Por: Julio Blanck.Amado Boudou se demostró mal perdedor. Días atrás ironizó sobre la posibilidad de que la Argentina postulara un candidato propio a la jefatura del FMI, habida cuenta del derrape sin retorno del francés Dominique Strauss-Kahn. Cuando le preguntaron a quién podríamos ofrecer para ese cargo respondió: “ A Filmus”.
Hacer política es exponerse a ganar y perder frente a sujetos de similar ambición y mejores o peores aptitudes y límites morales. Luchar por porciones de poder requiere de cierto temple y cierta elegancia interior para asumir las fases cambiantes de la fortuna. Más acostumbrado a las intrigas de palacio que a la disputa política abierta, se nota que Boudou todavía no aprobó esas materias.
Ya había mostrado error de cálculo al ordenar una suculenta mesa de festejo en su ministerio, el día en que la Presidenta anunciaría su decisión en la patética interna porteña. Pero el dedo regio de Cristina, con estricto pragmatismo, señaló a Daniel Filmus. El ministro de Economía se quedó sin candidatura y sin copetín .
Se dijo antes de ese día que para Boudou podía estar reservado un destino superior en un tercer mandato kirchnerista. Un superministerio de Economía y Obras Públicas, o hasta la vicepresidencia. Pero el buen Amado se había ilusionado con la candidatura en la Ciudad. Quizás la veía como su certificado de ingreso al juego político grande . Algunos que frecuentan la Casa Rosada señalan que a Boudou se lo vio muy afectado por la decisión adversa de Cristina.
Atención: se ingresa aquí en un terreno delicado.
Suponen, esas fuentes del Gobierno, que quizás Boudou estaba seguro de resultar candidato porque la decisión era unipersonal y la tomaba la Presidenta. Demasiado se ha dicho y escrito acerca de la condición de favorito, elegido, preferido o calificativos por el estilo, que disfruta Boudou dentro del elenco del gobierno. Que la Presidenta haya definido al candidato por la condición competitiva que mostraban las encuestas, y no por esas supuestas preferencias personales, parece haber herido la excelente opinión que Boudou tiene de sí mismo .
Por cierto, buena parte de la corte kirchnerista había apostado en favor del ministro, ya fuera por convencimiento o porque creían que Cristina decidiría según esa tan mentada simpatía. También ellos, personajes influyentes, se equivocaron. Ni Cristina se apartó de la estricta conveniencia política, ni sus supuestos afectos se demostraron tan intensos como se creía.
En ese juego esquivo entre lo que se dice y lo que se insinúa, entre lo que se supone y lo que se conoce, algunos habitués del círculo íntimo de la Presidenta quieren empujar ahora a Boudou hacia una zona de sombras . Lo ven con las acciones en baja y le están facturando el pavoneo -público y privado- con aquel presunto favoritismo de la Presidenta. Los que operan en esa cruzada discreta y corrosiva se definen como “los amigos de Kirchner” , según explican los que conocen ese mundo encriptado por el que circulan la viuda, sus hijos y apenas un puñado de hombres y mujeres más.
Dicen que a Boudou le quedaría ahora sólo algún respaldo de Héctor Icazuriaga, jefe de la Secretaría de Inteligencia y persona de extrema confianza para Cristina. En cambio otros “pingüinos” con altas funciones políticas, y también figuras como el empresario Rudy Ulloa, que tiene muy fuertes lazos afectivos con los Kirchner, contemplan con recelo los movimientos siempre ampulosos de Boudou.
Por ahora el ministro archivó su guitarra y sus apariciones cancheras de campaña. Pero trabaja para remontar su cuesta personal. Rápido de reflejos, se mostró como el más cristinista de todos al acudir a un acto junto a Hebe de Bonafini en la ESMA, en momentos en que el escándalo por las matufias de Sergio Schoklender puso bajo observación judicial las relaciones carnales entre las Madres de Plaza de Mayo y el gobierno de Cristina.
Boudou aún es una pieza importante en el mecanismo oficial. Y bien puede guardar esperanzas sobre su futuro, aunque con menos euforia que un tiempo atrás. Está dando pelea y es lógico que un político en caída intente recuperar el terreno perdido. El riesgo es la sobreactuación . Siempre se nota y a veces no paga bien.





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