La calidad de vida en una ciudad se mide a través de la ponderación de distintos factores. Espacios verdes, acceso al agua corriente y al sistema de cloacas, el manejo de la basura, son algunas de esas variables que ayudan a mensurar lo bien o lo mal que lo pasan los vecinos en su lugar.
En las capitales y urbes importantes de nuestro país se utilizan colectivos, trenes, subtes o trolebuses para llevar a cientos de miles o millones de pasajeros cada día. Si bien difícilmente puedan en todos los casos dar abasto para cubrir una enorme demanda, en general son eficientes y cumplen su cometido, al punto de ser el sistema más utilizado por la población. En los países desarrollados, en las grandes ciudades incluso se va desechando la idea de tener un automóvil propio, pero no por una cuestión económica, sino porque los ciudadanos lo consideran inútil al contar con un sistema de transporte público conveniente y económico.
Está claro que, por una cuestión de infraestructura y cantidad de pasajeros, en ciudades como La Rioja difícilmente se vayan a utilizar otros medios de transporte público que el colectivo, pero no por ello los riojanos merecemos menos que cualquier persona que viva en otra ciudad.
Si de calidad de vida se trata, cuando se analiza el funcionamiento del transporte público en La Rioja, no hay lugar para otra cosa que el aplazo. Las críticas del común de la gente son interminables: pocas líneas, con amplios sectores desatendidos; escasas frecuencias de colectivos, lo que alarga la espera en las paradas; vehículos vetustos y mal mantenidos, ruidosos y con altas emisiones de gases, que hacen que un viaje a bordo sea una experiencia muy poco agradable.
En este marco de situación, la empresa Riojano’s arremete a la busca de un aumento del 50 por ciento, para llevarlo de los dos pesos que cuesta actualmente a tres. Y, para peor, lo hace en forma virulenta y patoteril: “el aumento lo queremos para el uno de octubre”, advirtió Flamini, para agregar que si no lo logra “cortaremos la ciudad con 100 colectivos”.
Tanto el intendente Ricardo Quintela como algunos concejales salieron a rechazar la posibilidad de un aumento. Pero, atención, no sólo es desmedido el porcentaje que pretende la cooperativa que tiene el monopolio del transporte público de pasajeros en la ciudad, sino que además lo hace recurriendo a una forma extorsiva que, cabe aclararlo, sólo mereció la repulsa de dos legisladores capitalinos.
En el debate que generó este destemplado pedido de aumento surgieron a la luz algunos datos interesantes, que vale la pena tener en cuenta. Por un lado, el diputado Néstor Bosetti afirmó que Riojano’s recibe cada mes 1,2 millón de pesos, entre lo que percibe del Sistema de Subsidios al Transporte Urbano y por el gasoil. Asimismo, puso en duda que la empresa tenga en funcionamiento los 124 colectivos que declara, que en realidad serían unos setenta.
Por otra parte, el radical Guillermo Galván sostuvo que de acuerdo a una estadística de 2010, los colectivos de Flamini transportaron a 21 mil pasajeros por día, lo que representa apenas al 10 por ciento de la población capitalina, además de llamar la atención sobre lo que cobran los trabajadores.
Está visto que las negociaciones de las tarifas nunca son fáciles, pero deben encuadrarse en un diálogo serio y maduro, basado en informes y apreciaciones objetivas, en vez de sustentarse en la amenaza que, en definitiva, desacredita a quien la profiere.
La gente común, que cobra un sueldo, no está dispuesta a soportar otro golpe al bolsillo por un servicio que considera ineficiente y que, a todas luces, debe ser objeto de una profunda revisión.
Cruces en el oficialismo
Luego de las primarias, que dejaron como resultado el sorpresivo buen desempeño de la lista que encabeza Carlos Menem, así como el incontrastable triunfo de Cristina Fernández a nivel nacional, la política cayó en un tiempo de reacomodamientos internos y digestión de los resultados, en un proceso que todavía continúa.
Sin embargo, en medio de este impasse, levantó temperatura la disputa entre las listas del oficialismo que se cruzaron algunas críticas. En declaraciones a NUEVA RIOJA, la diputada provincial Alejandra Oviedo, quien aspira a una banca nacional por el Frente Popular Riojano, dijo que su partido “espera poder superar la chicana” del Frente para la Victoria, que se opone a juntar la boleta de Cristina la de Menem. Además, criticó a sus contrincantes porque “no piensan en la presidenta, sino en ellos mismos”.
Seguidamente, también en las páginas de este matutino, el diputado Carlos Luna, hermano de la candidata a senadora Teresita Luna, salió con dureza a señalar que un sector del menemismo “no contribuyó al resultado de la Presidenta en La Rioja” y trabajó para la candidatura de Alberto Rodríguez Saá.
Una vez más, la chepeña le echó el vale cuatro y lo trató de “infantil”, de faltar a la verdad e intentar “embarrar la cancha ante el gobierno nacional”. Lo llamativo es que el comunicado de Oviedo llegó acompañado de una foto reciente junto al gobernador Luis Beder Herrera, lo que encierra un mensaje tácito para el lunismo y el quintelismo; al buen entendedor…
Más allá del ocurrente comunicado de Inés Brizuela y Doria, que califica los desencuentros de los oficialismos como una novela mexicana, ambas listas bederistas están enfocadas en copar el discurso político y polarizar la elección del mismo modo en que lo hicieron con las Primarias, lo que les dio muy buenos dividendos electorales.
En el ámbito gremial, los sindicatos impulsados por el SITRAPP y el SOEM se manifestaron el jueves por un mayor aumento de los salarios, con una marcha que fue llamativa pues congregó a un importante número de trabajadores en la Plaza 25 de Mayo. Sin embargo, lo que no tienen en cuenta los críticos del aumento a los estatales es que respeta los índices inflacionarios oficiales y que, en sus impetuosos reclamos mediáticos, no se acuerdan de exigir un sinceramiento de las cifras al INDEC, para luego sostener cuánto necesita un trabajador para vivir.










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