Una columna vertebral que comienza a desmoronarse

Las detenciones de Juan José Zanola y José Pedraza, deja al descubierto que la tan mentada "columna vertebral" del kirchnerismo que representaba la CGT, se viene cayendo a pedazos. Por qué el sindicalismo moyanista ha dejado de ser la pata fuerte del modelo K, y las internas que sumergen a la central obrera oficial en una profunda crisis
Hace mucho tiempo que la relación de la sociedad con el sindicalismo viene en capa caída, y las detenciones de Juan José Zanola y Gerónimo “Momo” Venegas por la mafia de los medicamentos, se le sumó el pasado martes el arresto del líder de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza, por el crimen del joven militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, lo que ha llevado a un nuevo descreimiento por parte de la sociedad de la vieja estructura sindical argentina.

La creciente conflictividad social ha llevado a que la CGT que conduce el camionero Hugo Moyano, se aglomere detrás de las políticas del gobierno nacional, sin hacer el más mínimo caso a los pedidos de las bases, lo que ha repercutido fuertemente hacia el interior de los sindicatos, ya que son cada día más las comisiones internas que no reportan a los históricos líderes cegetistas, sino que buscan nuevas alianzas con sectores hasta entonces esquivos a las maniobras gremiales.

Sabiendo del descrédito popular que viene teniendo la central obrera y de la caída en la consideración pública que tiene el kirchnerismo, diversos sectores de la CGT , encabezados por los “Gordos”, ya comienzan a plantearle seria discusión interna al camionero, y a aislarlo políticamente al interior del aparato sindical.

Que Moyano haya salido en defensa de Venegas, un rival político interno al camionero en la central obrera, y haya elegido el silencio a la hora de la detención de Pedraza, llevó a los Gordos a plantearse directamente la posibilidad de ir por la cabeza del titular de la CGT y aislarlo políticamente al interior de la misma, siendo los abanderados en esta pelea, Carlos West Ocampo de Sanidad, Armando Cavalieri de Comercio, Oscar Lezcano de Luz y Fuerza, y Gerardo Martínez de la Uocra.

El comunicado lanzado hace unos días atrás a favor de la liberación del mandamás de Uatre, fue otra de las derrotas internas que debió padecer Moyano, ya que sólo él, Julio Piumato y Juan Carlos Smith estaban en contra de lanzarlo, contra todo el resto de la central obrera que pedía acuartelarse detrás de la figura de Venegas, pidiendo su libertad y exigiéndole al gobierno nacional el fin de la “persecución política” hacia el sindicalismo argentino.

Todas estas acciones, parecen desmoronar a lo que el verborrágico Aníbal Fernández llamó luego de la muerte de Néstor Kirchner, la “columna vertebral” del kirchnerismo, poniendo el operativo reelección de Cristina Fernández en un pequeño impasse hasta tanto no se hayan calmado las aguas tanto dentro del peronismo como del gremialismo, dos históricos aliados en la Argentina , que de a poco parecieran darle la espalda al gobierno nacional.

El debilitamiento de Moyano y de la CGT kirchnerista que él comanda, no se da tanto por cuestiones políticas que tengan que ver en la relación estrecha que ambos mantienen, que a pesar de verse vaqueteada en los últimos tiempos, sigue firme por la labor de Julio De Vido y Juan Carlos “Chueco” Mazzón, lo que no hace más que mostrar las enormes falencias que existen hacia el interior del proyecto “nacional y popular”.

Aquella institución que supo ser el punto de partida para un Néstor Kirchner totalmente desconocido para la gran mayoría de la sociedad, y que le sirvió para escalar posiciones en el electorado nacional, pasa a esta situación en la que estar del lado del moyanismo, significa apoyar las patotas sindicales involucradas en crímenes arteros, la destrucción de las obras sociales y el virtual “envenenamiento” con los medicamentos vencidos, por lo que desde el oficialismo más duro, comienzan a despegarse de ciertas actitudes, que serían totalmente “piantavotos” en medio de un año electoral.

Es así que en las altas esferas K ya han comenzado a bajarle el pulgar cada vez más a Moyano, de ahí la poca preponderancia que haya tenido en muchas de las últimas medidas lanzadas por el Ejecutivo, poniendo cada vez más en un lugar preponderante a otros dirigentes como el titular del gremio de los Judiciales y Omar Plaini, que trabajan en forma denodada por el proyecto K, siendo los principales defensores del modelo dentro del sindicalismo.

La lucha interna dentro del PJ por la conducción del partido y por ver cuál es la política que debe regir al movimiento, sigue dándose a gran volumen, sobre todo entre la tropa leal al pensamiento K y aquellos que creen que se debe hacer un profundo cambio, barajar las cartas y dar de nuevo, comenzando de cero en la relación entre el peronismo y la sociedad.

El acercamiento con los gremios que cuestionan el personalismo de Moyano y que en los hechos han dividido a la cúpula cegetista también representa un avance estratégico para Duhalde, quien emte cuña cada vez que pueda al interior de la central obrera, tal como sucedió hace pocos días con la detención del Momo Venegas, cuando el lomense fue el artífice político central para pedir su liberación, lo que le ganó fuerte consenso de varios de los popes sindicales.

Pero otro de los problemas que atraviesa la relación entre la CGT y el gobierno, es el avance cada día más grande que tiene la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos), que a pesar de no contar con la personería gremial gana adeptos en forma constante, llegando a los más de dos millones de afiliados, y que en las elecciones del año pasado, le dio un espaldarazo a un modelo de independencia sindical, que comandan Pablo Micheli y Víctor de Gennaro, dos hombres que marcadamente están del otro lado del mostrador K.

El sindicalismo siempre ha estado ligado históricamente en nuestro país al peronismo. Con la llegada de la CTA, la CGT perdió el monopolio sindical al que estaba acostumbrado por más de medio siglo, y la lucha de celos y egos entre los dirigentes no se hizo esperar, desatando una guerra silenciosa que parece haberla ganado la CTA ya que cada día está más cerca la libertad sindical en la República Argentina.

La máxima central de trabajadores del país, atraviesa por una de las peores etapas en su relación con la sociedad y eso queda de manifiesto en cada una de sus acciones, que más que sumarle a la central obrera para reconstruir el vínculo perdido en los ’90 por su apoyo al modelo neoliberal de Carlos Menem, le resta.

Un problema complejo que atraviesa el sindicalismo y la clase política nacional, que ante el surgimiento de nuevos líderes sindicales, que no responden a las antiguas estructuras partidarias de la CGT, ven resurgir conflictos sociales que pueden poner al país al borde de un colapso parecido al del 2001, y que ponen en riesgo todo lo construido durante años y que transformó al sindicalismo en una burocracia muy difícil de desarmar para aquellos que quieren hacer las cosas de distinta manera.

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