Cuarenta años después del golpe, los chilenos no llegan a un acuerdo sobre su evaluación de la dictadura
En medio de una campaña electoral que se anticipa demasiado predecible, los medios, los políticos y la población optaron por poner toda su atención en la efeméride de un golpe, cuya justificación aún es tema de debate en la opinión pública chilena.
De esta forma, volvieron a crisparse los ánimos, postergando cualquier asomo de definitiva reconciliación entre los dos bandos que propiciaron, en mayor o menor medida, el quiebre democrático de 1973 y sus inenarrables consecuencias: 3200 muertos y desaparecidos, además de unos 38.000 torturados y detenidos políticos.
En un país que aún no consigue recuperar del todo su castrada memoria y en el cual increíblemente aún se usan eufemismos como "pronunciamiento" y "gobierno militar" en lugar de "golpe" y "dictadura", la larga retahíla de abusos y crímenes, cometidos en el nombre de la democracia y la guerra contra el marxismo, campea en diarios, revistas y programas de TV, volviendo a despertar el infeliz recuerdo de gente que moría, cuerpos que no estaban, y hombres y mujeres que lloraban hasta el amanecer.
Así, pudieron verse sorprendentes registros de la época y reveladores testimonios actuales, que van desde los días de escasez y desorden social de tiempos de Allende, pasando por las torturas contra niños en la dictadura, hasta la versión de un mecánico de la fuerza aérea que reconoció haber visto cómo tiraban cuerpos desde los aviones al mar para ocultar la evidencia.
Sin embargo, varios sondeos de opinión muestran cierto hastío de la población. "Los chilenos lo consideran un tema importante, pero perciben un aprovechamiento político y sienten que desplaza a otros problemas que les son más acuciantes, como la seguridad, la salud y la educación", dijo a LA NACION el director de la consultora de opinión pública, Conecta Research, Luis Argandoña.
Banderas cubanas, en el mausoleo. Foto: AFP
Por estos días, las librerías chilenas también están atiborradas de títulos dedicados al golpe. Allende, la biografía , del español Mario Amorós; Doña Lucía, biografía no autorizada de la viuda de Pinochet ; La CIA en Chile; Volver a los 17; Golpe: 11 de septiembre de 1973, y El día que murió Allende, entre otros, revisitan uno de los períodos más oscuros de la historia latinoamericana.
También se destaca una fascinante exposición de libros prohibidos durante la dictadura, hermanada con la tragicómica constatación de que varios volúmenes sobre pintura "cubista" fueron requisados en 1973 por sus "posibles y peligrosos vínculos" con la isla de Fidel Castro.
Precisamente, la gran discusión política empezó con un libro, titulado Las voces de reconciliación . Editado por el senador derechista, Hernán Larraín y su par socialista Ricardo Núñez, incluye textos de los ex presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, y también del actual mandatario, Sebastián Piñera, entre otros.
"Pido perdón. Ésta es mi voz para la reconciliación, pero es necesario oír la de todos", dijo Larraín, en una tensa conferencia de prensa que incomodó a toda la derecha y que terminó, pocos días más tarde, con el propio Piñera hablando de "cómplices pasivos" de la dictadura, lo que fue interpretado como un mensaje a un buen número de políticos oficialistas.
El testimonio lo recogió la candidata oficialista a la presidencia, la ex ministra Evelyn Matthei, quien zanjó toda duda con una sentencia clara y firme. "Yo tenía 20 años cuando ocurrió el golpe, no tengo de qué pedir perdón", retrucó Matthei, hija de un ex integrante de la junta militar, el general Fernando Matthei.
La justicia, el único poder del Estado que no fue intervenido, rechazó durante la dictadura más de cinco mil recursos de amparo. Presionada por las disculpas oficiales del gremio de los jueces, el saco debió ponérselo entonces la Corte Suprema, acaso el órgano que miró con mayor frialdad y distancia las crecientes denuncias por violaciones a los derechos humanos y desapariciones durante aquellos 17 años, y cuyo pleno admitió tibiamente hace unos días "graves acciones y omisiones".
Los ex colaboradores de Pinochet, en tanto, descartaron rotundamente cualquier acto de contrición.
"Desde el punto de vista político, no tengo motivos para pedir perdón: impedimos una guerra civil, se trató de hacer progresar al país y de impulsar una institucionalidad que nos permitiera llevar a Chile a los niveles en que hoy está", dijo el ex vicecomandante en jefe del ejército, general Guillermo Garín, uno de los más cercanos a Pinochet
"Discrepo que se asigne que aquí hubo una política de Estado de violación de derechos humanos", agregó el ex ministro civil del Interior de la dictadura, Carlos Cáceres.




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