Un 2013 con profundas reformas de gobierno y un duro debate en la derecha chilena

Un 2013 con profundas reformas de gobierno y un duro debate en la derecha chilena
El año que termina deja a Chile a las puertas de grandes reformas políticas que constituirán el principal desafío del futuro gobierno de Michelle Bachelet y ante el interrogante de hasta dónde incidirá la reciente derrota electoral en el futuro de la derecha.
Se trata de dos cuestiones que, de acuerdo a cómo evolucionen, marcarán la fisonomía de un nuevo país, capaz de alcanzar la tan ansiada educación gratuita y de calidad y de terminar con los últimos vestigios de pinochetismo dentro de la alianza de derecha, si es que esta estructura bipartidaria se continua en el tiempo.

Bachelet acaba de convertirse en la primera mujer en la historia en ser reelecta como presidenta, y asumirá el cargo en marzo próximo con la mira puesta en cumplir sus principales promesas de campaña: reformas en la Constituición, en el sistema impositivo y en la educación.

Se trata de tres modificaciones de fondo que podrían transformar a Chile radicalmente, no sólo desde el punto de vista del funcionamiento como país sino también en la vida política interna.

Esto último se debe a que, de concretarse, las reformas surgirían de una negociación parlamentaria que podría refundar o al menos incorporar un nuevo escenario político: ¿Qué partido de derecha estaría dispuesta a acordar con el gobierno de Bachelet?

BACHELET AL PODER

La presidenta electa no perdió tiempo y al día siguiente a su consagración en las urnas mandó claras señales a todo el espectro político: hacia el oficialismo -desayuno incluido con el presidente Sebastián Piñera- y hacia el interior de su estructura electoral, Nueva Mayoría, a cuyos caciques hizo saber que se tomará el tiempo para decidir su gabinete, al cual llamará a los mejores, sean o no de los partidos aliados.

REFORMA EDUCATIVA

La reforma en la educación tiene directa relación con los masivos reclamos estudiantiles que coparon las calles de Santiago en 2011 y precipitaron una fuerte caída de popularidad de Piñera, cuya gestión es considerada buena y hasta "en el rumbo correcto" por los mismos chilenos que acaban de darle una paliza electoral a la candidata del oficialismo, Evelyn Matthei.

Para garantizar una educación de calidad y accesible a todos hará falta la reforma impositiva, que le permitirá al futuro gobierno obtener una nueva recaudación con la cual cubrir los fondos que hoy provienen del pago que hacen los alumnos. O sea: alguien va a tener que pagar más impuestos.

Por último, la reforma constitucional que propone Bachelet tiene que ver con saldar una vieja deuda que la democracia postPinochet mantiene con la sociedad chilena, y es la de eliminar el sistema electoral binominal armado para asegurar

Parlamentos muy parejos sólo integrados por el centroderecha y el centroizquierda.

A 23 años de dejar el poder, la sombra del sanguinario dictador Augusto Pinochet todavía está presente en la política chilena y tal vez sea la elección de este año -y su resultado- la que logre sepultarla definitivamente.

La alianza derechista hoy en el gobierno nacional alberga a Renovación Nacional -el partido de Piñera- y la Unión Demócrata Independiente (UDI), que adhiere al ideario pinochetista, al cual pertenece Matthei, quien confesó que votó por el "sí" en el referendo de 1988 a favor de la continuidad del dicatador.

El aniversario 40 del golpe pinochetista contra Salvador Allende, que se cumplió el 11 de septiembre pasado, estalló en medio de la campaña electoral y no precisamente para ayudar a Matthei, quien recibió recriminaciones por aquel voto por el "sí" de los principales jefes de RN y del propio Piñera, nada menos.

La lectura que hacen observadores políticos chilenos es que "nadie que haya votado por el `sí` a Pinochet será jamás presidente de Chile", una afirmación respaldada por los hechos y que hoy por hoy -y seguramente en los próximos tiempos- se sentirá con fuerza dentro de la alianza de RN y UDI.

Concretamente, habrá que ver si en el futuro los dos partidos mantienen la condición de aliados o vuelven, como en los primeros años desde el regreso de la democracia, a funcionar de manera independiente.

Detrás de todos estos factores está la pregunta de si la derecha chilena está dispuesta a enterrar definitivamente al dictador. La futura oposición tiene la palabra.

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