Celso y Cleto, dos que no están

El vicepresidente y el gobernador son los mendocinos con más alto cargo ejecutivo. Ninguno competirá en octubre. El precio de haber sido tan leales.

Eran, hasta hace poco, los dos caciques políticos de la provincia. Los dos mendocinos que ostentan, aún, el máximo cargo ejecutivo. Uno, Julio César Cleto Cobos, radical recuperado, vicepresidente de la Nación. Otro, Celso Alejandro Jaque, gobernador por el peronismo.

Dos que supieron encarnar la leyenda de Fausto, vendiéndole el alma al Diablo con tal de conseguir alguna gloria terrena, tan huidiza como volátil.

Desde su puesto de gobernador, ambos, a su turno, abrazaron con sincera pasión la causa del kirchnerismo.

Cobos tuvo que abandonarla tempranamente, cuando la famosa votación de la 125 en el Senado lo obligó a optar por sus íntimas convicciones.

Jaque, más devoto, se mantiene, firme, en dicho credo. Y así seguirá hasta sus días finales en la política.

Algo, sin embargo, mantienen en común: pese a los altos cargos que retienen y a la representatividad que ejercen, ninguno de los dos participará formalmente en la próxima contienda electoral.

No irán en ninguna lista. No serán candidatos a nada.

La lealtad ciega no paga.

Algo bueno que se ve mal

Pensándolo bien, sin la rutina mental que anquilosa a políticos, politólogos y periodistas del ramo, que Cobos y Jaque no entrometan sus nombres en el sufragio es una noticia positiva.

¿Para qué más de lo mismo? ¿Otra vez sopa?

Competir por una diputación, como varios en los respectivos cuarteles pretendían, significaba, para los dos, retroceder varios casilleros.

Y que haya nombres nuevos, de refresco, en su lugar, es sano para cualquier proceso institucional.

Sin embargo, se toma como una vergüenza individual que el radicalismo y el peronismo oficialista los hayan dejado fuera de competencia.

¿Por qué?

Porque la provincia tiene, también, su propio manual de zonceras.

Son zonceras típicamente mendocinas que no figuran, claro, en el digesto inaugural de Jauretche ni en la continuación chapucera del bigotón Aníbal.

Una enquistada zoncera menduca dictamina que todo gobernador, para ser honrado como tal, debe anotarse, automáticamente, apenas termine su mandato, con un conchabo en el Congreso.

Todos lo han hecho hasta aquí, salvo Felipe Llaver, cuya veteranía lo eximió de esas veleidades, y Cobos, porque trepó hasta el pináculo de la vicepresidencia.

Los demás, saltaron del Ejecutivo provincial al legislativo nacional: Bordón como senador (dos años después); los otros tres, Gabrielli, Lafalla e Iglesias como diputados.

Ninguno de ellos pasará a la historia por esas labores.

Entonces, ¿para qué tanta insistencia? ¿a quién le sirve?

Un debate que se acabó

Durante los tres años y medio del gobierno de Jaque, el duelo, a picotones, entre el gobernador en ejercicio y el ex gobernador devenido vicepresidente, fue un clásico de la política mendocina.

Eran las cabezas locales de sus respectivas fuerzas partidarias. Y defendía, cada uno, su manera de ejercer el poder.

Ahora esa contienda perdió todo sentido.

A Cobos, la propia UCR le bloqueó el camino hacia la candidatura presidencial, en beneficio de Ricardo Alfonsín. Nunca le iban a perdonar su infidelidad de años atrás, cuando se entregó con los brazos abiertos a Néstor Kirchner.

No pudiendo, entonces, ir por el premio mayor, Cobos mismo se excluyó del proceso electoral. Una decisión personal, que suena sincera para alguien que no actúa como político profesional, como un abonado de la política.

Ahora bien, el ciclo se cierra con una ironía, una paradoja más, entre tantas: Cobos se corre, ¿para dejar paso al rejuvenecimiento? No es lo que piensa, precisamente, Roberto Iglesias, el aspirante a la gobernación por el radicalismo: toda su primera línea de candidatos (Jaliff, Vaquié, Cunietti, Pinto) la conforman veteranos de guerra.

A Jaque, por su parte, lo frenó también su propia colectividad, cuya cabeza, absoluta, es la presidenta Cristina Fernández. Fue ella la que dictó, desde la Casa Rosada, la lista de aspirantes a la diputación nacional por Mendoza.

Jaque es un soldado de la causa. Siempre aceptó las reglas de juego sin chistar. No iba a ser la excepción esta vez.

Además, ya pasó por todas las instancias habidas y por haber: en la Municipalidad de Malargüe, en la Legislatura, en el Senado de la Nación, en la Gobernación. Su hartazgo igualmente suena entendible y sincero.

Federalismo mancillado

Que la Presidenta, junto con su puñado de leales, haya dictado la lista de diputados mendocinos por el peronismo desde la Casa Rosada, suena a réquiem para el federalismo.

¿Podría haber sido de otra manera? No. No hay margen.

Nadie, en toda la línea del PJ local, se hubiera atrevido a contradecir dicha imposición.

El único que entrevió el precio que se paga, a la larga o a la corta, por tanta subordinación, ya está fuera de carrera. Alejandro Cazabán, actual secretario de la Gobernación y el hombre fuerte de Jaque durante toda su gestión, se animó a esbozar un proyecto sin tutela rosada. Quiso zafar, incluso financieramente, del abrazo del oso que proponía el multioperador Chueco Mazzón.

Duró poco su escapada hacia la candidatura a gobernador. Lo hicieron rodar con poca elegancia.

En las primeras horas de la derrota, cuando todavía se empeñaba en digerir el resultado funesto de su aventura, Cazabán le advirtió a Jaque sin pelos en la lengua: “Ya me liquidaron a mí. Ahora van por tu cabeza”.

Jaque no hizo nada por torcer ese destino infausto que veía venir. Su fidelidad a la causa estaba (y está) por encima de cualquier salvamento personal (ayer dio el presente en la Quinta de Olivos, para el anuncio de Cristina; saludaba a la cámara, hacía la “ve” de la victoria, reía).

Llegan los jóvenes bárbaros

Igual le ocurrió a la tunuyanina Patricia Fadel, que supo dejar buena parte de su pellejo y de su alma en aras del kirchnerismo, sobre todo en los días ásperos de la batalla de la soja.

En su casillero (segundo de la lista de diputados) irá una ignota y juvenil militante de La Cámpora, Anabel Fernández Sagasti.

Pampa Álvaro, otro ciego de amor, tampoco tendrá su oportunidad de repetir.

Vienen los relevos.

Es el deseo de la Presidenta. Actuar de puente entre lo viejo y lo nuevo (entre Scioli y Cobos, como vices, y Amado Boudou).

Guillermo Carmona, ex secretario de Ambiente de Jaque, que encabezará la lista de diputados mendocinos por el oficialismo, se supone que es otro de los nuevos.

Como Paco Pérez y Carlos Ciurca, actuales ministros de Jaque, anotados para la gobernación.

Son los que fueron quedando, tras el cedazo por el que pasaron en Buenos Aires.

Por algo será.

“Yo no soy un vivo, soy apenas un gil avivado”, decía don Arturo Jauretche.

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