De cara a las presidenciales, la clase política argentina va acomodándose

Estamos justo a un año de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 14 de agosto de 2011, establecidas por la Ley de Reforma Política de fines de 2009 y que serán toda una novedad para los argentinos.
Y las presidenciales llegarán dos meses después. Si bien es una eternidad para la vertiginosa política argentina, el tiempo pasa y la realidad no hace más que ir acomodándose -por ahora, al menos- a los deseos del kirchnerismo en el poder. Elisa Carrió le dijo esta semana adiós a su alianza con radicales y socialistas, el Acuerdo Cívico y Social (ACyS) del que fue principal arquitecta. El “panradicalismo”, como otros definen esa comunión de dirigentes con nuevos sellos políticos, pero surgidos mayoritariamente de la diáspora del centenario partido de Alem e Yrigoyen, había cosechado en las legislativas de junio de 2009 más de 5,7 millones, si se sumaba el total nacional en el rubro de diputados nacionales en todo el país. Fue un 30,7%, constituyéndose en un potencial de segunda fuerza detrás del oficialismo, que resultó con 31,2. El heterogéneo espacio de PRO y del PJ no kirchnerista quedaba en tercer lugar con un 26%.

Es sabido que la decisión del voto no es igual en una elección legislativa que en una presidencial, donde la sociedad “reclama” otros atributos a los candidatos. Después de tantos fiascos, la gente ha aprendido a “oler” dónde hay gobernabilidad, y dónde no.

Pero la legislativa de 2009 fue un signo de la potencialidad del ACyS, ahora comprometido por la ruptura de Carrió. Para muchos, un final anunciado: la líder de la Coalición Cívica venía perdiendo espacios en paralelo con el crecimiento de Ricardo Alfonsín, paradójicamente el más querido entre sus aliados. El socialista gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, la tildó de “complicada”. Binner -lo respaldó Alfonsín- se pronunció en favor de que las retenciones a las exportaciones agropecuarias las fije el Ejecutivo. Que es la posición del Gobierno nacional y no la de sus bloques en el Congreso, ni la de Lilita, que puso el grito en el cielo. Hace rato que se baraja la fórmula Alfonsín-Binner. Sin perder de vista que hay otros en discordia como el vice opositor Julio Cobos, Carrió estaba siendo dejada de lado.

Carrió coquetea aún con la idea de sumar la “pata peronista” para constituir una fuerza con chances serias de llegar al poder. Pero en el peronismo disidente creen improbable cualquier asociación y piensan, como Binner, que la diputada “es complicada”: “Ningún peronista cree que pueda haber futuro con Lilita. Todo lo que armó lo terminó rompiendo. Es muy mesiánica y pretende que la sigan”, afirma un vocero del PJ anti “K”. Como todo en política, la ruptura de Carrió es “definitiva” hasta que se demuestre lo contrario. Entretanto, el kirchnerismo sigue consolidándose. A fines de esta semana, Rosendo Fraga -un consultor independiente del Gobierno- sostuvo que Néstor Kirchner mide 36% y está a 4 puntos de ganar en primera vuelta porque ningún opositor llegaría -al menos hoy- al 30%. Y si hubiera balotaje, vaticinó, su rival sería del Peronismo Federal y no del ACyS, que hoy aparece más en crisis que nunca.

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