No pasaron muchas horas desde una ocasional ruptura entre el frente sindical y el territorial en el oficialismo, después de los deseos de los seguidores de Hugo Moyano por hacer escuchar sus inquietudes por un clima que consideraron como de plena persecución.
Por ejemplo, volvió a ser tema de análisis, discusión y motivo de distintas operaciones la odisea por un lugar en la fórmula que encabeza Daniel Scioli.
Tras el efecto del denominado "Huracán Moyano", el sciolismo parece haber quedado un tanto condicionado por su tibio apoyo durante aquella supuesta embestida de la Justicia suiza para investigar al líder de la CGT. Las declaraciones públicas y los comunicados no pueden clasificarse como categoría perteneciente al rosario de apoyos que recibió de otros sectores políticos.
Moyano redobló su apuesta tras la frustrada medida de fuerza que se iba a realizar el lunes pasado. Avanzó aún más con la posibilidad de un vicepresidente de origen gremial. Después de esto, pueden pasar tan sólo horas hasta que ese mismo reclamo se formalice respecto de la fórmula provincial.
Tras meses de una versión que daba cuenta de la incorporación del diputado provincial, y moyanista químicamente puro, Jorge Mancini, su potencial se desdibujó y ahora suena con mayor fuerza el diputado nacional y secretario del Sindicato de los Canillitas, Omar Plaini. Se trata de alguien que se ha sumado a la lista de operadores y escuderos, incluso ante los medios, para defender al proyecto nacional kirchnerista desde la óptica sindical.
Lo cierto es que, además del moyanismo, otros sectores del kirchnerismo disputan con mucho apetito político formar parte del lugar de sucesión de Daniel Scioli, porque es así como debe entenderse el segundo lugar de la fórmula provincial.
En el filtro selectivo hacia la definición se han escuchado postulaciones de parte del titular de la ASFCA, Gabriel Mariotto; del ministro del Interior, Florencio Randazzo, y de otros dirigentes que tienen un común denominador: son impulsados desde estructuras en la cual ellos mismos son sus principales referentes.
En algunos casos, se trata de estructuras hasta con mayor peso en el escenario interno del PJ bonaerense que el propio sciolismo. Respecto del oficialismo más puro y cercano al sillón del gobernador, hubo algunos tibios intentos que están en vías de incubadora y que no han prosperado. Por caso, alguna experiencia lanzada desde despachos oficiales que transformaba a funcionarios en dirigentes territoriales, que tuvo alguna realización durante los últimos meses, pero que no logran imponer la agenda de discusión interna.
Es tal vez por la propia debilidad de ejercer ese poder interno que Scioli no atinó aún a hablar del tema. Si ese poder existiera, un mandatario con tamaña intención de voto podría imponer, sin ningún reparo, un acompañante propio en la fórmula.
Esperar propuestas da una imagen de debilidad, y esperar la última palabra desde la Casa Rosada también supone similar interpretación.
La observación más cruda es que vuelve a escribirse una novela sobre la "manzana rodeada" donde su custodio es Daniel Scioli, aunque no su exclusivo referente. Una segunda edición de aquella escrita en 2007 cuando no sólo se trató de una fórmula, sino de listas de legisladores, de concejales, armadas con muy poca intervención de Scioli. Y también significó que tampoco pudiera imponer, al menos en su momento, a un hombre de su entorno en la presidencia de la Cámara de Diputados bonaerense.
El desgaste interno en las lides de construcción del escenario político interno puede preocupar, pero no desgastar a Scioli. Su imagen sirve para ganar elecciones y así lo ha demostrado. Pero su poder sigue condicionado. Su garantía de posible victoria en las elecciones, midiéndose con ocasionales rivales que ya han desistido de competir debería darle un importante poder de negociación, según el abc de la política.
Pero la hipótesis indica que Scioli no ha sabido, no ha querido o no ha podido ejercer ese poder de negociación. Al menos no lo ha demostrado hasta el momento. Pero le sirve seguir integrando esta sociedad de conveniencia con el kirchnerismo, más allá de desengaños y frustraciones por decisiones ajenas a su sentir y convicción.






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