Pasa por la vereda de dos escuelas y un jardín; reclaman que los ciclistas vayan por ahí a pie
Ya reclamaron una acción correctiva del gobierno porteño, pero la respuesta no fue la que esperaban. De no haber una respuesta acorde con su reclamo, los padres podrían presentar, en los próximos días, un recurso de amparo ante la Justicia para que revise el caso.
En la avenida Libertador entre Maure y Olleros, la Ciudad inició obras para remarcar el lugar de tránsito de los rodados con baldosas especiales. "Generan una vibración en las bicicletas que obliga a reducir la velocidad", explicó a LA NACION el subsecretario de Transportes porteño, Guillermo Dietrich.
Pero esta medida, sumada a la colocación de canteros en algunos tramos, no fue bien aceptada por los padres, que solicitan que en ese tramo frente a las escuelas los ciclistas desciendan de los rodados y vayan a pie. "Parece que nos estuvieran cargando. "No es un tema de señalización: no queremos que las bicis pasen por allí andando", se quejaron los padres ante a LA NACION.
Las autoridades porteñas reafirmaron que el recorrido de la ciclovía continuará sobre la vereda del jardín Granaderos de San Martín, las escuelas primarias Nº 5 y Honorable Congreso de la Nación y el Centro Educativo Complementario de Natación Nº 3.
Algunos papás temen que el nuevo proyecto facilite aún más el tránsito rápido de los rodados. "Los ciclistas van a tener más claro su recorrido", dijo Karina Barrios, madre de dos chicos de 2 y 4 años que concurren al jardín de infantes Granaderos de San Martín.
El reclamo por la ubicación de la bicisenda lleva ya más de cinco meses. Los padres no pueden ocultar su sorpresa y la preocupación que les provoca que decenas de ciclistas transiten a mucha velocidad justo en el momento en que los alumnos finalizan su jornada escolar y se retiran de los establecimientos. Barrios contó a LA NACION: "Una vez, tuve que atajar a mi hija del gorrito que llevaba puesto porque si no lo hacía le pasaba una bicicleta por arriba". Otros padres recurren a los gritos para alertar a los chicos ante un paso peligroso. Los estudiantes de las instituciones afectadas no superan los 12 años, por lo que tienen contexturas físicas pequeñas.
A Rogelio di Paola no le alcanzan las manos para sujetar a sus dos hijos. "Pero es imposible", reflexionó. Con sólo 5 y 3 años, a los chicos les gusta jugar. Y por más que "los torture" para que se queden a su lado, los niños de Rogelio son inquietos como cualquiera de esas edades.
Los padres denunciaron también que la mayoría de los ciclistas que transitan por la zona hace caso omiso de las advertencias para que aminoren la marcha.
Aunque algunos carteles indican sobre la presencia de escuelas en ese tramo, los padres suelen enfrentarse con los ciclistas. "Cuando les pedimos que bajen la velocidad, algunos se enojan", resaltó Daniela Rodríguez, madre de una niña que asiste a la sala de dos años del jardín y de otro niño que va a quinto grado en la primaria. Ella es uno de los tantos padres que debe aguardar 20 minutos en la vereda con su hija menor, que sale más temprano del jardín, hasta que se retira el otro niño.
Dietrich reconoció que la cartelería colocada para que los ciclistas reduzcan la velocidad "no tuvo el efecto deseado". "Tras algunas reuniones con los directivos de las escuelas, resolvimos llevar a cabo intervenciones físicas", dijo..

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