Ricardo juega a dos puntas. De cuerpo, está metido de lleno en la campaña Naranja, pero en los hechos también acompaña a sus amigos que están en el Frente Renovador.
Raúl Pérez fue un hombre medular durante gran parte de la gestión de Daniel Scioli. Desde la presidencia del bloque del oficialismo en la Cámara Baja resultó clave en las negociaciones de leyes farragosas, como el Presupuesto o las vinculadas con el juego (licencias o prohibición de fumar en los bingos). Fue un sciolista de primerísima hora; pero, ya sin banca, mudó al Frente Renova-dor de Massa. Uno de los tantos conversos de estos tiempos.
Hasta aquí, nada sorprendente. Pero la noticia radica en que Pérez mantiene parte de su estructura en las sombras de la administración bonaerense, repartida entre Diputados y los ministerios de Justicia y Seguridad de la Provincia.
Además de vecinos durante años en City Bell, Raúl y Ricardo Casal son conocidos desde siempre. Nunca rompieron los vínculos políticos, y posiblemente tampoco algún negocio en caso de haberlo mantenido.
Aunque se fue con Massa, Casal le mantuvo los acuerdos a Pérez. Dicho en otras palabras, “le mantuvo a su gente”. Es la misma que cobra del bolsillo de Scioli para hacer campaña por Massa. Exótico o, al menos, raro.
Casal nunca se llevó bien con su sucesor, Alejandro Granados, quien desarticuló parte de la maraña administrativa que había generado en Seguridad, sobre todo en el neurálgico sector de proveedores. Pero el personal se mantuvo en gran parte.
Pérez es el operador en las sombras de uno de los precandidatos que tiene Massa en La Plata, Marcelo “Chubito” Leguizamón, un joven dirigente que fue jefe de Gabinete de Casal hasta ayer nomás.
El círculo cierra perfecto. Leguizamón, a quien no se le conoce actividad en la esfera privada ni es reconocido por el ejercicio de ninguna profesión en La Plata, cuenta con recursos frescos para hacer una campaña a “lo Obama”. Gasta y gasta, “El Chubito”. ¿De dónde salen semejantes recursos? “De los acuerdos que nun-ca se rompieron entre Pérez y Casal”, respondió a La Tecla un hombre del Frente Renovador de la capital bonaerense, que no es el legislador Juan Amondarain.
Leguizamón y Pérez mantienen un ejército de militancia rentada que cobra a través de la Legislatura, o del ministerio que hoy conduce Casal. “Es llamativo que Scioli lo siga permitiendo”, observó el mismo dirigente que comulga con el tigrense.
El titular de Justicia ha perdido notoria gravitación dentro de la estructura de poder de Scioli. De hecho, ni siquiera integra la primera línea del equipo de Ola Naranja para llegar a la Casa Rosada. “Está muy golpeado, desgastado”, dijeron en calle 6. Tampoco tiene territorio. Dicha circunstancia acorrala sus posibilidades después de diciembre.
Si Scioli llega a ganar, es muy difícil que se lleve a Casal, no solamente porque “está quemado”, sino porque es casi mala palabra para gran parte del kirchnerismo ortodoxo. Alguna vez, este hincha de Gimnasia y prestigioso abogado platense soñó con luchar por la intendencia de su ciudad. Pero no movió el amperímetro de “intención de votos”. Y mucho menos luego de la inundación del 2 de abril de 2013. Sus sueños naufragaron por completo ese día. Hoy está considerado como uno de los principales “manipuladores” de las cifras de víctimas fatales de dicha tragedia. Un fallo judicial (del juez Arias) así lo indica.
En definitiva, Casal camina por el delgado desfiladero de hacer los deberes para Scioli, pero también de aportar su granito de arena para que al massismo le vaya bien.




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