La caída de la mano derecha de Karina Milei: historias de magia negra, un gato con despacho propio y el escándalo de Olivos

La caída de la mano derecha de Karina Milei: historias de magia negra, un gato con despacho propio y el escándalo de Olivos

Belén Agudiez, una de las funcionarias más cercanas a la hermana del Presidente, fue expulsada del Gobierno este lunes. Las historias que se cuentan por lo bajo en la Casa Rosada sobre su relación con Karina Milei y una denuncia judicial que apunta al manejo de los recursos de la quinta presidencial.

Pedro Lacour

En los pasillos de la Casa Rosada circula desde hace tiempo una historia que parece salida de una comedia de enredos, pero que sus protagonistas se habrían tomado muy en serio. Según cuentan por lo bajo, Karina Milei encontró un día pequeños envoltorios de papel escondidos en distintos rincones del primer piso de Balcarce 50. La sospecha que habría despertado el hallazgo no era la de una filtración de información ni la de un problema de seguridad convencional: la hermanísima habría interpretado que podía tratarse de algún tipo de ritual de magia negra. El episodio, siempre según esa versión que circula puertas adentro del Gobierno, terminó con el desplazamiento de varios trabajadores del sector.

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Hay otra historia, bastante más pintoresca, que también se cuenta en voz baja entre quienes conocen la intimidad de la Secretaría General de la Presidencia. Karina habría adoptado un gato y, lejos de conformarse con dejarlo deambular por las oficinas, le habrían destinado un despacho propio en la dependencia presidencial, acondicionado con rascadores y otros elementos para su comodidad. El lugar habría quedado reservado para el animal, con el ingreso restringido para el resto del personal.

Belén Agudiez, exsubsecretaria de Planificación General de la Secretaría General de la Presidencia.

Los dos relatos, que elDiarioAR no pudo corroborar de manera independiente, forman parte del anecdotario que rodea a Belén Agudiez, una funcionaria prácticamente desconocida para el público, pero que acumuló una influencia considerable en el funcionamiento cotidiano del oficialismo. Era, según la describen quienes conocieron su trabajo, la mano derecha y también la izquierda de Karina Milei puertas adentro del Gobierno. Una de esas personas que no necesitaban aparecer en las fotografías oficiales para ejercer poder sobre la vida diaria de la Casa Rosada y la quinta de Olivos.

El silencio del decreto firmado este lunes por Javier Milei, que oficializó el despido de Agudiez, contrasta con el ruido que rodea su salida. La semana pasada, el Presidente dispuso una profunda reorganización de la quinta de Olivos, que incluyó el desplazamiento de personal civil, la disolución de la Administración General de la residencia y el traspaso de sus responsabilidades a la Casa Militar. Entre los desplazados estuvo Osvaldo Javier Sosa, hasta entonces intendente de la quinta y cuñado de Agudiez, quien había llegado a ese puesto por su vínculo con la ahora exsubsecretaria.

Entrada a la Quinta de Olivos. NA

La explicación oficial de los cambios estuvo centrada en la seguridad presidencial. El Gobierno atribuyó la reorganización de la quinta de Olivos a una serie de filtraciones sobre las actividades de Milei y de su círculo más cercano, que derivaron en el desplazamiento de buena parte del personal civil y el traspaso de la administración de la residencia a la Casa Militar. Sin embargo, las versiones que circulan puertas adentro de la Casa Rosada describen un conflicto que excede las cuestiones de seguridad y que involucra a personas del entorno de Agudiez, contrataciones millonarias y sospechas sobre el destino de los recursos públicos.

Entre la mística, los negocios y la intimidad del poder

La relación entre Karina Milei y Belén Agudiez comenzó en 2022, cuando la ahora exfuncionaria trabajaba en una candidatura a diputada nacional por La Libertad Avanza. El proyecto no prosperó y, al año siguiente, Agudiez se presentó como candidata a concejal de Escobar: ocupó el quinto lugar de la lista encabezada por Eduardo Gianfrancesco, un dirigente proveniente de Juntos por el Cambio. Para entonces, ya había comenzado a construir una estrecha relación con la hermana del Presidente, que se encontraba abocada al armado político y a la proyección nacional del espacio libertario. Lo que comenzó como un vínculo de militancia terminó convirtiéndose en una amistad que le abrió a la ahora exfuncionaria las puertas de la intimidad de los Milei.

Javier Milei saluda a su hermana, Karina Milei. NA

La afinidad entre ambas no se limitaba a la política. Agudiez compartía con la hermana del Presidente una particular devoción por San Benito, un vínculo que se inscribe en el universo de creencias espirituales y prácticas esotéricas de la intimidad libertaria, sobre el que el periodista Juan Luis González, biógrafo de Javier Milei, fue uno de los primeros en poner el foco. Invocado por los fieles como protector frente a las fuerzas oscuras, las tentaciones y los maleficios, el santo ocupa un lugar especial en la vida de ambas. Según relata Marcela Basch en Perfil, las dos utilizan su medalla, uno de los sacramentales más antiguos de la Iglesia católica, que muestra al santo sosteniendo una cruz y la Sagrada Regla. En el reverso aparecen las iniciales de distintas oraciones en latín contra el demonio, entre ellas la conocida expresión Vade retro, Satana.

Con la llegada de Milei a la Casa Rosada, aquella relación personal se tradujo en un puesto estratégico dentro de la estructura presidencial. Agudiez ocupaba la Subsecretaría de Planificación General desde el comienzo de la administración libertaria. Su cargo podía parecer secundario dentro del organigrama, pero sus atribuciones la colocaban en una posición privilegiada para el funcionamiento cotidiano del Ejecutivo. Bajo su órbita estaban el mantenimiento de la Casa Rosada y de las residencias presidenciales de Olivos y Chapadmalal, las sedes administrativas, las cocheras y el transporte de Karina Milei. Era, en definitiva, una funcionaria con acceso a una parte de la intimidad del poder que permanece fuera del alcance de buena parte de los ministros.

Belén Agudiez en uno de los palcos de la Cámara de Diputados.

Pero esa acumulación de responsabilidades también la dejó expuesta cuando comenzaron a multiplicarse las sospechas sobre el manejo de los recursos de la residencia. La semana pasada, la diputada nacional Marcela Pagano presentó una denuncia judicial por presuntas irregularidades en una licitación de unos 700 millones de pesos para el mantenimiento y la jardinería de Olivos y la Casa Rosada. Según la legisladora, el procedimiento habría sido direccionado para favorecer a Franco Castelli, un empresario que tendría una relación de parentesco con Agudiez.

La denuncia de Pagano sostiene que las dos empresas que se presentaron como oferentes, La Mantovana y Grub, estarían vinculadas a Castelli, por lo que la competencia habría sido apenas aparente. Pagano pidió a la Justicia que determine si el empresario es primo hermano de la exfuncionaria y apuntó también contra Karina Milei por la posible comisión de delitos de fraude contra la administración pública, negociaciones incompatibles con la función pública e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Las acusaciones todavía deben ser investigadas judicialmente.

Pero las sospechas no se agotan en la jardinería. Pagano también puso bajo la lupa un presunto desvío de alimentos adquiridos para abastecer Olivos, que habrían terminado en un emprendimiento privado de catering vinculado a Analía Agudiez, pareja de Sosa, el exintendente de la residencia también desplazado. Según la legisladora, ambos habrían utilizado recursos e insumos del Estado para abastecer ese negocio. La acusación cobró relevancia después de que trascendiera una contratación de alimentos para Olivos y la Casa Rosada, con un presupuesto cercano a los 500 millones de pesos.

Mientras tanto, quien estaría ganando terreno en el entorno presidencial es Mario Suli, un hombre que acompaña a Milei desde los comienzos de su trayectoria política y que, según fuentes al tanto de la intimidad del mandatario, se ocupa del cuidado de sus perros. Su creciente influencia en Olivos lo convierte en una figura cada vez más relevante en la vida cotidiana del Presidente. Hay quienes aseguran que la salida de Agudiez terminó de inclinar la balanza a su favor. Para Karina, al parecer, hay traiciones que ni San Benito puede espantar.

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