Los aliados históricos de EE.UU., cada vez más irritados con Trump

Los aliados históricos de EE.UU., cada vez más irritados con Trump

El magnate dijo que no va a tener "una buena relación" con Gran Bretaña luego de que Cameron sostuvo que algunas de sus ideas son "estúpidas"; Valls lo había calificado días atrás como una "mala persona"

Por Martín Rodríguez Yebra

MADRID.- La diplomacia desafiante del precandidato republicano Donald Trump sumió ayer en la incertidumbre el futuro de la "relación especial" entre los Estados Unidos y Gran Bretaña, un eje fundamental de la geopolítica contemporánea.

Con su desparpajo característico, el magnate respondió en una entrevista televisiva comentarios críticos del primer ministro David Cameron y auguró que no van a tener "una muy buena relación" en el caso de que él consiga llegar a la Casa Blanca.

El choque entre Trump y Cameron escala desde hace semanas. El conservador británico fue el primer líder de una potencia que cuestionó en público las posiciones xenófobas y aislacionistas del postulante norteamericano. Llegó a decir que le parecía "estúpido, divisorio y equivocado" su plan de prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos.

Trump se mostró indignado con esas declaraciones. "Bueno, número uno, no soy estúpido, ¿ok? Te puedo decir eso ahora mismo. Soy justo lo contrario. Número dos, no soy divisorio; soy un unificador", enfatizó durante su intervención en un programa de la cadena británica ITV.

Ante la consulta de cómo se imagina su trato con Cameron si los dos fueran líderes de sus países, respondió: "Parece que no vamos a tener una buena relación. ¿Quién sabe? Me gustaría tener una buena relación con él, pero me suena que él no está dispuesto a abordar el problema".

Las irrupciones de Trump en la política británica fastidiaron en los últimos días a casi toda la dirigencia política. Se pronunció a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), que se definirá el mes próximo en un referéndum (en el que Cameron pide el voto por quedarse). Cuestionó la elección del musulmán laborista Sadiq Khan como alcalde de Londres. Y suele describir de forma despectiva a esa ciudad por su diversidad étnica.

La alarma por la posibilidad de que el empresario presida la mayor potencia del mundo unifica a casi todos los países europeos. En los últimos días, el primer ministro de Francia, Manuel Valls, reforzó el malestar de Cameron al acusar a Trump de ser "una mala persona" que "alimenta el odio y las generalizaciones", en referencia a su cruzada contra el islam. Sin mencionarlo, incluso el papa Francisco refutó su idea de construir un muro en la frontera de Estados Unidos y México.

Para los socios europeos, un gobierno de Trump encierra el peligro concreto de desactivar la cooperación económica y militar entre Estados Unidos y sus aliados históricos justo en un momento en que se negocia un monumental tratado comercial entre la UE y Washington, se avivan las tensiones con Rusia en la frontera este y no cesa la crisis de los refugiados.

La imagen del ya casi seguro candidato presidencial del Partido Republicano navega por los suelos en la opinión pública europea. Un estudio reciente de Survey Sampling International (SSI) entre residentes de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Holanda señaló que el 71% tenía una opinión negativa de Trump.

Sus discursos agresivos contra los refugiados y contra la comunidad musulmana han despertado reacciones sin distinciones ideológicas: desde los conservadores británicos hasta los democristianos alemanes, los socialistas franceses o los "indignados" españoles de Podemos.

En muchas de las capitales europeas crece el temor a que un ascenso de Trump a la Casa Blanca insufle ánimos a los partidos populistas xenófobos con ambiciones ciertas de poder en Francia, Holanda y Austria.

En el equipo de campaña del candidato son conscientes de la colección de problemas diplomáticos que está armando, pero minimizan sus efectos reales. "Trump tiene que pagar un precio por el hecho de que no tiene experiencia en relaciones internacionales. Su prioridad por ahora no es la política exterior, sino las primarias y la opinión pública estadounidense. Pero una vez que se convierta en el candidato oficial republicano empezará a desarrollar su política exterior", dijo la semana pasada Walid Phares, uno de sus principales asesores en política exterior, en un diálogo publicado por el diario El Mundo.

Al parecer, mientras llega ese momento, el magnate no repara en quemar puentes. Sus comentarios sobre la mala relación que se resigna a tener con Gran Bretaña causaron fuerte impacto en Londres, aunque el gobierno británico optó por no alimentar el conflicto.

"El primero ministro ha explicado muy claramente su visión sobre los comentarios de Trump. No tenemos nada más que agregar", dijo ayer el vocero oficial de Cameron en declaraciones citadas por la BBC.

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