El número tras la decisión de bancar una medición de precios obsoleta que pisa la inflación. Impacto en salarios (paritarias), jubilaciones y poder adquisitivo.
Por Lorena Hak
La marcha atrás de Toto Caputo en la actualización del IPC puso en escena el vínculo entre inflación medida y política fiscal. Informes económicos advierten que sostener la metodología vieja reduce el ritmo de actualización del gasto, mejora transitoriamente el resultado fiscal y modifica el efecto sobre salarios, jubilaciones, poder adquisitivo y deuda indexada, con impacto en las cuentas públicas.
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La decisión de no actualizar la metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC) tiene efectos que superan la discusión estadística. El informe semanal de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advirtió que la marcha atrás en el cambio de canasta impacta directamente sobre el gasto público indexado.
Según ese análisis, "la menor actualización de prestaciones sociales y pagos vinculados a deuda ajustada por Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) generaría un ahorro fiscal cercano a los 5 billones de pesos, equivalente a casi 0,5% del PBI".
El informe señala que, en ese escenario, “los gastos subirían menos que los ingresos sólo por razones estadísticas”, otorgando margen a las cuentas públicas.
El dato cobra relevancia en un contexto donde jubilaciones, AUH, pensiones y títulos públicos ajustan automáticamente por inflación. Una inflación medida por debajo del costo de vida reduce la velocidad de actualización de esas partidas y mejora el resultado fiscal sin necesidad de nuevos recortes nominales.
La discusión metodológica y el cambio de canasta
El debate se centra en la utilización de una estructura de ponderadores basada en patrones de consumo antiguos. La canasta vigente refleja hábitos de consumo de 2004-2005, cuando los bienes tenían mayor peso relativo que los servicios.
El informe del Banco Provincia explica que los capítulos vinculados a bienes transables tienen ocho puntos porcentuales más de incidencia en la canasta vieja, mientras que rubros como vivienda, transporte y comunicaciones tienen casi 11 puntos menos. En un contexto de fuerte recomposición tarifaria, esta diferencia altera la medición final del índice.
La consultora Vectorial sostuvo que el índice actual “subestima la inflación real” al no reflejar adecuadamente el peso creciente de servicios y tarifas en el gasto de los hogares. Según sus estimaciones, utilizando ponderadores actualizados la inflación de 2024 habría sido superior a la informada oficialmente.
Impacto sobre salarios y poder adquisitivo
El efecto de la medición no se limita a las cuentas públicas. El Banco Provincia estima que, al actualizar la canasta, la caída del salario real privado registrado entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 pasaría de 1,2% a 7,7%, lo que permite explicar el aumento del pluriempleo, la mayor cantidad de horas trabajadas y el incremento de la irregularidad crediticia de los hogares.
En la misma línea, Diego Giacomini, economista de Economía y Ética, afirmó que, con un IPC actualizado, “la inflación acumulada es +40 puntos porcentuales mayor, los salarios reales son -10 puntos porcentuales más bajos y el dólar está -10 puntos porcentuales más barato que con el IPC usado hasta ahora”.
El efecto también alcanza a las negociaciones salariales y a la percepción social de la desinflación, ya que los acuerdos paritarios suelen tomar como referencia el índice oficial.
Vectorial refuerza esta tesis, ya que estima que, "mientras el salario registrado cae un 6% según el dato oficial, la pérdida real superaría el 13%" si se contemplara el peso actual de las tarifas.
La defensa oficial y el frente político
En medio del debate, el ministro de Economía, Toto Caputo, defendió la continuidad del índice actual. “No hay ninguna persona racional que haya interpretado que continuar midiendo la inflación con el mismo índice que se viene midiendo (desde) hace 20 años fuera a generarle un problema de credibilidad a esta administración”, escribió.
Excelente tuit.
No hay ninguna persona racional que haya interpretado que continuar midiendo la inflación con el mismo índice que se viene midiendo hace 20 años, fuera a generarle un problema de credibilidad a esta administración, que hace un culto del respeto por la propiedad… https://t.co/Phu4ZdCzWo
— totocaputo (@LuisCaputoAR) February 6, 2026
Además, el ministro replicó mensajes que celebraban la reacción del mercado tras la polémica, en un contexto donde las tasas retrocedieron y los bonos mantuvieron demanda. A pesar de que el titular del Palacio de Hacienda minimizó el impacto, el mercado observa con lupa la brecha entre el "dato" y el "relato".
Informes privados advierten que la discusión metodológica también impacta en la credibilidad del indicador. Vectorial señaló que la intervención política sobre el IPC “expuso las inconsistencias de sostener un índice desactualizado que subestima la inflación real y funciona como ancla fiscal al licuar el gasto indexado”.
Rezago regional y efectos hacia adelante
El debate sobre la actualización del IPC también abrió una comparación regional. Mientras Argentina continúa utilizando una canasta basada en consumos de hace dos décadas, países como Uruguay y Chile actualizan sus bases con datos posteriores a 2017 e incluso a 2022 y 2023.
El informe del Banco Provincia advierte que este rezago estadístico dificulta la comparación internacional y modifica la lectura de variables clave de la economía doméstica. En ese marco, la discusión sobre el IPC dejó de ser exclusivamente técnica para transformarse en un eje central de la política económica, donde la medición de la inflación incide tanto en la dinámica fiscal como en los ingresos reales de la población.
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