Los medios acusan al gobierno de intentar limitar la infomación sobre la agenda del presidente
Las quejas empezaron meses atrás, cuando la Casa Blanca comenzó a utilizar a su propio fotógrafo ?Pete Souza? para tomar imágenes de eventos que normalmente hubieran estado abiertos a fotoperiodistas de todos los medios o a un pool de ellos.
Y lo que comenzó como un malestar entre los fotógrafos se ha convertido en una verdadera rebelión de los corresponsales que diariamente cubren las actividades del mandatario.
Cuando a fines de marzo, en un intento de ganar respaldo para la reforma sanitaria, Obama firmó un decreto que limitaba los fondos para los abortos, la única foto disponible fue la que distribuyó la presidencia. Esa misma semana, a los periodistas en la Casa Blanca ni siquiera se les permitió estar presentes para los saludos protocolares cuando el mandatario recibió al premier israelí, Benjamin Netanyahu, en un irritante encuentro que resultó clave en la tirantez que adquirió la relación entre ambos países.
Ya este mes, durante la Cumbre de Seguridad Nuclear que se celebró en Washington, los reporteros acreditados en la Casa Blanca tampoco tuvieron acceso al desfile de líderes mundiales que visitaron a Obama. El cuerpo de prensa estaba tan furioso que Dana Milbank, del diario The Washington Post , le achacó que se buscaba imponer "un ambiente de enclaustramiento al estilo soviético".
"En los más de diez años que llevo en la Casa Blanca, muy pocas veces sentí un nivel de bronca tan amplio y profundo entre los periodistas acreditados hacia las prácticas y la actitud de la Casa Blanca frente a la prensa", resaltó el veterano periodista de Bloomberg News Ed Chen, que la semana pasada, en su calidad de presidente de la Asociación de Corresponsales en la Casa Blanca, solicitó una urgente reunión con el secretario de Prensa, Robert Gibbs.
Curiosamente, la gota que rebasó el vaso fue un hecho menor: el sábado 10 del actual, sin previo anuncio, Obama se escabulló de la Casa Blanca para asistir al partido de fútbol de una de sus hijas sin avisar al pool de prensa que normalmente lo acompañaría.
"No se trata de una cuestión menor; es un asunto importante", destacó a La Nacion Martha Kumar, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Towson, en Maryland, especializada en el estudio de la relación entre los presidentes y la prensa.
"Una excepción así puede abrir la puerta a muchas otras más adelante. Cuando un presidente sale de la Casa Blanca puede suceder cualquier cosa, y las organizaciones de prensa quieren estar ahí por si algo pasa", explicó, al recordar que este país ha sufrido cuatro asesinatos de presidentes (Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy) y numerosos intentos frustrados, con los más recientes intentos fallidos contra Gerald Ford y Ronald Reagan.
Aunque en su minicumbre con los representantes de los corresponsales Gibbs se comprometió a hacer algunos ajustes para mejorar la relación ?y a rever la decisión de quitar a los periodistas la cobertura de Internet inalámbrica en el avión presidencial Air Force One, entre otras cosas?, volvió a embarrar la cancha poco después cuando, en un programa de CNN, ofendió a los periodistas que cubren sus conferencias de prensa diarias con un comentario en broma. "Sé cuando alguno tiene una buena pregunta para lanzarme porque cuando entran ya tienen puesto su maquillaje", dijo.
Más allá de las coloridas anécdotas, lo cierto es que algo se ha modificado en la relación de Obama con la prensa. Y después de un primer año en el que el presidente fue tratado con extrema delicadeza y comprensión por los medios más progresistas, ahora se entró en una fase de mayor fricción y casi antagonismo cotidiano.
"Por definición, la relación del presidente con la prensa es de adversarios. Pero lo es mucho menos que durante la administración anterior; el gobierno de George W. Bush y los republicanos en general se definían mucho más en contra de la prensa. Obama no está en contra de la prensa en sí, sino en contra de un tipo de cobertura, la de los ciclos de noticias de 24 horas, en especial la de las grandes cadenas, que buscan hacer de cada palabra o acto de gobierno un indicador para medir si le va bien o mal a la administración. El cree que ese tipo de cobertura, de seguimiento constante al estilo de reality show, es una de las cosas que no funcionan en Washington", señaló a La Nacion Michael Scherer, corresponsal en la Casa Blanca de la revista Time .
Una herramienta
Desde los tiempos de campaña, Obama y su equipo siempre vieron a la prensa como una herramienta que podían usar para distribuir su mensaje. Fueron muy eficientes en ello cuando era candidato y su gente tenía un estricto control de la información que querían dar y la agenda que buscaban marcar. Ahora, el equipo de la Casa Blanca se siente frustrado por no poder controlar todo al mismo nivel.
Definitivamente hubo un cambio, y ahora el presidente no es tan accesible como lo era antes. En el primer año de gobierno hubo una saturación de Obama en los medios; se lo veía en todos lados. Tan sólo en los primeros diez meses Obama participó de 129 conferencias de prensa ?informales y formales, cuatro de ellas en cadena nacional?, una cantidad muy superior a las que ofrecieron sus predecesores Bush (44) y Bill Clinton (51) en el mismo período.
"La Casa Blanca decidió internamente que se había pasado de la raya y era hora de poner un freno a esa sobreexposición del presidente; en diciembre del año pasado tomaron la decisión de multiplicar las caras de los mensajeros, empezaron a usar a otros funcionarios como transmisores del mensaje, en conversaciones de fondo y off the record . Eso no gustó mucho", indicó Scherer.
Sin embargo, la mayor preocupación de los corresponsales hoy es que la Casa Blanca busque cada vez más transmitir su mensaje pasando por alto a la prensa, no sólo utilizando a su propio fotógrafo para retratar eventos a los que los fotoperiodistas no tienen acceso, sino también usando otras nuevas tecnologías, como Internet, a través de Facebook y Twitter, para llegar al público directamente.



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