Julio Cobos entendió que el envión que le dio su comentadísimo voto no positivo de julio del 2008, definitivamente se agotó. Y decidió en consecuencia.
Luego de algunos meses, amplios sectores de la sociedad comenzaron a darse cuenta de que Cobos era parte del mismo gobierno al que enfrentó, dejando un antecedente institucionalmente grave para las fórmulas presidenciales que vengan.
Otros evaluaron que ya era hora de que el ingeniero dejara el cargo, cortando con la ficción de que era un departamento independiente del Poder Ejecutivo Nacional. No alcanza en las grandes ligas de la política argentina tener cara de bueno, ser amable y hablar en tono pausado. Cuando Cobos impostó su personalidad para hacerse un nombre, a codazos, entre animales políticos de verdad, chocó con todo el poder kirchnerista, mandado a hacer para las peleas dialécticas.
Con la imagen en alza de Cristina y de la gestión nacional, más el inconsistente entramado opositor, sabiéndose en caída libre en la consideración popular, y con la UCR dándole la espalda en favor de un radical puro como Ricardo Alfonsín, Cobos jugó su última carga: lanzó la idea de aliarse con Eduardo Duhalde y/o Mauricio Macri. Fue demasiado.
Una versión que anda dando vueltas dice que el ingeniero recibió una reciente encuesta, de una consultora insospechada de oficialista, donde figuraba con una intención de voto penosa. Así, con ese dato en la mano, entendió que no habría forma de doblegar a Alfonsín y al aparato radical el 14 de agosto apoyándose en el supuesto favor del electorado independiente. Fue la gota que terminó de inclinar la balanza hacia una decisión drástica.
Así, terminaron casi tres años de estrellato en la política nacional. Ahora habrá que ver si el ingeniero de la Sexta Sección da el paso más lógico y vuelve al pago chico, a probarse como candidato a gobernador, y enfrentar primero a radicales que lo quieren poco y nada, y luego al PJ mendocino, en alza. Todo un desafío.




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