El gremio de Moyano se movilizará el lunes a Plaza de Mayo; habrá apoyo de la CGT
El secretario general de la CGT se mostraba inquieto y desbordado. Inicialmente, no supo si reaccionar con una llamada telefónica a algún influyente funcionario del Gobierno. La duda lo invadió hasta que el camionero se dejó arrastrar por los ánimos de protesta. Rodeado de dirigentes, gritó con aire desafiante: "¡Paremos! Ya estoy cansado de tantas mentiras y tanta persecución".
En su primer gran enfrentamiento con el Gobierno, Moyano llamó a su gremio a un paro nacional para el lunes próximo. Se sumarían numerosos sindicatos a la convocatoria en respaldo al sindicalista. La CGT, por lo pronto, citó para hoy a su consejo directivo. La central obrera apoyará el plan de lucha, según anticipó anoche a La Nacion un miembro de la mesa chica.
El paro afectará la distribución de combustible, alimentos y caudales, y la recolección de basura. También perjudicará a los transportes de larga distancia y amenaza con extenderse a otras actividades. El lunes, a las 10, habrá una movilización a la Plaza de Mayo. "La medida no se revertirá siquiera con una llamada de la Presidenta. El paro se hace o se hace", dijo a LA NACION Víctor Hugo Pistone, secretario administrativo del sindicato camionero.
"Hay una persecución política por parte de medios masivos, periodistas y del poder concentrado", acusó Facundo Moyano, el hijo del camionero y el referente de los trabajadores de los peajes.
Fieles a la liturgia del aguante, un grupo de personas irrumpió con cánticos y amenazas en el auditorio Ricardo Pérez de la sede del sindicato de camioneros. "Si tocan a Moyano, ¡qué quilombo se va a armar!", entonaban unos 40 militantes que invadieron el salón donde se comunicó a la prensa la medida de protesta.
En medio de ese clima, los voceros que envió Moyano anunciaron el paro. La voz de la lucha se unificó en Raúl Altamirano, secretario de Prensa. "Estamos cansados de tantas mentiras y de la persecución que existe. Estamos hartos", comenzó Altamirano. El auditorio, con capacidad para 140 personas sentadas, estalló en aplausos y se encendió otra vez el grito de guerra: "Con Moyano no se juega, con Moyano no se juega".
El líder del gremio siguió el anuncio por televisión desde su despacho, un piso abajo de la ruidosa manifestación de sus seguidores.
"No es casualidad que aparezcan estos agravios justo antes de sentarnos a discutir las paritarias, el aumento de sueldos y la modificación del impuesto a las ganancias. Hay una maniobra política y también de empresarios que están molestos", deslizó Altamirano, ayudado por un papel que había sido previamente supervisado por el propio Moyano.
La puja salarial y la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias son dos ítmes que distancian a la CGT del Gobierno, y en el que aún no hubo acuerdo.
Otro vocero del camionero fue Pistone. "No creemos que detrás esté el Gobierno. Por ahora, la relación es buena", reconoció, entre una mezcla de dudas e intentos de enviar una advertencia.
"Moyano maneja tres frentes importantes: el transporte de combustible, caudales y la basura. Es un amplio poder de fuego", dijo a La Nacion el dirigente de la CGT Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), en un intento de describir el poder que ejerce el camionero.
Ataques a la prensa
Los voceros de Moyano responsabilizaron de la persecución a la prensa. Hubo amenazas de bloqueos y protestas en las puertas de los medios de comunicación en caso de que futuras publicaciones afecten al camionero.
Algunas críticas tuvieron nombres propios: Oscar González Oro fue acusado de cambiar de opinión cuando se mezclaron los intereses de Daniel Hadad, dueño de la radio en la que trabaja, y los de Moyano en la disputa por hacerse cargo de la quiebra del club Comunicaciones.
En una atmósfera tensa, los seguidores de Moyano despidieron con amenazas a los periodistas en el auditorio de los camioneros. El gremio se pareció a una tribuna de un estadio de fútbol.





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