Baragiola inicia una nueva etapa ante el desafío de recomponer su imagen

Baragiola inicia una nueva etapa ante el desafío de recomponer su imagen

"Me siento aliviada porque termina una etapa", dijo Vilma Baragiola anteayer, ni bien sus pares dispusieron expulsarla de la presidencia de Concejo Deliberante.

Ciertamente la dirigente radical ingresó el jueves a un nuevo ciclo, con la expectativa de reparar los daños causados por duras acusaciones, orientadas a poner en tela de juicio algunas de sus cualidades más reconocibles. La denuncia del Sindicato de Camioneros acerca de la existencia de un planteo para "cobrar" por la aprobación de un expediente, perjudicó la noción de honestidad con la que Baragiola siempre intentó asociarse. "Quieren pegarme en mi línea de flotación", se la escuchó decir ni bien el caso comenzó a cobrar vuelo.

Los elementos que sirvieron de base para reconstruir los hechos por los que se la removió, tuvieron como pieza central el contenido de una reunión en la que, junto a dos de sus colaboradores, la concejal se predispuso a hablar sobre el trámite que debería tener un proyecto de ordenanza para garantizar su aprobación. Esta circunstancia, filmada y presentada ante la Justicia, puso en cuestión otra idea muy arraigada en ciertos sectores de la sociedad, que creen ver en Baragiola a una mujer común, alejada de los "vicios" de la política. Con décadas de militancia en sus espaldas, habiendo ejercido varias veces el cargo de concejal, ocupado puestos en el Ejecutivo municipal, una banca en el Congreso Nacional y haber sido varias veces candidata a intendente, Baragiola tiene, al final de cuentas, una trayectoria inocultable. Sin embargo esta no fue una característica que ella o los suyos hayan querido reivindicar demasiado a lo largo de su carrera. La idea de que se trata de una mujer simple, en sintonía con las preocupaciones más esenciales de los vecinos, fue el eje conceptual de cada una de sus campañas. Observarla en una charla de esas que se supone tienen los políticos, ya de por sí muestra que Baragiola no solamente es una mujer de barrio con inquietudes que alcanzó puestos de responsabilidad por la mera fuerza de su empuje. Baragiola trabaja en política y ejerce el oficio. Dentro de una sociedad en la que existen amplios sectores que se ufanan de expresar su desprecio por la política, ver el revés de la trama de ciertas decisiones puede resultar indigerible. Quien disfruta de un asado, no quiere pensar en lo que sucedió dentro del frigorífico. "Entablillada y todo yo voy a seguir para adelante. Yo no reculo ni en chancletas. Yo soy así", advirtió en la sesión de este jueves. Como primer paso, ayer mismo Baragiola insistió en reclamar que el Concejo apruebe un pedido para que sea declarada la emergencia en seguridad. Al regresar a su banca, su estrategia para reconstruir su imagen consiste por ahora en atacar la gestión del intendente Gustavo Pulti, acusándolo de haber pergeñado una maniobra para destituirla junto al Frente Renovador, el Frente para la Victoria y el Sindicato de Camioneros, entre otros. La dirigente la emprendió contra los que considera los puntos más débiles del actual gobierno y mostró intenciones de reubicarse en el lugar donde considera que mejor representa las preocupaciones cotidianas de los vecinos de Mar del Plata y de Batán. Pero el desafío podría ser aún mayor. Sobre todo si se tiene en cuenta qué fue lo que Baragiola perdió durante los últimos meses, en relación al capital que atesoraba al haber triunfado en las últimas legislativas. Si en lo simbólico su imagen de mujer honesta y simple pudo haber sido vulnerada, para la praxis política las pérdidas parecen haber sido mayores. Es que la victoria de 2013 no fue toda una ganancia. Su categórico triunfo en las primarias del Frente Amplio Progresista (FAP) provocó que los derrotados en aquella instancia, quienes no llegaron al piso de votos necesario para obtener la minoría, quedaran marginados del juego electoral de las generales. Tal vez por eso, desde que Baragiola comenzó a verse comprometida, no recibió casi ningún gesto de solidaridad por parte del socialismo o de Libres del Sur, fuerzas que en su momento integraban el FAP. De hecho, desde esos sectores hasta partieron algunas declaraciones de desaprobación hacia su conducta. Para seguir adelante, "entablillada y todo" como ella afirma, por ahora parece contar con el apoyo de su entorno más íntimo dentro de la UCR. Durante estos meses, Baragiola escuchó los reproches de muchos de sus correligionarios, que no se sabe en qué medida estarán dispuestos a asistirla de ahora en más. El radicalismo sabe que a pesar de todo, Baragiola sigue siendo su mejor carta para 2015. Tal vez ya no lo sea para otras fuerzas políticas como el Frente Renovador, que se le había acercado en diciembre pasado cuando ante la falta de un candidato fuerte en Mar del Plata, imaginaba algún acuerdo a nivel local, sugerido a través de algunas fotografías junto a Sergio Massa. Posiblemente detrás de Baragiola ahora se encolumnen los radicales que la defendieron genuinamente y los que pretendían acelerar su remoción y hasta los que percibieron la oportunidad de dar un paso al frente para arrebatarle su preeminencia dentro del partido. Si la Justicia llegara a archivar la causa en la que investiga el caso, todos celebrarán el hecho como una demostración de inocencia. Por lo pronto en la sesión de este jueves, la ausencia de dirigentes de la UCR de peso y con trayectoria fue un dato evidente. Además la presencia del líder ultraderechista Carlos Pampillón enunciando apoyarla tras protagonizar una pelea en el recinto, a Baragiola no le hizo ningún favor. Fue otra piedra en el camino de una dirigente urgida por reubicarse dentro del ecosistema político al que pertenece.

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