Tras la publicación de elDiarioAR, el Gobierno habló de “operaciones mediáticas”, negó cambios en la cartera sanitaria y buscó contener el impacto interno de una versión que generó inquietud. La desconfianza de Santiago Caputo como factor clave.
Pedro Lacour
“FALSO”. La palabra apareció en mayúsculas, como apertura y síntesis del mensaje que el Gobierno decidió difundir cuando comenzó a ser inatajable la circulación de la nota de elDiarioAR que ponía en duda la continuidad de Mario Lugones al frente del Ministerio de Salud. No fue una desmentida más. Se trató de una reacción política en tiempo real frente a un movimiento que, puertas adentro, ya había empezado a producir efectos concretos.
El comunicado, publicado en la cuenta de X de la Oficina de Respuesta Oficial que comanda el director de Comunicación Digital Juan Pablo Carreira, no se limitó a negar la versión. Buscó encuadrarla al hablar de un sistema “destruido” y “en emergencia sanitaria desde hace más de 20 años” y reivindicar la gestión de Lugones como parte de un proceso de ordenamiento, además de apuntar directamente contra lo que definió como “operetas mediáticas”. En la Casa Rosada esa frase se repitió como una consigna, pero también como una señal de alarma: la preocupación no era solo la nota, sino lo que la nota podía activar.
Es que el artículo de elDiarioAR no se interpretó únicamente como una hipótesis sobre la continuidad del ministro, sino como un factor capaz de alterar el equilibrio en un área especialmente sensible. Durante varias horas, la nota se convirtió en un factor de decisión interna. En el Ministerio de Salud y en los despachos de Balcarce 50 se activaron llamados cruzados, consultas urgentes y lecturas en voz baja sobre el alcance de la versión. Funcionarios de segunda y tercera línea empezaron a preguntar “qué hay de cierto”, mientras otros recalibraban posiciones frente a un escenario que, aunque no confirmado, había dejado de parecer imposible.
La ratificación política tomó forma ayer por la tarde, en un movimiento más silencioso que explícito. Tras la reunión de gabinete encabezada por Javier Milei, Lugones se dirigió junto a Santiago Caputo al despacho del asesor en el primer piso de la Casa Rosada. No hubo declaraciones. Tampoco imágenes difundidas. Pero en la lógica interna del Gobierno, la escena funcionó como un mensaje hacia adentro: el ministro seguía en su lugar y mantenía el vínculo operativo con quien es su padrino dentro del esquema oficial.
Mario Lugones juró como ministro en 2024 tras la salida de Mario Russo. Oficina del Presidente
Ese respaldo se completó este martes, cuando Lugones volvió a pisar la Casa de Gobierno para participar de una “reunión de trabajo” con Manuel Adorni, en el marco del seguimiento de gestión que el jefe de Gabinete viene realizando sobre cada cartera. Una decisión que empezó a tomar forma días atrás, cuando Milei recibió al ministro coordinador en Olivos. Allí hablaron de la “segunda etapa de la gestión” y de la necesidad de recuperar coordinación y centralidad política tras semanas en las que el oficialismo quedó absorbido por la crisis.
El encuentro entre Lugones y Adorni fue difundido oficialmente junto a una foto y un comunicado que buscó reforzar la idea de continuidad. En él se repasaron los resultados del período 2024/2025 y se delinearon los objetivos para la etapa 2026/2027, con foco en “la eficiencia del sistema, la transparencia, la articulación federal y la transformación digital”. También se avanzó en la agenda legislativa, con especial mención a la nueva Ley de Salud Mental.
El ministro de Salud, Mario Lugones, y el jefe de Gabinete Manuel Adorni. XRuidos internos
“Nunca estuvo ni remotamente sobre la mesa el cambio en Salud, mucho menos en este contexto”, aseguraron a elDiarioAR desde el entorno presidencial, en referencia al impacto político del caso Adorni y sus derivaciones abiertas. La frase no solo buscó desmentir la versión, sino también fijar un criterio: en medio de un frente sensible, el Gobierno no está dispuesto a abrir otro. “¿Cómo vamos a echar un ministro ahora?”, resumió otra fuente, con una mezcla de pragmatismo y advertencia.
La mención de Guido Giana como posible reemplazo de Lugones, en un contexto de crisis del PAMI y desgaste acumulado, tampoco cayó bien. “No es verdad que eso vaya a suceder”, salieron a aclarar, tajantes, desde el entorno del viceministro. En un Gobierno donde la verticalidad convive con tensiones permanentes, ese tipo de versiones no circulan en el vacío.
Guido Giana, el virtual viceministro de Salud de Milei.
“Parece una nota intencionada para que Mario y Guido se peleen. Guido es como un hijo para Mario”, buscó desactivar un funcionario con llegada directa al área. La aclaración apuntaba a un punto específico: evitar que la lectura de una interna abierta en la cúpula se consolide como dato. Otra voz oficial, en la misma línea, relativizó el cuadro y desplazó el foco hacia los escalones inferiores. “Hay subalternos que prefieren a uno o a otro y pueden estar intentando generar una pelea”, señaló, en un intento por encapsular el conflicto y reducirlo a una dinámica secundaria.
Sin embargo, el cierre hacia afuera convive con un trasfondo menos ordenado, según pudo saber elDiarioAR. Fuentes al tanto de la dinámica interna coinciden en que la cuestión lejos está de pasar por una pelea entre Lugones y Giana. El punto de fricción sería otro, más difícil de exponer y más incómodo de administrar: un supuesto desgaste progresivo en la relación entre el ministro y Santiago Caputo. Un vínculo que durante años funcionó como sostén político del área y que ahora muestra signos de erosión.
El asesor presidencial Santiago Caputo ingresando a la Casa Rosada. NA/Marcelo Capece.
“Hay cosas de las que Mario chapeaba, recostándose sobre su hijo, que después eran desmentidas por el propio Rodrigo [Lugones]”, explicó una fuente con acceso a la trastienda del ministerio. El consultor, con residencia en Madrid, funciona como nexo entre el ministerio, el sector privado de la salud y el propio asesor. Su rol, construido sobre vínculos con clínicas, laboratorios y prestadores, le permitió convertirse en un operador de peso en las decisiones sensibles del área. Justamente por eso, cualquier desalineación entre lo que se le atribuye a su influencia y lo que efectivamente convalida el esquema de Caputo no hace más que generar ruido.
En ese equilibrio se mueve hoy Mario Lugones. La desmentida oficial alcanzó para cerrar la discusión hacia afuera y estabilizar la superficie. ¿Bastó para que desaparezcan las tensiones que cruzan el área? Todo indica que, al menos, quedaron encapsuladas en un esquema donde el ministro aparece respaldado en público, pero monitoreado en privado. En un gobierno donde el poder se construye sobre la cercanía y la confianza, ese matiz no es menor. Suele ser, más bien, el anticipo de lo que viene.






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