Cristina tiene la chance de no repetir el error de Menem

Como la Presidenta mencionó ayer un artículo sobre el economista Kenneth Rogoff que había leído en El Cronista, hay derecho a pensar que también podría leer este editorial. En ese caso, lo primero es reconocer la gran elección que Cristina hizo el domingo para consolidarse como gran favorita a obtener su reelección en primera vuelta el 23 de octubre.
La victoria fue muy pareja en lo geográfico y también en lo social. El voto kirchnerista sólo fue superado a nivel presidencial en San Luis (la tierra de los Rodríguez Saá) y está claro que penetró tanto a los segmentos de clase alta y baja como a los sectores medios. Hubo voto urbano y voto rural. A Cristina no le faltó nada para alzarse con el 50% de las voluntades.

El registro más parecido a lo que logró Cristina el domingo fue la reelección de Carlos Menem en 1995. Le faltó poco para llegar al 50% pero también cabalgó la bonanza económica del uno a uno; cosechó de todos los estratos sociales y le sacó 20 puntos de ventaja a su adversario más inmediato, el mendocino José Bordón que intentó alcanzarlo desde el experimento político de un peronismo más transparente. No hubo caso. Menem resistió las denuncias por corrupción; por los escasos controles del Estado al capital extranjero que llegó en tropel y las críticas feroces a su estilo exhuberante pleno de Ferraris, María Julias y habitantes de la farándula menemista.

El error de Menem fue creer que la avalancha de votos era un aval también para sus debilidades. Poco después de ser reelecto, se sacó de encima a Domingo Cavallo y la profundización de la crisis económica en el mundo empezó a hipotecar su gestión al tiempo que caía el nivel de consumo. La fiesta terminó mal y el legado menemista para el peronismo fue la derrota previsible de Eduardo Duhalde a manos de la Alianza.

Atenta como pocos dirigentes a las acechanzas del espejo menemista, Cristina haría bien en extraer las conclusiones correctas de su apabullante elección del domingo. Ni siquiera un resultado electoral de esa magnitud puede ocultar la inflación creciente, o los niveles demasiado evidentes de pobreza e inseguridad que acompañan su gestión sólo para mencionar tres dificultades del modelo cristinista. Inteligente y experimentada, la Presidenta sabe cuáles son sus punto débiles como sabe también que el momento ideal para superar los baches es ahora cuando exhíbe su fortaleza electoral.

Después del domingo, se puede decir que la democracia restaurada en 1983 tiene ya cuatro grandes referentes políticos. Raúl Alfonsín avanzó en lo institucional y retrocedió en lo económico. Menem atrajo las inversiones externas pero mantuvo el endeudamiento y se dejó llevar hacia la siguiente crisis. Néstor Kirchner desendeudó al país pero marchaba hacia el colapso de su era política en brazos de la confrontación extrema. Hoy es Cristina la que cuenta con la gran oportunidad de transformar un extenso ciclo económico positivo en un cambio de vida sustancial para el combo social que la acompaña con el voto. Los dirigentes que logran ir más allá de los vaivenes temporales pasan a ser considerados estadistas. La Presidenta podría ser uno de ellos si toma las decisiones correctas ahora que está bendecida por el electorado.

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