Más de un millar de jóvenes chilenos salieron a la calle en los barrios de Santiago y en las principales ciudades del país a protestar contra el golpe de Estado de 1973. Hubo choques violentos con policías y carabineros.
El gobierno de Michelle Bachelet intentó restarle importancia a los disturbios y los enfrentamientos de la madrugada de ayer. "El 11 de septiembre no es una fecha ni motivo para celebrar ni para hacer balances positivos ni negativos. No creo que se tenga que hacer una conclusión de que tuvimos un 11 de septiembre más violento que en épocas anteriores", aseguró en una conferencia de prensa el subsecretario del Interior, Patricio Rosende. Pero lo cierto es que la madrugada de ayer fue mucho más violenta que la del 12 de septiembre de 2008. El año pasado se detuvo a la misma cantidad de personas, pero nadie murió.
Las cámaras de los medios locales mostraban ayer imágenes de los desmanes en las afueras de Santiago. Avenidas y autopistas salpicadas con pequeños focos de fuego o cortadas con barricadas improvisadas. Al amanecer, las patrullas incendiadas, los semáforos tumbados, las vidrieras destruidas, los cables de la luz cortados y la sangre en las veredas eran las únicas marcas que quedaban de una noche de descontrol.
Del total de detenidos, 50 se registraron en Santiago, en cuya periferia estallaron disturbios y enfrentamientos entre manifestantes y policías. Los más violentos fueron en los barrios de clase media y baja de la capital, como Peñalolén, Estación Central, Cerro Navia, Recoleta, La Pintana y San Joaquín.
Fue en esas zonas, donde mataron a los tres jóvenes chilenos. Según el reporte del gobierno, el primero fue víctima de un ajuste de cuentas; el segundo habría muerto por un disparo proveniente de un vehículo en movimiento, y el tercero se debió a la mala manipulación de una escopeta. Sólo con esa explicación, sin mediar más de diez horas y a pesar de haber pasado en medio del epicentro de las protestas contra el golpe, el gobierno rechazó cualquier vínculo con el aniversario del derrocamiento de Allende.
Más de tres mil personas fueron asesinadas o desaparecidas y otras 50 mil fueron torturadas por la dictadura que comandó Pinochet desde 1973 hasta 1990. Sin embargo, aún existen muchas personas en el país que siguen defendiendo el golpe contra Allende. Uno de ellos fue el favorito para las próximas elecciones presidenciales, candidato único de la derecha y amigo de Mauricio Macri. "El gobierno de Allende le hizo muy mal a Chile", aseguró el viernes Sebastián Piñera.
Ayer la familia del dictador le devolvió el gesto. Su nieto y candidato a diputado Rodrigo García Pinochet aseguró que Piñera es el mejor candidato para la próxima elección. "Es la mejor opción para el país", señaló, tras presentar su candidatura. El nieto del dictador participó el viernes de una misa en memoria de su abuelo, junto con su familia y amigos. El Ejército, por su parte, también tuvo una ceremonia privada, en la que participaron ex asesores y colegas de Pinochet.
Una visión muy distinta presentará hoy la Asamblea de Derechos Humanos, cuando realice su tradicional marcha desde el centro de Santiago hasta la tumba de Allende, en el cementerio general de la ciudad. Allí recordarán al presidente asesinado y a todas las víctimas que dejó la dictadura pinochetista. Con ese acto se dará por cerrado un nuevo aniversario del golpe de 1973. Ya pasaron cuatro gobiernos de centro-izquierda, innumerables juicios, condenas y testimonios contra los represores. Sin embargo, la bronca y los desbordes violentos aún son incontenibles en la noche posterior al 11 de septiembre en Chile.




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