Alfonsín-De Nárvaez, perspectivas para Escobar

La sorprendente, que no sorpresiva, actitud del Radicalismo de abandonar su perfil socialdemócrata para unirse a un candidato que representa a un modelo político absolutamente opuesto al del tradicional partido, obliga a reacomodamientos en lo profundo de los municipios, que es en definitiva donde se pelean los votos que después irán a parar a las superestructuras.
La UCR es un partido hacedor de nuestra cultura política, por su antigüedad, su importancia, fue gobierno nacional y provincial, es gobierno en muchos municipios. Su posición se resulte siempre con respeto a la voluntad de los afiliados, por más que es notorio y público la simpatía de sus dirigentes por la rosca, pero nunca su línea política es determinada por una voluntad individual, siempre es producto del consenso.

De Narváez es el polo opuesto, es él, y su mesa chica no está compuesta por militantes en función dirigente, sino por especialistas en imagen, sociólogos y profesionales del marketing político. Mientras los cientos de concejales radicales de la provincia participan de una fuerza con vida democrática propia, los de De Narváez formaron parte de una maquinaria electoral victoriosa, pero a la que no le interesó conservar y ampliar ese poder haciendo política, y cada cual terminó haciendo rancho aparte.

En Escobar el Radicalismo tiene dos alas que se llevan bastante mal entre sí, pero que siempre hacen prevalecer su fidelidad a la organización; el Morena, bajo la influencia de Gilda Giordano, son alfonsinistas acríticos, el sector que responde al senador Roberto Costa, más fuerte desde el punto de vista electoral, se alinea con el intendente sanisidrense Gustavo Posse, con más cintura para la política de alianzas.

Unión Celeste y Blanco también tiene sectores diferenciados, pero su cabeza colorada parece haber zanjado las discrepancias ungiendo al empresario educativo Tito Achával para enfrentar a Sandro Guzmán.

Si todo transcurriera normalmente, entre Achával y la candidatura radical, que bien puede limitarse a Gilda Giordano y a la Defensora del Pueblo Rocío Fernández, debería dirimirse en la interna abierta del 14 de agosto, porque no parece que hubiera una fuerza preponderante para poner en fila a la otra.

Pero el acuerdo provincial depende de mecanismos de intercambio seccionales, seguramente el Radicalismo buscará preservar a sus intendentes, permitiendo que los seguidores del colombiano encabecen las listas en los distritos donde no gobiernan, o como en Escobar, donde ni siquiera tienen ediles.

Todo parece indicar que esta alianza se ubicará como la principal oposición al PJ local, pudiendo en principio lograr dos o tres concejales de los diez en juego. Si el candidato a intendente es el vecino de Maschwitz obviamente tratará de ubicar a un aliado como primero en la lista de concejales, al radicalismo le correspondería el segundo lugar. No hay pistas sobre las preferencias para el cargo del seguidor de De Narváez, aunque los antecedentes, que no involucran al candidato local pero si al líder, no son muy promisorias; si logra una banca la defensora del Pueblo, el recinto de Asborno se verá mejorado por la capacidad y el conocimiento de los problemas ciudadanos de la joven profesional. Pero no será expuesta si no existe la seguridad de su llegada al HCD, porque la vida sigue su curso rumbo al 2015.

Habrá que ver como se mueve el electorado independiente o directamente opositor al Sandrismo, si se vuelcan a esta variante electoral para castigar al oficialismo, o por lo contrario prefieren un voto más ideológico y optan por variantes programáticamente más definidas. Esto es, si no ven a esta alianza como un producto electoral sin futuro.

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