Alemania cedió en sus condiciones y dio luz verde a un nuevo plan de ayuda financiera, impulsado por Francia, el FMI y el BCE
El paso atrás de Alemania, sumado a la reestructuración gubernamental anunciada por el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, consiguió disipar los temores de una bancarrota inminente de Grecia y el estallido de la zona euro que planeaban sobre las finanzas internacionales desde comienzos de semana.
Para unos, se trató de una claudicación; para otros, de una decisión inteligente. En todo caso, al término de una visita de Sarkozy a Berlín, Merkel explicó ayer que la participación del sector privado en el segundo plan de rescate de Grecia se hará en forma "voluntaria", "en acuerdo con el BCE", y evitando todo "acontecimiento crediticio". En otras palabras, todo acto que pueda ser interpretado como una cesación de pagos por parte de Atenas.
Merkel insistía hasta ayer en la necesidad de una participación del sector privado y bancario. En forma disfrazada, lo que la jefa del gobierno alemán pedía era una reestructuración de la deuda griega, enfrentándose así no sólo con Francia -hecho bastante habitual-, sino con el BCE.
Para París y los responsables del BCE, todo lo que pueda parecerse a una cesación de pagos de un Estado miembro de la zona euro podía provocar una estampida capaz de hacer tambalear a otros países frágiles, como Portugal e incluso España.
Tras la reunión de Berlín, Sarkozy y Merkel apelaron a encontrar una rápida solución a la crisis griega. "Cuanto antes, mejor", dijo la canciller, que, hasta comienzos de semana, proponía esperar hasta septiembre.
Merkel y Sarkozy esperan que el gobierno griego obtenga mañana el acuerdo del Parlamento para lanzar el nuevo programa de ajustes que reclaman el FMI y la UE antes de aprobar un rescate que oscilará entre 130.000 y 170.000 millones de dólares. Se estima que el nuevo plan de ayuda podría ser aprobado en julio.
"La oposición [también] debería apoyar al primer ministro griego", dijo la canciller alemana, que apeló a los dirigentes políticos griegos a "cumplir con sus obligaciones".
En caso de voto parlamentario positivo, los ministros de Finanzas de la eurozona, que se reunirán mañana, podrán decidir el desbloqueo inmediato de 17.000 millones de dólares, de los cuales 5000 millones serán desembolsados por el FMI, tramo correspondiente al primer plan de rescate decidido el año pasado.
Los ministros de Economía también discutirán en Luxemburgo el llamado plan de salvataje Grecia II, que le permitirá a ese país financiarse a partir de 2012. Es en este nuevo paquete donde teóricamente se inscribe la participación del sector privado (bancos, compañías de seguro y fondos de inversión).
Después de divisiones y divergencias, los europeos parecen dirigirse hacia un sistema en que los inversores privados serán "vigorosamente invitados" a reinvertir en deuda griega los títulos que poseen. El canje "voluntario" por obligaciones a siete años se haría en al vencimiento de cada título. Ese modelo, denominado "de Viena", había sido adoptado en 2009 para los países del este de Europa azotados por la crisis financiera. Berlín también parece haber renunciado definitivamente a la opción que defendió hasta ahora, que consistía, prácticamente, en obligar a los bancos a cambiar sus bonos griegos contra obligaciones de más largo plazo.
Al precio de perder todavía más poder, el primer ministro griego nombró ayer un nuevo equipo gubernamental que le permitirá hacer adoptar -por una corta mayoría parlamentaria- el plan de austeridad exigido por Europa y el FMI. La reestructuración ministerial tuvo como objetivo obtener la unión del partido socialista (Pasok), mayoritario en el Parlamento, después que Papandreu fracasó en su intento de constituir un gobierno de unidad nacional.
Convencida de que el nuevo gobierno tendrá corta vida, la alianza conservadora Nueva Democracia, principal formación de oposición, reiteró su exigencia de convocar a elecciones anticipadas y renegociar un plan de consolidación presupuestaria elaborado con la participación de los europeos y el FMI.
Papandreu sale debilitado de esta crisis interna que sacude al Pasok. Para obtener el apoyo de su partido al plan de austeridad, el primer ministro tuvo que hacer importantes concesiones a sus rivales internos. Así, algunos de sus ministros más fieles fueron "reorientados" hacia carteras menos prestigiosas o dejaron el gobierno.
El ganador de esa pulseada fue Evangelios Venizelos, adversario de Papandreu en las elecciones internas de 2007 para liderar el partido. En el nuevo gobierno se transforma en el número dos, ejerciendo la función de viceprimer ministro junto a Theodoros Pangalos.
Profesor de Derecho Constitucional, Venizelos deja el Ministerio de Defensa para hacerse cargo de la cartera de Finanzas en reemplazo de Giorgios Papaconstantinou.
Al aceptar la difícil tarea de ocuparse del futuro financiero del país, Venizelos asume un riesgo calculado. Si consigue hacer aplicar el plan de consolidación presupuestaria, alcanzará una estatura de estadista, que le otorgará una nueva oportunidad de gobernar el país en el futuro.

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