El alto contenido importado de la industria "conspira" contra el plan oficial

El alto contenido importado de la industria "conspira" contra el plan oficial
Tras el salto del dólar, el Gobierno debió salir a contener las presiones inflacionarias. Intenta "freezar" el valor de insumos y bienes de consumo, como electrónica y línea blanca. Sin embargo, la alta incidencia de lo importado está complicando el plan kirchnerista, en nuestra provincia los efectos se han hecho sentir en forma drástica y hay unos 4 mil operarios en la calle.

Durante la última década, el Gobierno apeló a una frase para resumir parte de la "esencia" del modelo K: el "proceso de sustitución de importaciones".

Este concepto, en boca de los funcionarios, fue sinónimo de "beneficios" para el país: se utilizó para estigmatizar a los productos que llegaban del exterior y para celebrar el crecimiento de la industria nacional y la creación de puestos de trabajo,

Bajo dicho concepto fue incluido nuestro polo tecnológico, según el Gobierno, permitió "sustituir" importaciones por millones de dólares en artículos electrónicos. También se sumó al rubro automotor, considerado como un actor fundamental en el proceso de industrialización del país, sostiene el artículo Juan Wasilevsky, periodista especializado en temas económicos.

Para Wasilevsky, las importaciones fueron señaladas como las "malas de la película". Y controlarlas y limitarlas, bajo el argumento oficial, siempre fue en defensa de las reservas y para cuidar los dólares necesarios para financiar la compra de energía.

Pero el discurso oficial chocó contra la realidad: tras la fuerte devaluación y la disparada de los precios de electrodomésticos, autos y hasta de insumos para la construcción, el ministro de Economía, Axel Kicillof, debió enfrentar los micrófonos y hablar de lo que ningún funcionario se había atrevido en los últimos años: reconocer que casi toda la industria argentina tenía "bastante" contenido importado.

Así, por primera vez un funcionario de alto rango hizo referencia al enorme déficit industrial, asumiendo las claras limitaciones del país para avanzar en un proceso de sustitución de importaciones genuino.

"Los celulares tienen un alto componente importado. Hay un montón de insumos que no se producen en el país", detalló el funcionario en un acto de "sincericidio" impensado meses atrás, en momentos en que sólo se hablaba del éxito de la industria nacional a la hora de sustituir importaciones, cuando en realidad muchos de los productos que se ensamblan localmente tienen un contenido nacional menor al 10%, como sucede con Tierra del Fuego.

En definitiva, se rompió -tanto a nivel discursivo como en la práctica-, la "luna de miel" con algunos sectores de actividad.

De hecho, el Gobierno ya exigió a tecnológicas y automotrices a importar entre un 20% y 27% menos durante este primer trimestre. Al tiempo que está obligando a empresas de un amplio espectro de sectores a buscar apalancamiento externo para financiar compras al exterior.

Este plan de "tolerancia cero" provocó un faltante de insumos que derivó en 4.000 suspensiones en Tierra del Fuego, lo que desató una fuerte pelea gremial.

El deseo oficial choca contra la realidad

La disparada de precios en todas las cadenas de retail de la Argentina -con productos que se llegaron a encarecer un 40% en cuestión de horas-, obligó al Gobierno a "blanquear" el déficit estructural y crónico de la industria nacional y a retractarse, tras haber asegurado -en un primer momento- que el salto del dólar no debía traducirse en más inflación.

Tras el caos de precios que se desató días atrás, el Gobierno anunció que analizará artículo por artículo la incidencia de los insumos y componentes importados para determinar cuáles podrán aumentar y en qué magnitud.

Según Kicillof, no es lo mismo un celular, en el que hay "bastante" contenido traído del exterior, que un lavarropas, donde los plásticos y la chapa son de producción nacional.

Por lo pronto, la suba del 7,5% que se le permitió a todas las cadenas de retail fue una clara muestra de la imposibilidad de "desacoplar" los precios de las góndolas de la variable cambiaria.

El problema que enfrenta el Gobierno es la enorme incidencia de los componentes importados en el seno de la industria nacional.

En este sentido, desde la Cámara de Importadores estiman que el 90% de las empresas del país utilizan, en algún tramo de la cadena de producción, algún insumo del exterior.

Esto, como se mencionó, pone de manifiesto las grandes limitaciones del discurso oficial en pos del "vivir con lo nuestro" y lo poco que se avanzó, en muchos sectores.

Luciano Cohan, economista de la consultora Elypsis, aseguró que "el proceso de sustitución de importaciones en la Argentina durante la última década fue muy leve. La producción industrial creció mucho, pero la sustitución en sí fue bastante escasa".

El experto agregó que "esto no es malo, se trata simplemente de que el país no puede producir todo lo que consume, como se trató de comunicar a nivel oficial. Por eso, el relato sobreestimó los alcances de dicho proceso de sustitución.

Así las cosas, Cohan agregó que "el impacto de la devaluación se va a sentir en los precios, porque hoy el componente importado es mucho más elevado que hace 20 años".

El "Made in Argentina" y un baño de realidad

Un reciente informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), bautizado "El rompecabezas productivo argentino", destacaba las diferentes realidades que atraviesan diferentes ramas claves de actividad.

El informe resaltaba que los encadenamientos industriales del país exhiben las huellas "de años de desarticulación productiva, lo cual se manifiesta en la elevada cantidad de sectores con bajo nivel de integración nacional".

Así, los expertos de la UIA detectaron 18 sectores con un alto contenido local genuino. Pero, como contrapartida, relevaron más de 40 ramas de actividad -entre industria, agro y servicios- donde ocurre todo lo contrario, ya sea porque poseen muy bajo nivel de valor agregado o porque dependen mucho de los insumos importados.

Fuentes de la UIA aseguraron que "este cuadro que se daba hace dos años es exactamente el mismo que el de ahora. Es una situación estructural que no varió".

"Desde los años ´80 hacia adelante, se pasó a un esquema donde predominó el ensamblado. Es algo que se dio en todo el mundo, pero la particularidad de la Argentina es que antes había rubros con encadenamientos fuertes y de contenido nacional importante pero los mismos se fueron perdiendo. Entonces, como no hubo una política industrial a gran escala para fortalecer esos encadenamientos, se entró en un círculo vicioso por el cual, cuanto más se quiera crecer, más se deba importar".

El problema que enfrenta el Gobierno es la altísima exposición de la economía a las importaciones.

No es para menos: el déficit industrial, es decir, la diferencia entre compras y ventas al mundo, en 2013 superó los 30.400 millones, un 8% más que el período anterior y el segundo rojo más elevado en toda la historia

Sectores bajo la lupa como el rubro electrónica se convirtió en el centro de la polémica tras la devaluación y el impacto inflacionario. Luego de que los precios de celulares, notebooks, o equipos de aire acondicionado se dispararan hasta un 40%.

El punto central es que la normativa actual no obliga a las empresas del sur del país a integrar partes o piezas nacionales más allá de cables, baterías o memorias ram. Así las cosas, en algunos equipos ensamblados, el contenido importado supera largamente el 90%.

Así las cosas, cualquier salto en el valor del dólar impacta de manera directa en el valor en pesos de los insumos importados para las plantas instaladas en nuestra provincia, generando incertidumbre como las que asistimos hoy en día.

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