Es una de las tres regiones con mayor desempleo y donde vive un cuarto de los argentinos. En la cabecera del partido de Presidente Perón los locales del centro y las ferias informales están despobladas de clientes, mientras vuelve el trueque pero organizado por redes sociales. Mucho trabajo, poco dinero, menos salud y más inseguridad.
Alejandro Rebossio
En Guernica, tercer cordón bonaerense, no cayó un bombardeo nazi como en la Guernica española en 1937 ni se oyen gritos ni llantos como los del cuadro que inmortalizó Pablo Picasso. Pero sí derrapó el consumo como en ningún otro lugar del Gran Buenos Aires, donde vive un cuarto de los argentinos, y se nota en que este miércoles hay más feriantes y manteros que clientes en la feria informal de la plaza de la escuela 13, un pastizal de una manzana sin juegos, rodeada de casas bajas, como en casi todo Guernica.
Kicillof suspende las cajas de alimentos MESA que entregan las escuelas y culpa a Milei por desfinanciamiento
Feria de la plaza de la escuela 13 en Guernica Alejandro Rebossio.
“Vos ves la feria como está... vacía. Solamente somos los puesteros”, comenta Jeanette Castilla, que vende productos de almacén en esta feria que nació en la pandemia, mientras Guernica era noticia nacional por las tomas de tierras por parte de 1.900 familias. Esta es la cabecera de Presidente Perón, el partido del conurbano donde más cayeron las ventas en el primer trimestre de 2026, un 18,5%, según un informe del Banco Provincia a partir de las operaciones con sus tarjetas de débito, crédito y Cuenta DNI. Apenas por encima aparece Florencio Varela y General Rodríguez (-15%), Merlo (-14%), José C. Paz, San Vicente, Almirante Brown y Ezeiza (-13%) y Pilar, Berazategui y Avellaneda (-12%).
“Los precios subieron. Por ejemplo, lo que manejo yo, 100 o 200 pesos por producto. Y en este sector de Guernica hay mucha gente que prácticamente vivía de los planes”, comenta Jeanette, un día después de que vecinos se manifestaran por estos pagos en reclamo contra la eliminación de los $78.000 del programa Volver al Trabajo –un fallo ordenó restituirlo, pero el Gobierno apeló–. “Acá hay poca gente que trabaja en capital, que va y viene diariamente porque son $6.000 de boleto ida y vuelta para un sueldo mínimo de 30.000 o 35.000 por día”, continúa la vendedora ambulante. A principios de año su feria estaba abarrotada de manteros, pero la intendenta Blanca Cantero, massista, ordenó que se retirasen los que no fueran de Guernica y se marcharon a ferias de otros pagos.
“Este año, para atrás. Mal, mal, mucha gente saca ropa de su casa y viene a vender, se ponen una mantita, la competencia es mucha y no se vende nada”, lamenta Margarita Ezeiza, que vende ropa usada mientras su marido hace lo propio con muebles que compra con su camioneta y a golpe de megáfono en la ciudad de Buenos Aires. Son de los pioneros de la feria de la plaza de la escuela 13, como la llaman. “A veces me voy con $2.000 a veces con 3.000, a veces con 10.000, 20.000, según la fecha que sea. Antes se vendía bien, podíamos juntar plata. Venias contento y te ibas contento. Ahora no”, se entristece.
Locales cerrados y otros abiertos pero sin clientes en el centro de Guernica. Alejandro Rebossio.Verdulerías, importados y el regreso del trueque
La malaria de esta plaza puede que sea un caso extremo, pero para nada aislado. elDiarioAR conversó con tres intendentes, tres manos derechas de otros jefes comunales y tres referentes barriales de organizaciones sociales y la descripción de la crisis se repite, sin distinción desde este sur del Gran Buenos Aires hasta el oeste y el norte. Los alcaldes cuentan que la recaudación se les cae, pero les crece el pedido de vecinos por trabajo y comida –preocupa la suspensión del reparto de cajas del plan Mesa, por la que el gobierno bonaerense culpa al nacional–, cierres y despidos en fábricas y comercios –admiten que a los locales también les afecta la venta electrónica–; pauperización de negocios, donde había una perfumería abre una verdulería; boom de oferta de productos de importados baratos, aunque tampoco consiguen muchos clientes.
La gente que está con las aplicaciones andan 16 horas por día porque tiene que pagar el alquiler del auto $60.000 por día más 30.000 o 40.000 porque son todos a nafta
Daniel — Remisero en Guernica
La lista sigue con algo más de inseguridad –San Isidro, Morón y Avellaneda crearán su policía local, a imagen y semejanza de otros partidos de diverso color político como Escobar y San Miguel–; más gente en situación de calle, incluidos adultos mayores; agobio de clases media y baja por los alquileres, las tarifas y el combustible, que impacta en automovilistas y usuarios de un transporte público que circula menos e irrita más.
Y también registran un nuevo regreso del trueque pero a través de las redes sociales; trabajadores que deben tener varios empleos y no descansan; malestar de la salud física y mental en tiempos de recortes nacionales en medicamentos y vacunas que se daban en salitas municipales y de desatención en las obras sociales –los despedidos pierden su cobertura–; los que apuestan a las apps de chofer o repartidor, otros que se suman a las ferias o recorren las calles ofreciendo pan; más jóvenes drogándose en las esquinas, más ausentismo escolar en familias rotas; comedores que funcionan menos días pero reciben más demanda; hartazgo, apatía y desilusión de cada uno en su casa, sin conflictividad social por ahora, por falta de liderazgo político alternativo.
La destrucción del empleo
“El desafío es la elección en el Gran Buenos Aires el próximo año”, advirtió hace pocos días uno de los economistas que más admira Milei, Ricardo Arriazu. En una presentación del fondo BlackToro Asset Management, advirtió que la destrucción de empleo en el conurbano, zona industrial, es más rápida que la creación en Vaca Muerta o las provincias mineras. Claro que el reto no sólo para el Presidente sino también para el gobernador bonaerense y aspirante a sucederlo, Axel Kicillof. El desempleo en el conurbano llega al 9,5%, la tasa más alta del país, al igual que en La Plata y Río Gallegos.
En el centro de Guernica, por la calle Jauretche, también escasean los clientes y sobran las ofertas, incluso al 50%, y a pagar con tarjeta de crédito... para el que no esté sobreendeudado ni moroso. Una farmacia y una óptica advierten que no atienden a los jubilados del Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), mientras se luce una nueva sucursal de esas cadenas que venden medialunas a la mañana y a la tarde y empanadas al mediodía y la noche, Ricatti.
También se repiten los locales vacíos. “Normalmente aquí en la Jauretche, entre calle 7 y 8 se desocupaba un local y a los dos días ya estaba alquilado. Ahora hay cuatro locales desocupados”, comenta Angie Quintana, que atiende un negocio de ropa. “La economía ha bajado un montón. Y no solamente en ropa. En cualquier local que vas, escuchás decir que ha mermado muchísimo desde las fiestas”, añade Angie, que vende prendas nacionales e importadas. No entiende qué sucede, pero oye que hay más inflación y “no hay plata”, como dijo Milei el día en que asumió la presidencia hace dos años y medio.
Un cartonero y un local nuevo de empanadas y medialunas en el centro de Guernica. Alejandro Rebossio.“La salida es con el celular”
“A mí me despidieron hace un año y medio de un trabajo que tuve 17 años y no me quedó otra que ponerme a hacer remís”, cuenta Daniel, de 59 años. Como tenía un auto de más de diez años, no pudo sumarse a Didi ni Uber. Y como la competencia con esas apps resulta feroz en precio, Daniel confiesa: “La baja del consumo es tremenda y la competencia de Didi es tremenda, llegaron cobrando $500, ahora están a $1.800 o 2.000. Vamos directo al cierre y ya no nos queda otra. Somos toda gente grande que no conseguimos trabajo. La gente que está con las aplicaciones andan 16 horas por día porque tiene que pagar el alquiler del auto $60.000 por día más 30.000 o 40.000 porque son todos a nafta”, se queja el remisero de Guernica del impacto de la guerra de Irán.
“La salida es con el celular: las apuestas online, las estafas, Onlyfans”, alerta que es no sólo Uber y Rappi el exsecretario general de Unión de Trabajadores de la Economía Popular y esposo de la intendenta de Moreno, Esteban Castro, alias Gringo. “Hay alimentos caros y objetos baratos hechos China. El Uber está barato porque está estallado de choferes. Hay comerciantes en caída libre que ahora cobran lo mismo que sus empleados. Avanza informalidad. Hay mayor nivel de marginalidad, más gente en calle, más nivel de violencia, desde delincuencia hasta pelea de vecinos. En las ferias se ven productos contrabandeados, pero hasta leche y comida. Hay implosión social porque ya no tenemos la capacidad de organización en la calle, antes garantizábamos el alimento en los comedores -el Gobierno cortó ese suministro y lo compensó con más asignación universal por hijo (AUH)-. Hay protestas por los $78.000 del Volver al Trabajo. Cuando la estapa está seca, cualquier llama la prenda. Por ejemplo, con los que colectivos que no pasan y van llenos. Sólo podrán frenarlo con represión”, completa Castro.
Hay mayor nivel de marginalidad, más gente en calle, más nivel de violencia, desde delincuencia hasta pelea de vecinos. En las ferias se ven productos contrabandeados, pero hasta leche y comida
Esteban Castro — Exsecretario general de Unión de Trabajadores de la Economía Popular
Otra mano derecha de un intendente pero de zona sur observa despedidos abriendo kioscos en su casa pero sin ventas, vecinos que llevan sus cubiertos y platos a rematarlos en la tradicional feria de San Francisco Solano y clase media que tarjetea la carne o se va de la salud y la educación del sector privado al Estado. Un asesor, pero de zona norte y de la centroderecha, reconoce que hay más inseguridad, “a fin de mes te roban la garrafa o la bici”, pero destaca como positivo que los que antes vivían de planes sociales ahora tengan que trabajar a destajo del amanecer a la anochecer y que los negocios ganaron en eficiencia. “La gente valora que los precios ya no suban tanto”, confía en que Milei puede reelegir en 2027, más allá de la crisis actual no sólo en el conurbano bonaerense sino también en otros centros industriales, como los de Córdoba y Rosario.
Las bolsas de frutas y verduras, la moda barata en las ferias de Guernica. Alejandro Rebossio.
En Presidente Perón no hay tantas fábricas como sí countries, pero el costo de la construcción en dólares ha ralentizado las obras en general en el conurbano. También marcha lenta la edificación de más de 800 viviendas para parte de las familias que participaron de las tomas de 2020, como la de Ana Torrado, quien entonces empezó a militar en el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL). Esperan respuesta del gobierno bonaerense, mientras sobreviven.
“Vamos a otras localidades para hacer las compras del día a día”, cuenta Ana, al señalar que los supermercados de la zona apuntan al bolsillo de los vecinos de los barrios cerrados. Y ex“lica Lo que más se ve comparativamente a un año y medio son los vendedores ambulantes, los feriantes, los manteros, en todas las plazas, frente a las escuelas, vendiendo churros, bolitas de fraile o cosas saladas. Se va replicando ahora el trueque. ¿Me conviene vender una campera que mi hijo va dejando o me conviene cambiársela a alguien que tenga una campera más grande o ver por qué cambiársela? Te contactás en Facebook o grupos de Whatsapp y quedás en un punto de encuentro, en la estación de tren o la municipalidad.”
¿Me conviene vender una campera que mi hijo va dejando o me conviene cambiársela a alguien que tenga una campera más grande o ver por qué cambiársela? Te contactás en Facebook o grupos de Whatsapp y quedás en un punto de encuentro, en la estación de tren o la municipalidad
Ana Torrado — Vecina de Presidente Perón
En La Matanza, otra militante de barrios populares que también se movilizó por el plan Volver al Trabajo, Victoria Cardozo, suman pinceladas al cuadro del Gran Buenos Aires: “La gente ya no come carne. La fruta es muy cara. Cada vez más jóvenes en consumo (de drogas). Los chicos salen a robar cada vez más chicos. La asistencia a clase bajó. El otro día hablaba con unos pibes que salen a vender pan casero y no habían vendido ni uno”.
Al norte del conurbano, Emilce Lumbrera, militante que mantiene un comedor en un barrio de Campana, aporta lo suyo después de una larga jornada cocinando hamburguesas, albondigas, empanadas y sorrentinos para vender: “Mucha gente buscando comida en los tachos. Empresas que te exigen trabajar 14 horas y si no te gusta, que venga otro. Hay pibes quemados por la droga, van como zombies”.
Ofertas en una casa de zapatillas en Guernica. Alejandro Rebossio.
Ana va del centro de Guernica, a donde manda a su hijo a la escuela, hasta su asentamiento por la Jauretche. Después de diez cuadras céntricas se pasa a un barrio de clase media trabajadora. Allí, Miguel Vieyra, que antes trabajaba en un supermercado, abrió una de las tantas tiendas de artículos de limpieza hace un año y medio. “Se nota que hay una baja de las marcas un poco más costosas”, admite a pesar de repetir el discurso del gobierno de Milei de que en el gobierno anterior los consumidores se sobrestockeaban por temor a la suba de precios. A media cuadra de allí, la panadera Laura, de 28 años, celebra que “las ventas están bastante bien, aunque hay más competencia porque muchos empezaron a abrir más locales”. En cambio, en una lateral de la Jauretche, en una verdulería armada con tablones al frente de una casa, otra joven confiesa que cada vez vende menos porque la gente trabaja pero no le alcanza.



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