Escribe Omar BelloLes recomiendo ver “Aliados”, la nueva tira de Cris Morena por TELEFE, no tanto porque valga la pena sino debido a que se trata de un catálogo sobre sus extrañas creencias personales.
Sin tanta poesía, los políticos también viven en un planeta donde las cosas funcionan según sus propias reglas y tienen un único objetivo: mantener el poder a partir de una red de alianzas supuestamente efectivas. En Junín estamos azorados por el salto de Mario Meoni hacia el massismo, sin embargo, a nivel nacional se dieron algunos movimientos más sorprendentes todavía. Lilita Carrió y Pino Solanas decían estar en veredas enfrentadas, y hoy van juntos de la mano, algo parecido ocurrió con Moyano y Dé Narvaez, y si quieren más, Patricia Bullrich junto a Mauricio Macri tampoco cierra. Me corrijo, cierran perfectamente (a ella la conozco bien), pero aseguraban estar en lugares distintos. Otro con el que filmé algunos comerciales de jabón es Fabián Gianola, quien va con Massa. ¿Hacía falta Sergio?
Aunque “aliados” es una palabra maravillosa, en Argentina está mal aspectada por lo que ocurrió con la alianza liderada por Fernando De la Rúa. En las elecciones de medio tiempo no debería ser tan extraño que gente de distintas corrientes se unan. Claro que tanta mezcla desnuda la inexistencia de un plan a largo plazo. Al fin del día, las alianzas son movidas que se hacen para ejercer presión sobre alguien, no necesariamente construyen un discurso nuevo y atractivo.
Si Cris Morena exorcizó con “Aliados” el duelo por su hija, Mario Meoni secó las lágrimas de Cobos en los brazos de Sergio Massa.
La historia secreta del massagate
Hace unos meses, cuando le pregunté a Javier Gabrielli acerca de las elecciones y sus expectativas, aseguró que estaban con un “tachito” sobre la cabeza, es decir, abiertos al mejor postor. Ambos sabíamos que no era cierto ya que Sergio Massa siempre anduvo en la oraciones de Mario Meoni.
La semana pasada, y con información valedera en la mano, llamé a Damián Itoiz para preguntarle si estaba negociando con el massimo. Lo negó por completo. De nuevo, quien escribe sabía que no era del todo cierto pero evité insistir. Por otro lado quedaba suelto un dato interesante: ¿Quién cerró con Massa? Quizás Damián no me estaba mintiendo del todo y él no se sentía cómodo con la jugada. Está clarísimo que Meoni y Malena Baro son los grandes ganadores de esta partida, éxito que se extiende al núcleo chico del Intendente (Javier Gabrielli). Pero qué pasará con los demás. Sabemos que Itoiz y Pablo Petraglia estuvieron en contra de las negociaciones, y que sus gritos se hicieron sentir fuerte en las horas previas y posteriores. Pero no había sólo una cuestión ideológica dando vueltas en esos enojos: dos días antes de cerrar todo Meoni estuvo al borde del paro cardíaco ya que la negociación se estancó y amenazó con quedar en la nada. Su largo trabajo de seducción donde, hay que decirlo, primó mucho la amistad que tiene con el Intendente de Tigre, casi naufraga y se reavivó apenas sobre el filo del cierre. En realidad, ya a primeras horas del sábado se sabía que el acuerdo había revivido y Baro ocuparía el primer lugar en la lista. Pero todo se mantuvo en secreto para evitar un rearme del radicalismo de última hora. O sea, además del cruce hacia el massismo lo que le reprochan algunos colegas al Intendente es su estrategia ocultista para frenar una embestida. En cuanto a lo ideológico, lo peor es no saber bien para quién terminará jugando Sergio Massa. Si como muchos piensan es un invento del kirchnerismo para frenar a la oposición, el salto del meonismo sería aún mayor y más arriesgado. La bronca de Cristina hacia Meoni fue uno de los puntos que Massa tuvo en cuenta al intentar recular. Pero al final lo que estaba en juego no era tan importante. Si la presidenta fue capaz de dejar de lado a su propia cuñada (no quería que un Kirchner se arriesgara a perder), lo que ocurriera en la cuarta no era tan significativo, y Massa necesitaba de Meoni, en particular de Malena Baro que, a diferencia de otros jugadores, vive asegurando que es “mujer de Mario” ¿Por qué? Porque hoy por hoy Meoni le dio un espacio tan grande que no admite traición alguna (puso todas sus cartas en ella). Junto al espacio vienen los recursos que incluyen contratación de una importante agencia porteña.
Aliados
Está claro que Mario Meoni pensó, ante todo, en su futuro político. Y miró más allá de Junín, en los horizontes de su posible “escape” a nivel país. Puede gustarnos o no, pero la otra alternativa era seguir los pasos de Abel Miguel (ostracismo), y quedarse a vivir en la casa que nunca termina de levantar, lejos de la política. La construcción que hizo con Sergio Massa es una obra maestra del tejido estratégico; de estar prácticamente muerto tras su affaire con Cobos, no sólo retuvo la intendencia el tiempo suficiente como para lograr aire, tuvo además la inteligencia de ver al hombre de Tigre y “apuntarle”. Mientras muchos dudaron, él siguió confiando y más allá de las idas y vueltas, esa lealtad pesó al final del camino que, en términos de futuro, lo deja bien parado y con chances. Otra vez queda en manos de una figura dudosa (Massa) que puede encontrar el estrellato o estrellarse, pero está claro que semejante opción supera a todas las que tenía en carpeta.
Cuando le preguntaban a Ginger Rogers, la pareja de baile más famosa del mítico bailarín Fred Astaire, acerca de su partenaire (se rumoreaba que estaban peleados), ella decía una frase que bien puede aplicarse a Meoni: “Hacía lo que podía en el lugar donde estaba”. Bueno, Meoni hace lo que puede en el lugar donde está, y a pesar del enojo radical todavía las encuestas no lo dilapidan. No es un héroe ni mucho menos, apenas un hombre más luchando por sobrevivir en un universo salvaje como el que le tocó y al que contribuye.
La mayoría de las alianzas que se vienen realizando (y la de Meoni no es la excepción) muestran que el grueso de los políticos no sabe cómo enfrentar al kirchnerismo. Se ponen en fila y le apuntan, pero los líderes rara vez salen del pelotón de fusilamiento o se maceran en las críticas. Eso sí, mientras alguien encuentra un discurso coherente que seduzca a la sociedad, Mario Meoni construyó su nido, igual que el hornero, decisión que poco tiene que ver con nosotros y nuestro futuro, aunque para él es un buen punto de partida. Después de todo, los muertos tampoco ayudan a nadie, y eso era lo único que podía esperar si se cortaba solo.











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