En la UCR dudan sobre la conveniencia de que Baragiola conduzca el Concejo. Sin dejar de reconocer su autoridad y méritos para ejercer la función, quienes la ven como la candidata opositora para 2015 creen que debería concentrar su atención en el objetivo de la intendencia.
El triunfo de la lista encabezada por Baragiola -conformada íntegramente por radicales- le otorgó tanto a ella como a la UCR la posibilidad de ejercer un rol protagónico dentro del escenario político marplatense a partir del mes de diciembre, cuando deba ser renovada la composición del Concejo Deliberante.
Haber sido la fuerza más votada le permitirá al Frente Progresista reclamar para sí la presidencia del Deliberativo, lo que ya es motivo de análisis entre quienes integrarán el principal bloque de la oposición al gobierno del intendente Gustavo Pulti.
Desde fuera del municipio bien podría suponerse que la discusión ya está saldada, puesto que Baragiola parece haber obtenido una sobrada autoridad como para convertirse en la nueva presidenta del Concejo Deliberante. Sin embargo la cuestión recién está comenzando a ser evaluada, con sus pros y sus contras sobre la mesa. "En los próximos días habrá una reunión de bloque para comenzar a analizar varias cosas. Entre ellas, decidir quién presidirá el Concejo y quién será el presidente de la bancada", le comentó ayer a LA CAPITAL una fuente de la UCR.
A pesar de que no existan definiciones, es claro que quien tendrá el dominio sobre estas decisiones será Baragiola. Sus compañeros de bloque le concederán la última palabra. No es para menos. Le reconocen haber triunfado el domingo y haber arrasado en el interna de agosto tras asumir el desafío de colocarse a la cabeza de una lista 100% radical, permitiendo que hoy la UCR sea sinónimo del Frente Progresista en Mar del Plata.
En este contexto, Baragiola se erige como la principal figura de la oposición y se proyecta para 2015.
Estas circunstancias son las que provocan que puertas adentro del radicalismo se evalúe cuál debería ser su rol de ahora en más. La tarea de conducir el nuevo Concejo no será simple, en especial, para quien al mismo tiempo deba preservar su caudal político con miras a las elecciones que se celebrarán dentro de 2 años.
Acción Marplatense seguirá siendo la primera minoría al disponer de 7 concejales, cifra que equivale a los dos tercios del cuerpo. La bancada del Frente Progresista será de 6 miembros, la del Frente para la Victoria de 5, la de la Agrupación Atlántica de 2, la del Frente Renovador de 2 y la del PRO de 1.
Así las cosas, quien presida el Concejo deberá conducir una institución que tendrá mayor gravitación en la discusión y en la definición de las políticas locales, por lo que será una figura central para garantizar la gobernabilidad de la Municipalidad.
Tanto el radicalismo como Acción Marplatense conocen a la perfección las circunstancias que rodean al hecho de que un opositor presida el Concejo. Tras ganar las elecciones de 2001, Gustavo Pulti cumplió ese papel hasta diciembre de 2002. Debió resolver la sucesión de Elio Aprile, batallar contra el impacto de la crisis económica y social y lidiar con conflictos en todos los frentes.
En medio de aquel desbarajuste, la falsa idea de que Pulti "cogobernaba" el municipio hizo que en 2003 el caudal electoral de AM se terminara licuando.
Nada indica que algo semejante pueda suceder en los próximos años.
Pero lo cierto es que para Baragiola la presidencia del Deliberativo podría tener sus costos, innecesarios para algunos.
Es en ese contexto en el que la figura de su compañero de bloque, Maximiliano Abad, adquiere relevancia. Abad fue el vicepresidente primero del cuerpo y hoy es el vicepresidente segundo.
En cualquier caso, el radical que ocupe la presidencia del Concejo tendrá que hacer oposición, dialogar con el resto de las bancadas y trabajar en la elaboración de acuerdos con el Ejecutivo. Según el caso, a veces podrá aparecer como alguien que obstruye a la gestión y otras como alguien demasiado complaciente con el gobierno.
A esta altura de su carrera, nadie duda de que Baragiola pueda cumplir con ese papel manteniendo el equilibrio que la función exige y de paso, ganarse un pequeño espacio en la historia lugareña al transformarse en la primera mujer en presidir el Concejo.



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