Cipolletti puede asegurarse en las próximas elecciones el vicegobernador si Arriaga finalmente compite contra Weretilneck por ese cargo.
El rol clave que asume la ciudad hoy tiene que ver con la paridad de fuerzas que exhibe el tablero político de Río Negro. Por un lado, se alza la figura de Soria, que confía mucho en un respaldo masivo de votos en General Roca y en una ayuda clave de votos de Cipolletti, vía influencia de Weretilneck. Por el otro, surge Barbeito, recientemente consagrado en una interna dura pero muy participativa, quien también busca desequilibrar en la ciudad, con el aporte de Arriaga.
Las demás candidatos y fuerzas en disputa, que nunca debieran pasarse por alto, porque hacen a la expresión democrática, tendrán, sin embargo, poco espacio para brillar en unos comicios que, como ha quedado demostrado en Catamarca y Chubut, estarán seguramente muy polarizados, reduciendo al mínimo, es de prever, la incidencia de terceros en discordia.
De confirmarse entonces la postulación de Arriaga para la vicegobernación, Cipolletti se aseguraría un peso político importante en el futuro esquema de gobierno provincial. Será él o será Weretilneck el futuro titular de la Legislatura, un lugar desde el cual se podrán delinear iniciativas y propuestas que favorezcan en mayor medida al Alto Valle Oeste, cuya cabecera indicutible está en la ciudad.
Weretilneck puso en marcha su ambición hace ya unos cuantos meses. Solo o acompañando al postulante a gobernador, está recorriendo las distintas localidades de la provincia. A ellas lleva los ejes movilizadores de su modelo de gestión local y también su proclamada voluntad de transformación y sus críticas frontales a la administración de Miguel Saiz.
Arriaga, en tanto, todavía deberá dar el sí definitivo al ofrecimiento radical de darle lugar en la fórmula, pero la mayoría de los trascendidos indica que aceptaría. La propuesta oficialista sería muy jugosa en la concesión también de otros puestos expectantes, lo que la haría difícil de rechazar. El referente, que en lo personal desería volver a ser intendente, haría lugar al realismo político y aceptaría un ofrecimiento que lo reinstala en el primer plano de Río Negro. De todos modos, se verá. No quedan muchos meses para las elecciones provinciales. Se habla de agosto o septiembre. Pero en la previa a la gran disputa, Cipolletti ya cobra una dimensión que le da un fulgor distinto en el mapa del poder. Que ello se concrete indefectiblemente dependerá de que se jueguen las dos cartas y una de ellas muestre la alegría y el festejo de un cipoleño triunfador.



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