobre el kirchnerismo, pero que tiene distintas lecturas, independientemente de los intereses políticos y económicos que entraron en juego, y que subjetivan las opiniones y conclusiones vertidas.

Muchas veces, en las contiendas electorales de la política hemos visto que “perder no siempre es perder, y ganar no siempre es ganar”. La sociedad no es idiota, a pesar de lo que piensan muchos políticos, que entienden que al pueblo hay que darle pan y circo, en una interpretación errónea de Maquiavelo.

La primera imagen que uno ve de los comicios del domingo es que Sergio Massa ganó, y contundentemente; pero cuando se pregunta el porqué, tiene múltiples respuestas. En primer lugar, un sector votó a Massa porque le gusta el candidato: es carismático, conciliador, dice que va en busca de intereses colectivos, etcétera. Un segundo grupo, bastante más importante, se inclinó por el intendente de Tigre sólo por el hecho de votar en contra del kirchnerismo. Esa gente se siente cansada y quiere un cambio; se cansó de Boudou, Randazzo, Cabandié, Moreno, Kunkel, Conti, Kicilof, etcétera. Muchos de esos votantes no saben que Boudou es un invento de Sergio Massa, que era su mano derecha, su hombre de confianza, y que fue el tigrense quien accionó ante Néstor Kirchner para que el actual vicepresidente escalara posiciones en el mundo kirchnerista.

Los desafíos que ahora le toca sobrellevar a Massa no son menores. Sabe que su construcción tiene apenas 120 días, lo que jugó a su favor, ya que en tan poco tiempo sus interlocutores no alcanzaron a pelearse; pero en un futuro va a ser de difícil conducción, incluso en el submundo de la política se la conoce como la “Armada Brancaleone”.

El candidato de Tigre tiene que salir a construir una base nacional para llegar a la Presidencia en 2015, y esa construcción política tendrá sus cimientos en los intendentes. Massa aprendió bien de su escuela menemista-duhaldista: sin poder territorial no hay conducción posible. En el kirchnerismo hay muchos funcionarios, pero muy pocos tienen poder; el poder siempre radicó en los jefes comunales, que en la actualidad no forman parte de la estructura de poder del kirchnerismo ni del sciolismo.

El panorama futuro del massismo es bueno, porque juegan a su favor las peleas de poder en el kirchnerismo, la falta de conducción y una imagen presidencial en decadencia por agotamiento del modelo; y, por sobre todas las cosas, sabe que no tiene que ganar la elección presidencial, sólo tiene que estar entre los dos primeros, porque en el 2015 la elección se dirime en balotaje, nadie ganará en primera vuelta. El que juegue en contra del kirchnerismo irá con viento de cola; si la elección es entre un kirchnerista y un opositor de ADN peronista, el país va a votar por el opositor, va a ser muy difícil que gane un kirchnerista que no tenga sangre real.

Para Scioli, la situación no es tan mala como se la presenta en los medios y en las reuniones políticas de barricada. Obviamente, perdió las elecciones, pero no con el sentido que el kirchnerismo quiere darle. Desde el comienzo, cuando se conocieron los primeros sondeos, los analistas sabían que Massa ganaba contra cualquier candidato kirchnerista; en la cúpula del poder nacional lo sabían, y decidieron tirarle la campaña a Scioli, para luego hacerlo el padre de la derrota.

En la lista no hay ningún candidato sciolista. Algunos dicen que Curuchet, el postulante marplatense, fue puesto por el Gobernador, pero no es real; Curuchet ya había firmado la lista a sabiendas de que lo hacía para confrontar a Scioli en su alianza con Massa.

La realidad es que si las elecciones no hubieran sido encabezadas por Scioli e Insaurralde, la derrota habría sido catastrófica. Todos los gobernadores saben que el mejor candidato del kirchnerismo es el bonaerense, y que después de varios amagos de internas dentro del espacio, el único en condiciones de confrontar con Massa, Binner, Cobos y Macri es Scioli; el kirchnerismo no tiene otro candidato que pueda triunfar en una segunda vuelta.

La gran mayoría de los sufragantes de Massa no votó en contra del mandatario provincial y del alcalde de Lomas de Zamora, votó en contra del kirchnerismo duro; la ausencia de la figura presidencial, la aparición de Boudou y el incidente de Cabandié causaron el vendaval, un aluvión de votos en contra del modelo. Si Massa fuera Presidente, Insaurralde seguramente sería funcionario de su gobierno.

Scioli todavía cuenta con su carisma y su buena imagen, sólo le falta gestión, no tiene en la Provincia resultados positivos para mostrar, y difícilmente logre revertir esto en el próximo año; pero cuenta con la ventaja de que no existe un político dentro del kirchnerismo que tenga su imagen positiva. Ninguno de sus competidores internos, como Uribarri, Capitanich o Urtubey, puede competir contra la imagen de Scioli; pueden ganarle una interna con el aparato del Gobierno, pero es muy difícil que puedan doblegarlo en una elección general.

El mandatario bonaerense está encaminado a gobernar su provincia, y está diseñando un cambio de gabinete que le permita contener la realidad social; en el ínterin caminará el país como solo él sabe hacerlo, su objetivo es tratar de conquistar el corazón del pueblo argentino. Esta vez, más que nunca, va a tener que confiar en su instinto, ya que sus discursos, que tienen la pluma de Fabián Perechodnik, hoy se ven opacados por la sintonía fina de Massa; el consultor va a tener que subir el nivel del discurso para penetrar la dialéctica massista.

Todas las acciones de marketing político van a estar dirigidas al período veraniego, donde todos los candidatos van a hacer un gran despliegue en el país, y esperar los imponderables de la política, que, como el fallo del Máximo Tribunal sobre la ley de Medios, hizo desaparecer a Massa de la escena política. En el mes de abril, cuando se lleven a cabo las encuestas, la sociedad va a determinar quiénes son los candidatos en carrera para ocupar el sillón de Rivadavia.

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