Un sector del derechista PSDB criticó con dureza a su principal aliado, el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.
La oposición brasileña, unida en una campaña para derrocar a la presidenta democrática Dilma Rousseff, empezó a resquebrajarse ayer, después de que un sector del derechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) expresara duras críticas contra su principal aliado operativo, el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha. Por su parte, los minoritarios partidos Demócratas y Solidaridad arremetieron contra el PSDB.
Mientras en el Planalto, sede del Congreso, se espera hoy la entrega de un nuevo pedido de juicio político contra Rousseff, la Fiscalía General pidió a la Suprema Corte la apertura de un segundo juicio contra Cunha.
El senador Cassio Cunha Lima, líder del bloque de diputados del PSDB, recomendó a sus pares que rompan relaciones con Cunha, el hombre en el que hasta el martes confiaba para que llevara a buen puerto el proceso de impeachmet, una iniciativa que ese mismo día, sin embargo, fue frustrada por una decisión de la Corte. "La ética no puede ser selectiva, si queremos ética, tiene que ser para todo y no en una determinada circunstancia", dijo Cunha Lima, y pidió una reunión de la dirigencia partidaria para analizar las denuncias de corrupción que pesan sobre Cunha.
Según el diario Folha de São Paulo, abanderado de la campaña pro derrocamiento de Rousseff, "además de las discrepancias internas en el PSDB también hay choques dentro del bloque pro impeachment". Los problemas de esa coalición ya habían empezado a verse el sábado último, cuando varios congresistas publicaron una carta abierta contra Cunha, en la que le pedían que renunciara a la Cámara baja –a la presidencia y a la banca–, recordó el matutino paulista que, sin embargo, no publicó el texto en su momento.
La nota contra Cunha fue divulgada después de que fuera acusado por la Procuraduría General de ser titular de cuentas secretas con dinero fruto de sobornos recibidos en distintos hechos de corrupción. La Procuraduría, a su vez, se basó en informaciones del gobierno de Suiza, que consignaron que Cunha –un influyente pastor evangélico que adhiere al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)– era titular de cuatro cuentas bancarias secretas en las que tenía 5 millones de dólares y con las que, según las autoridades helvéticas, buscaba ocultar una operación de lavado de dinero.
Las divisiones dentro del arco de partidos de derecha que impulsa el impeachment y que estos días planifica retomar su estrategia pero con otros elementos, se agravaron cuando el martes último el Supremo Tribunal Federal frustró esa iniciativa. Ayer, tanto Folha como el carioca O Globo, otro de los impulsores de la campaña golpista denunciada por Rousseff, señalaron que "los partidos Solidaridad y Demócratas ya no ocultan sus críticas al PSDB, y esta divergencia es el síntoma de que la coalición contra Dilma puede enfrentar problemas para sobrevivir".
Ayer, sin embargo, se supo en San Pablo que el jurista Hélio Bicudo –un ex referente del oficialista Partido de los Trabajadores (PB) escindido apenas iniciado el primer gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva– elevará hoy a Cunha un nuevo, el segundo de su autoría, pedido de destitución de la presidenta constitucional.


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