Panorama político de Olavarría: Europa desafía nuevamente al mundo e indica la manera de crecer o de salvarse. El Bicentenario y las ausencias de los ex presidentes reflejan una república con más énfasis en las ideologías que en las instituciones. La pelea por la Comuna y la importancia del electorado radical.
Hay mucho de insondable en esta frase. Parece una expresión de resignación, de renunciamiento o claudicación, aunque también puede ser una manifestación de grandeza y humildad.
Quien la expresa, y así lo explicó luego, está postergando momentáneamente la verdad de las cosas y está privilegiando el marco adecuado para continuar la lucha por la convivencia, la armonía (la que se puede), la integración y las formas de vida más justas.
Porque, ¿de qué vale que Alemania tenga una economía floreciente, haya integrado perfectamente al lado oriental después de la caída del muro, si a su alrededor hay una Europa que se cae a pedazos?
Si el gobierno alemán expresara que ellos se abstraen de lo que está pasando porque no son responsables de los males de otros, tendrían razón, ¿pero de qué sirve esa verdad si el escenario europeo amenaza con la convulsión más tremenda que se conoce después de la crisis del '29, amén de las guerras, claro?
Occidente se ha ido formando a partir de las contradicciones entre dos bandos que creían tener la razón y buscaban dirimirla.
Se creyó demasiado en una verdad política y que el perdedor de la contienda se rendiría ante la potencia de la razón del vencedor.
Nada de esto es cierto, por lo que se podría concluir que el mejor de los escenarios para dirimir dos razones encontradas es el del diálogo y la negociación en paz.
Además - y eso el capitalismo lo comenzó a comprender en la década del '30 -, no se puede pensar en una sociedad pacificada si no existe una distribución equitativa de la riqueza, o si no se da un crecimiento integral.
Los alemanes como cualquiera de los países europeos que hoy no están pasando por la crisis de Grecia o la periferia del viejo continente, no podrían estar tranquilos y gozar de su buen pasar si al lado hay una nación que se está cayendo a pedazos. De la misma manera que no hay posibilidades de gozar de la riqueza si en la cuadra de enfrente hay carencia y exclusión.
No es sustentable una sociedad en la que crezca sólo un sector. Las brechas sociales muy pronunciadas generan irritación, revancha y producen inestabilidad. El rico podrá argüir que él no es culpable del empobrecimiento de su conciudadano, lo que no es verdadero. Sin embargo, suponiendo que tiene razón, de qué valdría tenerla si no podría vivir en paz porque se sentiría acechado permanentemente. Eso es lo que está pensando este alemán del reportaje radial, y eso es lo que deben pensar los argentinos beneficiados por el modelo.
Planes y neokirchnerismo
El Bicentenario lo toma al gobierno nacional en uno de sus mejores momentos.
Los números de la macroeconomía son buenos, los de la micro sólo los empaña la inflación, pero todavía sigue en deuda con la generación de trabajo.
En la Argentina todavía subsiste, como una rémora de los '90 y de la crisis posterior, la desocupación, el subempleo y la exclusión.
El kirchnerismo logró mermar bastante esos índices, pero todavía está en deuda a pesar de los siete años de casi constante despegue.
Creció la economía, pero se concentró demasiado y fallaron un poco las políticas de distribución del ingreso.
El problema de los Kirchner sigue siendo el estilo.
Los dos son personas que prefieren pelear por tener razón que por privilegiar la paz.
Tanto Néstor como Cristina se desenvuelven como pez en el agua en los escenarios controversiales.
El problema es que a veces no miden cuánto afecta eso a sus imágenes.
Eso sí, la iniciativa política de ambos es admirable. Fueron derrotados el 28 de junio pero jamás perdieron la iniciativa y terminaron abrumando a la oposición.
La conducta del kirchnerismo es llamativa. Elogian la gestión de Cristina pero nadie propone su reelección. Prefieren levantar a Néstor, quien habría levantado en las encuestas pero no le alcanzaría para ganar en la segunda vuelta.
Hablan de un Plan B con Daniel Scioli, pero nadie cree en un kirchnerismo sin Kirchner en ejercicio del gobierno. Porque decir que Scioli es un Plan B del kirchnerismo es no decir nada. El Gobernador encarna el sciolismo y no un neokirchnerismo.
Enfrentamientos
Lo de Scioli es otra cosa con otro estilo y quizás una ideología diferente.
Es más, dirigentes como Julio Alem, por ejemplo, pueden ser sciolistas con total relajamiento, pero les cuesta una enormidad ser kirchneristas.
El Chango Alem podría manejarse con comodidad dentro del peronismo disidente y sin ser peronista.
Más aún, no falta quien lea que la entrevista de Julio con Duhalde prefigura su destino político porque "Chango nunca más vuelve al radicalismo", dijo un allegado suyo que no ve para nada una interna radical entre él y Cladera. "Le pasa como a José: no vuelven más", vaticinó.
La estrategia de Alem es difusa y eso lo desdibuja un poco.
La política está marcada por la lógica del enfrentamiento - eso quizás tenga que ver con un triunfo cultural del kirchnerismo -, y hoy más que nunca los dirigentes se definen por lo que se oponen.
El "Gato" de la Coalición Cívica, ni corto ni perezoso, ya le está apuntando al espectro radical, se involucró en la interna y ve su futuro ligado al viejo partido aunque dentro de un espacio más amplio como el Acuerdo Cívico y Social.
No tuvo ningún problemas en decir que prefería a la lista 7, la que él está seguro que apoyará acuerdo con el ARI.
Los escenarios para 2011 son varios, pero comenzarán a delinearse recién después del Mundial.
Bicentenario y prioridades
José Eseverri , por su parte, preocupado porque no llegan algunos fondos de Nación, habla con casi todos, preferentemente con quienes le garanticen la gobernabilidad, y polarizando casi excluyentemente con Cladera porque con Alem habría recuperado el diálogo.
El líder de la CC intentó tener un consenso de mínima con algunos temas, pero se encontró con una suerte de pared. Y eso lo terminó de ubicar en la vereda de enfrente.
El Ejecutivo elevó la Rendición de Cuentas que tiene menos objeciones sobre su contenido que las que tiene por su tratamiento legislativo.
En el Concejo, oficialismo y Coalición Cívica se echan las culpas mutuamente por los plazos ya que se la debía tratar antes del 30 de mayo. Al final se consensuó en hacer la sesión el viernes junto con la ordinaria.
La fiesta del Bicentenario le permitió a José mostrar una cara diferente a la Nación con obras de neto corte cultural y estético.
En cambio, a nivel nacional, la Presidenta se peleó con Mauricio Macri, no irá a la fiesta de Gala del Colón, y no invitó ni al Vice ni a los ex Presidentes a la cena del 25.
Lo primero puede llegar a ser más defendible por los dichos previos del Jefe de la Ciudad, quien los había acusado a los Kirchner de armarle una causa y por la mañana se lamentó de tener que compartir la fiesta con el matrimonio. Pero lo segundo es un despropósito institucional.
Son sucesos que contradicen las conductas de quienes hace doscientos años privilegiaron la república y la libertad a las diferencias ideológicas que de hecho existían entre los miembros de la Primera Junta.
Sin embargo, aquella vez tuvo mucho más peso el interés general que las animosidades personales. Y ese orden de prioridades fue lo que engendró la Nación.



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