La ministra Dilma Rousseff, nombrada por Lula da Silva como la mujer destinada a sucederlo, admitió ayer que Brasil "no está libre de un apagón". Y reconoció que lo que hay que hacer ahora "es invertir en la mejoría del sistema" . Con todo, "Dilminha" -como la rebautizaron sus compañeros desde que es precandidata presidencial- diferenció: "Una cosa es una interrupción del sistema eléctrico por algunas horas, algo que nadie puede prometer que no va a ocurrir, y otra cosa es racionamiento de energía".
La oposición brasileña buscó asimilar el apagón con lo ocurrido durante el fatídico primer año de este siglo, cuando durante meses los brasileños tuvieron que seguir un esquema riguroso de ahorro energético porque no había de dónde sacar electricidad para abastecer a todo el mundo. Pero las situaciones no son comparables, como dijeron ayer dos especialistas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Nivalde Castro, y Roberto Brandao, del Grupo de Estudios del Sector Eléctrico: "El apagón del martes fue impresionante por la extensión del área que afectó. Pero su naturaleza fue muy diferente a la de 2001".
Según estos expertos "a comienzos de esta década Brasil venía de un largo período de bajas inversiones en electricidad y esto se combinó con un índice de lluvias bajo la media. El sistema eléctrico que operaba sin margen no tuvo cómo abastecer a todo el país. Hoy la situación es diferente: se invirtió mucho en líneas de transmisión y las represas están llenas de agua". Rousseff defendió ayer que haya una investigación seria para determinar responsabilidades.


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