Los funcionarios más allegados a Mauricio Macri analizaban anoche cuánto podría llegar a afectar la imagen del líder de Pro y del mismo gobierno porteño la citación a indagatoria por las escuchas ilegales, efectuada por el juez Norberto Oyarbide, y también cuánto podría alterar las filas macristas, entre las que ya habían surgido diferencias por el escándalo que terminó con el alejamiento de Jorge Palacios y de Osvaldo Chamorro.
Se encargaron todos los interlocutores de insistir en la falta de independencia de Oyarbide, apenas conocida la decisión. "Atacar a dirigentes opositores con jueces adictos es lo único que le faltaba al gobierno kirchnerista. Oyarbide no es independiente; responde a intereses que no son los de la gente ni los de la Justicia", dijo el secretario general del gobierno, Marcos Peña, a LA NACION.
Y es que integrantes de las primeras líneas del gobierno, incluido Mauricio Macri, están convencidos de que el embate pretende frenar la carrera presidencial del líder de Pro.
Precisamente por esta convicción que se hizo carne en el macrismo, o sea, por el ataque "sin precedente" al jefe de gobierno, anoche los principales colaboradores de Macri evaluaban que no habrá ninguna sangría dentro del gobierno porteño.
"Las diferencias pueden haber existido a fines del año pasado, acerca de la contratación de Palacios y sus consecuencias. Ahora, todos entendemos que esta citación no guarda relación con la verdad. Sabíamos que iba a suceder; lo conversamos y lo evaluamos", revelaron, a la espera de cómo continuará la historia.




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