El caso Codello alcanza ribetes de escándalo

El caso Codello alcanza ribetes de escándalo
En medio de la crisis terminal que afecta al servicio de justicia en Corrientes, y mientras la Provincia está bajo la atenta mirada del poder central, el Superior volvió a mostrar la hilacha
El ministro Codello, que no estuvo en la elección de autoridades a pesar de tener la licencia vencida, sin haber sido renovada, fue electo como tercer sustituto de Rubín, quien dio la nota al votarse a sí mismo, en una actitud indecorosa e impropia para la jerarquía del cargo que ostenta. Una investigación de EL LIBERTADOR desarrolla la trama secreta del Caso Codello.

Hoy, miércoles 5, técnicamente Juan Carlos Codello está en funciones aunque en los hechos siga sin ir a trabajar. Así se desprende de la acordada 39 -con fecha 22 de noviembre de 2012- que le otorga tardíamente una licencia por 90 días en el lapso comprendido entre el 31 de agosto y el 29 de noviembre.

En los hechos, podría volver a suceder lo que ya sucedió en mayo, cuando sin ir a trabajar desde marzo apareció firmando sentencias a finales de mayo, con la duda instalada de que si la firma realmente pertenecía, o no, al Ministro aún convaleciente.

DESPUÉS DE SAN JUAN, LOS TIROS

Luego de reiteradas publicaciones realizadas por este medio respecto al anormal funcionamiento del Superior Tribunal y la ausencia sin justificación de Codello, la Corte provincial sorpresivamente incluyó en su acuerdo 39, con fecha 22 de noviembre, el otorgamiento de una licencia, sin reparar que la situación de un ministro difiere de la de cualquier otro agente.

INTERROGANTES QUE ABRE LA ACORDADA 39

El primero, por qué se habla de una licencia desde el 31 de agosto, siendo que la ausencia de Codello se remonta a marzo.

Luego, por qué se le otorga licencia recién con fecha 22 de noviembre, cuando el inicio era el 31 de agosto.

Tampoco cierra la invocación del artículo 44. En efecto, con arreglo a ese artículo las licencias son sólo por treinta días y si se pasa de eso debe haber una concesión extraordinaria del cuerpo, lo cual no se desprende del acuerdo en el que se trató de disimular en el montón el pedido de Codello.

Por lo demás, las licencias se piden por salud, pero en la fecha en que empieza la enfermedad. No es lógico lo acontecido, que la licencia se otorga casi en su finalización (ver artículos 43 y 44 en facsímil).

Todas estas notorias desprolijidades, que son moneda corriente en este Superior Tribunal, quedan expuestas a la vista y consideración de los 2.000 empleados que forman parte del Poder Judicial, acentuando el notorio descrédito que sufre la cúpula tribunalicia.

En los hechos, se ha intentado dar respuesta, tardía, a las recurrentes críticas publicadas en torno a nada menos que la suerte de un ministro de la Corte provincial.

La acordada 39 termina por blanquear definitivamente esta cuestión, pero el interrogante que queda es el por qué no se dispuso en el mismo acuerdo la incorporación inmediata del subrogante legal como dispone la Ley, la Constitución y los propios precedentes del mismísimo Superior Tribunal.

Y, en este aspecto, asoma la responsabilidad del propio presidente de las cámaras civiles, Carlos Benítez Meabe, que se avino a integrar circunstancialmente el cuerpo, como rueda de auxilio, en una posición deslucida, sin exigir conforme a Derecho el respeto a su investidura y a la normativa legal que inequívocamente determina la necesidad de que el cuerpo funcione con los cinco ministros.

La preocupación que hay en el foro, por estas horas, es si Codello tiene o no la firma habilitada. Y la necesidad de saber cuál es su situación de revista de cara al reglamento que se incumple para algunos y se exige, sin autoridad, a otros.

GENTILEZA

SE ES O NO SE ES. El Presidente de las cámaras civiles debió incorporarse como miembro pleno del cuerpo a partir de la licencia otorgada a Juan Carlos Codello. Como tal, debió participar no sólo de la elección de autoridades, sino también de todos los acuerdos ordinarios y extraordinarios. Así ha sido siempre, y hace al respeto que se debe no sólo a la Ley, sino al subrogante legal que en los hechos ha sufrido una "capitis diminutio" que menoscaba su investidura. A partir de su incorporación, Benítez Meabe debió pedir licencia como juez de Cámara, dejando la Presidencia en manos de su reemplazante natural. Nada de ello se ha hecho ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Comentá la nota